LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

IV ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ?

Y debía de haberlo, porque poco a poco, día a día, todos se fueron acercando a casa de la señora Escarola, más o menos prudentes o atrevidos según su carácter, y como se presentaban de uno en uno y a horas diferentes, pronto acabó ella por conocerlos personalmente. Claro está que sólo fueron los que podían moverse libremente, ejemplo, Barín no lo hizo porque el pobre estaba muy achacoso, y Duc, el galgo ruso, tampoco, ya que sus amos no le dejaban suelto por miedo a que alguien lo robase. Boss igualmente no fue, por descontado, aunque sus motivos eran otros, y algunos más le imitaron, no vamos ahora a entrar en detalles de la causa, lo cierto es que hubo esas omisiones, entre las que no se contó a Glafira, naturalmente, ya que la señora Escarola le dejaba pequeñas bolitas de papel de plata en un cesto, para que la urraca se sintiera realizada llevándoselas, con lo cual logró que Glafira dejase de ir por ahí, leáse el pueblo, propalando chismes a su costa.

Llegó el mes de noviembre, y con noviembre el frío, los días grises y la lluvia, lo que hizo que las visitas de los animalitos, no todos eran mascotas privilegiadas, escasearán. Sin embargo Tigre y otros gatos y perros callejeros, no faltaban a su cita con la señora Escarola, ya que la buena mujer siempre tenía para ellos un plato de comida y un bol de leche. Y fue por medio de estos últimos, precisamente, que ella se enteró de lo que estaba sucediendo aquellos días en la urbanización de la zona residencial, ya que los primeros, los pocos que iban, hacían su visita de cumplido y se marchaban a toda prisa como si tuvieran tareas muy importantes que llevar a cabo.

Tigre y Pulgas, un perro vagabundo de raza indefinida, se lo refirieron cierta noche que llovía a mares y ellos se quedaron a dormir en la sala de estar de la señora Escarola.

-Puchi-Puchi le manda recuerdos otra vez -dijo Tigre, acomodado sobre una alfombra frente a la estufa eléctrica.

-Le echo en falta, hace por lo menos una semana que no le veo.

-¡Tiempo de todos los demonios, nos vamos a convertir en ranas! -gruñó Pulgas echado también en otra estera, mientras roía un hueso.

-¿Qué es lo que pasa, realmente? -preguntó con preocupación la señora Escarola- Es raro que no venga ninguno de ellos con la frecuencia que antes lo hacían, y no creo que toda la culpa la tenga el mal tiempo... Copy tampoco aparece, ni Topsy, ni Punto, ni Nos o Mos, ni siquiera la pequinesa Lindy con lo golosa que es... Y no podemos decir que esté lloviendo a todas horas, también hay momentos de sol...

Tigre se lamió una pata reflexivo, y la señora Escarola le interpeló.

-Me estáis ocultando algo, ¿verdad?

-Usted siempre lo sabe todo.

-Sólo lo que tenéis en la mente, yo no soy adivina, Tigre... Pero si vuestra mente se cierra, no puedo saber lo que sucede, ¿comprendes?

Pulgas intervino.

-Yo la entiendo, señora Escarola, le pasa lo mismo que a mi una vez que iba detrás del rastro de un conejo, de pronto se giró el viento y ¡adiós conejo!

-Si, Pulgas, más o menos es así.

Tigre apoyó la barbilla sobre la alfombra. Dentro de él se estaba desarrollando una profunda lucha porque era depositario de un secreto en el que había empeñado su palabra.

-¿Cuál es ese secreto?

La pregunta incisiva de la señora Escarola le hizo moverse nervioso, mas aun y así mantuvo la boca callada, pero Pulgas, que no había hecho ningún tipo de juramento, exclamó despectivo:

-Una gran tontería, señora Escarola, todos están ensayando porque sus amos quieren hacer la función del colegio, de Navidad, imitando el circo... A Puchi-Puchi lo visten de payaso y tiene que saltar por un aro y caerse dentro de un cesto, Lindy ha de encontrar un pastel escondido, y los demás...

-¡Serás bocazas! -maulló irritado Tigre.

La señora Escarola los contempló desconcertada a los dos.

-¿Con qué era eso? ¿Están adiestrando a las mascotas para una función de circo?...¡Pero si es una barbaridad!

-¡Y que lo diga usted! -asintió Pulgas- Una barbaridad, ¿por qué, quién ha visto nunca a un gato bailando en la cuerda floja?

-¡No será a mí! -se le escapó, ufano, a Tigre.

-¡Qué pena, los pobres animales haciendo el ridículo! -se lamentó la señora Escarola.

-Por eso no querían que usted lo supiera, a Puchi-Puchi le daba mucha vergüenza que usted se enterase que Tomasín le hace ensayar con gorro de payaso y un cuello de esos, rizado y almidonado... Me hicieron jurar que no se lo diría a nadie... Bueno, que no se lo diría a usted...

-¡Pobre Puchi-Puchi, pobre Lindy, y pobres todos los demás!...¿A qué gato le obligan a bailar sobre la cuerda floja?

Pulgas volvió a meter baza.

-A Copy, como es tan bonifacio, su amita ha pensado que sería fácil de manejar y ahí lo tiene usted haciendo equilibrios sobre un cable de maroma... Yo creo que tenía que haberse hecho el tonto, ¡más le hubiera valido!

Tigre miró a la señora Escarola que parecía muy apesadumbrada.

-Así están las cosas y no podemos evitarlo -dijo el gato.

-¡Por favor, que vengan a verme, si les da corte que no lo tengan, les contáis que me he enterado por alguien y que deseo que vengan! -rogó la buena señora.

Una débil llamita de esperanza brilló en el fondo de los ojos amarillos de Tigre.

-¿Puede usted hacer algo, señora Escarola?

-¡Ay, Tigre -suspiró ella-, ojalá pudiera!

Pulgas, que se había adormilado, murmuró entre dientes:

-¡Carape, que bien se está aquí!

La señora Escarola sonrió bondadosa, olvidando momentáneamente sus preocupaciones.

-Ya sabes que puedes quedarte a vivir si lo deseas e igual tú, Tigre, os lo he dicho infinidad de veces.

Pulgas levantó los párpados somnoliento.

-Me estoy haciendo viejo, señora Escarola, por eso hablo así... ¡Igual el día menos pensado le tomo la palabra!

Ella miró a Tigre y éste ladeó la cabeza.

-Soy demasiado independiente para atarme... -se excusó- Vendré a visitarla muchas veces, si a usted le parece bien y no la molesto.

La señora Escarola sonrió de nuevo, pero no dijo nada.

Continuará...

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