LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

V LA SEÑORA ESCAROLA CUENTA UNA HISTORIA

Puchi-Puchi, muy sofocado, estaba otra vez en la cocina de la señora Escarola, aquel lugar tranquilo y perfumado que tanto le gustaba, y ella escuchábale con atención mientras Copy, Tigre, Pulgas, Lindy, Boby el pastor alemán y los traviesos Fiel y Leal, sentados todos muy educados, esperaban su turno para hablar.

-Yo... Yo lo hice porque me pensaba que era divertido, hacer de payaso y todo eso, pero luego... Tenía usted razón, señora Escarola cuando aseguraba que el circo no está hecho para los animales...

-¡Es verdad -interrumpió Lindy, que en aquella casa se veía momentáneamente libre de bozal por mano de la señora Escarola -, nos obligan a hacer cosas raras y encima se enfadan si no las realizamos a su gusto!... Todavía no entiendo como mi ama deja que su sobrina me mangonee a su antojo...

Fiel y Leal ladraron al unísono:

-¡Sí, sí, Lindy tiene razón, es lo mismo en casa, los nietos de nuestro dueño nos obligan a dar saltos y cabriolas, que no tienen ninguna gracia si no las damos porque queramos nosotros!

El pastor alemán, Boby, carraspeó.

-A mí me obligan a contar con la pata sobre unos números pintados en papel, y no los entiendo... Yo no he nacido para contable precisamente...

Copy se quejó, él, siempre tan reposado.

-Y yo estoy hasta las orejas de caminar sobre la cuerda floja con un globo atado en el rabo...

Glafira, que les estaba escuchando escondida detrás de la chimenea del tejado y por esta razón les oía perfectamente, habló por el tiro, primero sobresaltándoles porque parecía una voz del más allá, y luego enfureciendo a las mascotas que se consideraron espiadas.

-Eso os pasa porque no tenéis clase... No sois fieras, chiquitines, sino perritos y gatitos falderos... Y para hacer de payaso o de equilibrista es preciso haber nacido artista... ¡Graaag, graaag! -se rió la urraca burlona.

Tigre maulló:

-¡Baja y da la cara si eres valiente!

Lindy empezó a soltar barbaridades, Fiel y Leal se pusieron a ladrar como locos y el pastor alemán refunfuñó:

-Me gustaría verte a ti contando números sin haber ido a la escuela...

Pulgas dijo, malicioso:

-Números tal vez no sepa contar Glafira, pero lo que es cucharillas de plata...

A la urraca se le acabaron los graznidos de risa y la señora Escarola se apresuró a intervenir antes de que las cosas se complicaran todavía más. 

-¡Bueno, bueno, ya está bien!... No os dejéis llevar por el resentimiento o de lo contrario lo vais a pasar muy mal, y tú, Glafira, haz el favor de no curiosear escondida, que eso no es nada bonito ni tampoco reírse de las desventuras ajenas... ¿Por qué, en lugar de burlarte de tus amigos, no intentas buscar una solución al problema?

-No es mi problema -resonó espectral la voz de la urraca por el tiro de la chimenea-, soy demasiado lista como para hacer el tonto.

-¡Glafira! -amonestó la señora Escarola.

-Vale, ya me callo.

-Olvidémonos de Glafira -sugirió Puchi-Puchi-, y pensemos algo que pueda ayudarnos.

Todos los animalitos se pusieron muy serios a reflexionar sobre la mejor manera de solucionar el conflicto, y viéndolos tan absortos y preocupados, hasta Tigre y Pulgas, que estaban al margen de la cuestión, se pusieron en ello; la señora Escarola decidió intervenir, en lo que pudiese. para suavizar aquel momento tan desagradable.

-¡Ahora mismo me he acordado de una historia de la que casualmente me enteré en cierta ocasión por boca de sus principales protagonistas y en la que después intervine!

