LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

VIII POPPY VA AL CIRCO

-Claro está, los primitos de África, ¿quiénes si no? -repuso amablemente la señora Escarola mientras las mascotas se miraban las unas a las otras y asentían con la cabeza entusiasmadas.

-No os podéis imaginar lo esponjada y presumida que se puso Poppy cuando se enteró de que el circo estaba en el pueblo, y como era muy ingenua pensó que todo aquel despliegue, los carromatos, la cabalgata publicitaria, y finalmente, las lonas del circo, se habían puesto en marcha y levantado sólo para ella y sus hijos, para que el pueblo entero supiera lo bien considerada y en estima que sus parientes africanos la tenían... He de explicaros ahora que si Poppy se enteró de la venida del circo fue, primero, a través de la tele local, y, luego, por los comentarios de sus amistades, otras mascotas mucho más libres de movimiento que ella a quien la maternidad le privaba de zascandilear todo el día por el pueblo como antes de que llegaran al mundo sus cinco hijitos.

Cierta tarde vino a mi tienda muy excitada y me contó que los famosos primos ya estaban allí y que ella pensaba ir a verles al circo con su prole, ya que era hora de devolver aquella visita. Me dijo que atravesarían el pueblo, y que, amparados por la oscuridad nocturna, se mezclarían con el público, escurriéndose entre la gente hasta entrar con ellos en la carpa.

-¡Fíjese, señora Escarola -agregó ronca por la emoción-, fíjese si son listos, que han montado un circo sólo por mí y los niños -así llamaba Poppy a sus hijitos-, para que les admiremos y al mismo tiempo nadie pueda pisarles al andar o atropellarles cualquier coche!... ¡Si es que son listísimos, ¿no le parece?!

Yo, como bien supondréis, no compartía plenamente su opinión y quise advertirle de algo muy importante, pero ella estaba tan loca de alegría, que ni me escuchó, porque después de darme la noticia, se fue saltando como una cabra a seguir con el pregón de que pensaba ir a devolverles la visita a sus parientes africanos...

Puchi-Puchi estornudó.

-Me parece que ya sé...

-¡¡¡CHIST!!! -sisearon los demás ansiosos de llegar al desenlace de tan intrigante historia.

La señora Escarola, a quien no parecían impacientarla las interrupciones, prosiguió con el relato.

-El circo abría sus puertas aquella misma noche en un gran estreno de gala para el pueblo y yo decidí ir también, no porque, repito, me guste ver a los animales que han nacidos salvajes, haciendo cosas ajenas a su modo de ser, sino porque presentía que la pequeña Poppy y familia, iban a necesitarme...

-¿Y que pasó? -no pudo por menos que preguntar, muerto de curiosidad, Punto, y nadie le regañó ya que quien más y quien menos, todos experimentaban la misma impaciencia por saber.

-Pues pasó, Punto, que yo fui, sentándome en primera fila porque mucho me temía lo que sucedió después...

El suspense estaba conseguido, todos apenas respiraban, con sus ojos clavados sin pestañear en la señora Escarola, incluso Glafira, escondida entre el follaje de un árbol cercano, alargaba mucho el cuello para poder escuchar mejor, ya que las aves poseen un oído excelente.

-Comenzó el espectáculo con un carrusel de caballos ricamente enjaezados y sobre cuyo lomo las acróbatas realizaban los ejercicios más arriesgados, luego vinieron los payasos, después los trapecistas... Y entonces...

-Entonces... -repitieron como un eco las mascotas allí reunidas.

-Entonces, majestuosos, solemnes, aparecieron primero los leones y luego los tigres, todos juntos, ahí estaba la gracia del número, y se fueron subiendo, alternativamente cada uno, en un taburete rojo y en un taburete verde... Ya os lo podéis imaginar, eran unas fieras enormes, preciosas, pero imponían un gran respeto por no decir claramente espanto... Naturalmente permanecían dentro de una gigantesca jaula, pero y aun así...

-¡Que miedo, mami! -maullaron muy asustadas Mimí y Michi refugiándose entre las patas de Topsy.

-¡Chicas tontas! -bufó Punto haciéndose el valiente.

-¡Rataplán, rataplán, rataplán!, redoblaron los tambores de la orquesta, y el domador empezó a decir los nombres de sus animales y cada uno saltaba del taburete que le correspondía y volvía a subirse. Cuando todos hubieron hecho el mismo ejercicio, la gente aplaudió entusiasmada, luego los leones y los tigres empezaron a saltar cambiándose de taburete y vuelta a aplaudirles... Entonces el domador ordenó a un magnifico ejemplar de tigre, que abriese la boca y metió su cabeza dentro...

-¡¡¡OHHH!!! -chilló la audiencia impresionadísima.

