LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

VI LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

-Yo vivía en un pueblo de playa y todo esto que voy a contaros sucedió en el transcurso de un largo y caluroso verano. Mi casa, como esta, se hallaba a las afueras del pueblo, y cerca de dos o tres que tenían jardín. Las casas colgaban de la ladera de una pequeña montaña y desde nuestras ventanas podíamos contemplar el mar...

-¡Que bonito! -suspiró Lindy.

-¡¡¡CHISSST!!! -exclamaron enfurecidos los demás.

-En la casa de mis vecinos más próximos -prosiguió imperturbable la señora Escarola-, residía una familia como la vuestra Topsy, una mamá y sus cinco hijitos, todos tan alegres y revoltosos como Punto...

-¡Pobre gata, ya la compadezco, ya! -comentó burlona Glafira desde la chimenea, pero nadie le hizo caso.

-El caso es que Poppy y su prole, trabaron amistad conmigo y venían a visitarme frecuentemente y yo les quería mucho...

-¿Más que a nosotros?

-Como a vosotros.

-¡Aaaaaaah!

-Poppy era una gata de angora lo mismo que Perla, y aunque buena y amable, era bastante presumidilla...

-Sí, como Perla.

-¡Cállate, Lindy!

-A Poppy le gustaba mucho contemplar la televisión, y, por las tardes, cuando las gemelas que eran sus amitas, veían los programas infantiles, ella y sus cinco hijos, también, porque Poppy decía que eso era igual que ir a la escuela, y, como los gatos no pueden ir, pues para ella representaba lo mismo en plan de educación para sus cachorrillos... Lo gracioso del caso, es que Poppy se había erigido en maestra, sin serlo, y así les explicaba a sus hijitos lo que salía en el televisor... A ella, como a muchos de vosotros, le gustaban cantidad los documentales esos en los que salen tantos y tantos animales salvajes, y, sobre todo, los reportajes de los grandes felinos, leones, tigres, en fin, ya los conocéis vosotros también, la diferencia estriba en que como Poppy era muy vanidosa, empezó a darse importancia con los otros gatos de la vecindad acerca de que ella, y sólo ella, era pariente de aquellos magníficos ejemplares que admiraba por la tele, y empezó a decirles a sus niños que eran los primitos de África y parientes suyos... Claro, Poppy en geografía no estaba muy fuerte, y se pensaba que Asia era un barrio de Äfrica y así señalaba a los maravillosos tigres y a los melenudos leones y les decía a sus cachorritos:

-¡Mirad, hijos, mirad que guapos son los primitos de África, algún día iremos a visitarlos, lo único es que ese país no es como el nuestro sino mucho más pequeño, ya lo estáis viendo -ronroneaba-, incluso lo son las personas allí, y hasta los árboles son pequeñines, y los campos, y las montañas cuando salen, y los primitos de África también, como es lógico... Si vinieran ellos aquí tendríamos que protegerles continuamente porque la gente podría pisarles al ser tan pequeños!

Los cachorrillos de Poppy torcieron el morrito, porque se pensaron, allí cada uno se imaginaba lo que quería, que esos cacareados primitos, al ser chiquitines, serían de su edad o aún más jovencitos, y eso no les hizo ninguna gracia porque ya veían a los primitos de África monopolizándoles sus juguetes, comiendo en sus bols o durmiendo en sus rincones favoritos, y, lo que era todavía peor, con mamá embobada sin despegarse de ellos todo el santo día.

-Pero, mami -le replicaban entonces sus hijitos-, ¿para qué tienen que venir si se les ve tan contentos en su país?...

-¡A vernos, naturalmente!... Si han de venir es a vernos -respondía Poppy dándose importancia-. Somos familia y hace mucho tiempo que no nos visitamos, y las familias se visitan los unos a los otros, es de buena educación!  

-¡Sí, si que se visitan -interrumpió Lindy otra vez-, se visitan mogollón porque mi ama no para de recibir visitas de familiares, por cierto bastante ruidosos y molestos, pero ella está encantada cuando vienen!

-¡¡¡LINDY!!! -gritaron todos, y Glafira, desde su escondrijo, vociferó entre graznidos:

-¡Señora Escarola, póngale el bozal!

-... los gatitos de Poppy no se quedaron muy convencidos ante la idea de que los primitos de África se acercasen a visitarles; pensaban que estaban muy lejos para ello y que tardarían demasiado en llegar. Mejor que se quedaran en África, reflexionaron, porque al menos, en el país de la tele, estaban muy bien en esos campos amarillos y verdes, con pocos árboles, en donde apenas se veían coches, y, desde luego, no había calles que cruzar.