Todos levantaron la cabeza y la miraron con curiosidad, ya que a las  mascotas, igual que a los niños, les entusiasma que les cuenten historietas.

-¡Estupendo!

-¿Eran amigos suyos?

-¿No es un cuento?

-¡Me gustan los cuentos!

-¿Qué pasó?

-¿Es divertido?

-¿Acaba bien?

Glafira chilló desde el tejado:

-¿Los conozco yo?

La señora Escarola se puso a repartir unas galletitas hechas especialmente para sus amiguitos, y cuando todos empezaron a mordisquearlas, ella, a su vez, inició el relato.

-Hace algunos años vivía yo entonces en otro pueblo bastante alejado de aquí, y éste era un pueblo costero...

-¿Qué quiere decir un pueblo costero? -preguntó Lindy interrumpiendo con la boca llena.

-Un pueblo que da al mar, so tonta.

-Pulgas... -reconvino la narradora suavemente.

-Esta bien, señora Escarola.

-De acuerdo... Continúo. Se trataba de un pueblo costero, como os iba diciendo, y, efectivamente, daba al mar y tenía una playa muy larga y dorada que sombreaban palmeras. Era muy bonito con sus casitas blancas y sus gentes agradables y simpáticas. Como era un pueblo para ir de veraneo, en cuanto llegaba el buen tiempo se llenaba de visitantes y de turistas y entonces casi no podías andar por la calle, de tantas personas con las que podías tropezarte...

-¿Igual que cuando nos sacan a pasear por el Parque Central y nos saludamos todos los unos a los otros?

-Algo parecido Puchi-Puchi, sólo que más lleno todavía, y no digamos nada de la playa, que en la hora punta del mediodía, era un mar de sombrillas de colores... Bien, como os iba diciendo, yo vivía allí muy a gusto...

-¿Más que aquí? -preguntaron todos a coro.

-Cada pueblo tiene su encanto, pequeños, y ahora hoy aquí, yo me siento muy feliz entre vosotros.

-¡Ahhh!

-¿Más qué...?

-¡Cállate, Lindy, y deja que la señora Escarola nos cuente su aventura! -regañó Boby.

-No, no fue mía sino de unos vecinos, pero yo me enteré de todo y por eso puedo relatarlo... ¡Hola Punto!... -Punto, el hijo de Topsy, acababa de colarse bonitamente en la cocina- ¿Vienes solo?

Punto maulló:

-Buenas tardes... No, no vengo solo, pero si más deprisa, mamá y mis hermanas aparecerán enseguida.

Y así fue.

-¡Hola, buenas tardes, este Punto siempre se adelanta en todo!...

-¡Buenas tardes!

-¡Buenas tardes!

-Mimí, Michi, ¡qué lindas, cómo habéis crecido todos desde la semana pasada!... Venga, acomodaros a vuestro gusto, y comed estas galletas, estoy contando una historia que bien podría ser un cuento, pero que no lo es.

-¡Nos gustan los cuentos! -maullaron las mimadas gatitas Mimí y Michi.

-¿Es de aventuras? -quiso saber Punto con interés.

Pulgas gruñó malhumorado:

-No sé de lo que será, porque al paso que vamos... 

Tigre sugirió:

-¿Y si dejarais de interrumpir?, tal vez así nos enteraríamos de algo. 

-Vale.

-Si.

-De acuerdo.

-Estaremos callados.

-¡Menos promesas y más hechos! -graznó Glafira desde el tejado, asustando a Punto, Mimí y Michi cuando su voz salió por el tiro de la cocina.

-¡Mami...

-...mami!

-Niñas, pero si es Glafira.

-Ya sabía yo que era Glafira -fanfarroneó Punto.

Fiel y Leal ladraron:

-¡El cuento, queremos oír el cuento!

La señora Escarola sonrió ante la impaciencia de sus oyentes y haciendo un gesto para que se apaciguara el alboroto, prosiguió.

Continuará...

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