-...y cuando sacaba la cabeza en medio de una gran ovación, hete aquí que todos vemos salir de debajo de un asiento y por entre las piernas de un señor del público, a Poppy y a sus cinco gatitos, los seis con expresión de despiste máximo, y marchando en derechura hacia la jaula de los grandes felinos ...

-¡Y se los comieron! -concluyó Pulgas resumiendo el sentir general.

-No, no se los comieron... Pero el público lo encontró divertido y se pensó que formaba parte del número, menos el señor que estaba sentado tranquilamente, claro, y que vio como seis gatos brotaban entre sus zapatos como por arte de prestidigitación. El domador, en cambio, se había quedado pasmado, con la boca abierta por el asombro y los leones y los tigres, miraban con curiosidad a los recién aparecidos, hasta que uno de ellos, un tigre grandísimo y casi blanco, emitió un potente rugido y ahí podéis ver a Poppy y a sus crías, corriendo como desesperadas en dirección a ninguna parte. Entonces, mientras las gentes se reían a carcajadas y aplaudían a rabiar, yo les grité a Poppy y familia:

-¡Poppy, Poppy, soy yo, venid conmigo que os llevo a casa!

-¿Lo hicieron? -quiso saber, conmovida, Topsy.

-Claro que lo hicieron, a trompicones y muy asustados, pero corrieron hacia mí atolondradamente, y los metí a los seis en un cesto enorme que había llevado con esa intención, luego, como comprenderéis, me fui de allí, pero antes el público, que se reía a mandíbula batiente, me obsequió a mí también con otra ovación de gala, porque me habían reconocido, y sabiendo que me gustan mucho los animalitos, comprendieron enseguida que yo me había precipitado a socorrer a la familia gatuna en apuros...

-Final feliz -gruñó Pulgas

-Algo semejante, el caso es que me los llevé del circo y puedo aseguraros que Poppy nunca más volvió a alardear de los primitos de África, en realidad, jamás volvió a mencionar el tema, como si nunca hubiese existido... Bueno, miento, sólo una vez, muchos meses después, se refirió a él aunque de manera indirecta, al comentarme:-"¡Qué mundo más raro el de la tele, la gente vive encogida!"

-¿Y nadie se burló de ella? -preguntó Copy.

-¿Lo dices porque había hablado más de la cuenta?... No, nadie se burló, todos querían mucho a Poppy y les bastó con que hubiese recibido un escarmiento por presuntuosa, ya que después de todo se trataba, os lo he dicho antes, de una gatita buena y muy simpática y no era cuestión de amargarle la vida con semejante recuerdo bochornoso.

Punto volvió a fanfarronear.

-Yo me hubiese enfrentado al tigre y le hubiera dicho...

-Tú no le hubieras dicho nada -cortó su madre con severidad-, porque eres un gatito tan presuntuoso como Poppy, y te hubieses muerto de miedo si el tigre ruge entre tus orejas... Y a todo esto, ¿qué hora es?

-Tarde -respondió lacónico Puchi-Puchi.

-Vaya, la hora de hacer el payaso -dijo Copy con resignación.

Fiel y Leal, que cuando estaban de visita en casa de la señora Escarola, se portaban de forma muy civilizada, agregaron:

-Debemos volver.

-"Todos", debemos volver -repitió el pastor alemán incorporándose de mala gana.

-Lo siento -dijo pesarosa la señora Escarola- Ojalá pudiera solucionar vuestro problema.

-Mami, me duele la barriga -exclamó Punto haciéndose el remolón.

-¡Y a mí!

-¡Y a mí!

Gritaron al mismo tiempo Mimí y Michi.

El pastor alemán sonrió bonachón.

-¿Queréis subiros a mi espalda y os llevo a casa de vuelta?

-¿Podemos, mami? -quisieron saber, muy contentos, los tres gatitos.

-¡Me los malcrías! -protestó Topsy haciendo ver que se enfadaba, pero Boby ya se estaba agachando para que los traviesos cachorrillos trepasen sobre su lomo entre maullidos de alegría.

Las mascotas se despidieron, afectuosas, de la señora Escarola.

-Muchas gracias por todo.

-La historia ha sido muy bonita.

-Hasta otro día.

Puchi-Puchi fue el último en marcharse porque se había quedado rezagado y pensativo mientras todos desfilaban entre adioses.

-¿Qué pasa, colega, tramando la fuga? -interrogó Pulgas irónico.

La señora Escarola miró rápidamente a Puchi-Puchi.

-¿Sucede algo? -inquirió con preocupación.

-No, nada -repuso el yorkshire, pero mientras caminaba ligerito en dirección a su casa, se preguntó una y mil veces como era que la señora Escarola no había podido leerle el pensamiento cuando estaba tan clara la idea que acababa de ocurrírsele.

Continuará...

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