Pero, aunque sus hijos pensaban de una manera, Poppy lo hacía de otra y no cesaba de pavonearse...

-¿Qué es...

-...pavonearse?

Preguntaron Mimí y Michi al unísono.

-¡Hincharse como un ridículo pavo en vísperas de Navidad! -masculló Pulgas con fastidio.

-Ser tontita y orgullosa -rectificó la señora Escarola-, presumida sin razón de serlo o con ella, y Poppy era vanidosa, (bueno, debo reconocer que se trataba de una preciosa gata de angora con selecto pedigrí) aunque tuviese muy buen corazón... ¿Qué no lo entendéis?, pues no es tan difícil, de veras... Deseosa de ser más que nadie no vacilaba en alardear delante de quien quisiese escucharla, de lo guapos y maravillosos que eran sus primos de África y que pronto vendrían con un cortejo de jirafas, cebras y elefantes, a visitarla, porque la querían mucho y la iban a invitar a ir a su país para que estuviera unas semanas, con sus hijitos, haciendo turismo... Naturalmente, ella iba a ser el único gato del mundo al que habían hecho esa invitación.

Como estábamos en verano, y en verano en los pueblos siempre hay fiestas que se celebran por todo lo alto, y mucho más en los lugares de playa, pronto empezaron allí también a mediados de julio, llegando entonces los feriantes con sus norias y caballitos, con sus puestos de palomitas, almendras garrapiñadas, de algodón en rama, de helados, de dulces, de chucherías, de muñecos, de globos, de horchata, de leche merengada, de granizado de limón, de té helado, de refrescos en lata y en botellín... De caramelos de todos los sabores: menta, fresa, lima, naranja, piña, coco, miel, regaliz, café con leche, toffe, nata-nuez, y de todos los colores: verde, rosa, amarillo, blanco, chocolate, y de todos los tamaños: grandes, pequeños, medianos, y de todas las formas: redondas, cuadradas, en barra como los pirulís, o unidos a un palito... También había puestos de bocadillos calientes, de churros, de rosquillas, y aquellos otros en los que hay pajaritos sabios que te dan una papeleta con tu porvenir escrito, y casetas de gitanas adivinas y de charlatanes y de ventrílocuos con sus muñecos de cara pintada, mofletes brillantes, grandes ojos azules y bocas sonrientes, y había un teatro ambulante de títeres en el que se escenificaban cuentos... Y por la noche, en el entoldado junto a la playa, tocaban las orquestinas de paso y la gente bailaba y se divertía muchísimo y el rumor de la música llegaba lejos, muy lejos, hasta más allá del horizonte, en el mar, y subía montaña arriba, muy arriba, llegando a las casas que parecían nidos colgados en su ladera... Y se organizaban carreras de sacos y concursos de natación para niños y para mayores... Y venía un hombre, alto y delgado, vestido como un espantapájaros, y hacía bailar, al son de la gaita, a un montón de marionetas extrañísimas que eran muñecas viejas con trajes que parecían haber sido comprados en una tienda de ropa antigua...

-¡¡¡Que bonito, que bonito!!! -aplaudieron todos como si lo estuviesen viendo.

-Pero, aquel año, además, vino un circo...

La señora Escarola se calló intencionadamente, mas ninguno de los allí presentes hizo el menor comentario y como ella viese que todos ponían expresión de circunstancias, prosiguió, disimulando una sonrisa.

-Había olvidado deciros que también se dieron cita en la feria las casetas de tiro al blanco y que si acertabas en el centro de una diana el premio era un muñeco de peluche... Fue de esta manera como yo gane a Oscar...

-¿A Oscar? -preguntaron los animalitos a coro, sorprendidos, porque nadie, todavía, sabía quien era ese personaje.

-Si, Oscar, mi mascota de peluche... Nunca os he hablado de ella, ¿no es cierto?

Todos respondieron que no, muy asombrados de que después de tanto tiempo de tratar con la señora Escarola, esta aún, les tuviera reservadas sorpresas.

-¿Queréis conocer a Oscar?

-¡Siiii! -gritaron llenos de curiosidad.

-Pero esta es otra historia...

-¡No importa, no importa, queremos que nos la cuente y conocer a Oscar!

Y entonces, la señora Escarola, hizo las dos cosas.

Continuará...

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