LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

III DESPUÉS DE LA FUNCIÓN

No sólo Tomasín fue al circo aquel domingo, muchos de los niños que vivían en la zona residencial, fueron también llevados por sus padres, sus tíos o sus abuelos, y como daba la casualidad de que casi toda esa chiquillería iba al mismo colegio, pues que al lunes siguiente, lo único que se hizo en la escuela fue hablar como loros de lo que habían visto y oído en el circo la tarde anterior. Y las mascotas al otro día, imitaban a sus amitos contándose entre ellos, con gran lujo de detalles, lo que no habían visto pero si oído, en sus respectivas casas.

-¡Había trapecistas!

-¡Y un león enorme!

-¡Los payasos eran muy divertidos!

-¡Había una familia de chimpancés que pintaban cuadros y contaban hasta diez con los dedos!

-¡Y perros bailarines!

-¡Y poneys que sumaban y restaban!

-¡Y acróbatas!

-¡Y focas que jugaban al fútbol!

-¡Y un ventrílocuo que hacía hablar a los gatos!

-¡Y marionetas chinas!

-¡Y... !

-¡Y... !

-¡Y... !

Puchi-Puchi, en cuanto tuvo un respiro, corrió a contárselo todo a la señora Escarola.

-¡Señora Escarola, señora Escarola, hay un circo en la ciudad y Tomasín ha ido este domingo, y había muchos animales salvajes y monos amaestrados y focas futbolistas y...!

Era por la tarde, antes de las cuatro, y la señora Escarola se hallaba como siempre, en la cocina, elaborando ahora exquisitas confituras. A las cinco y media abría su tienda al público, pero para entonces, las mermeladas ya estaban enfriándose en sus respectivas cazuelas de barro.

La señora Escarola probó cuidadosa de una cuchara de madera con la que estaba removiendo una burbujeante mermelada de moras silvestres, y chasqueó la lengua complacida.

-¡Perfecta, un poco más de cocción y estará como para chuparse los dedos!...¿Decías, Puchi-Puchi, que tu amito ha ido al circo este domingo? 

-Si señora y se lo ha pasado muy bien, se ha divertido mucho. Ha visto...

-Leones, payasos, focas futbolistas, chimpancés sabios, trapecistas, acróbatas...

-¿Cómo lo sabe usted, señora Escarola?

-Puchi-Puchi, en todos los circos existen los mismos números, no tiene nada de sorprendente... Yo también he ido al circo muchas veces cuando era niña y me lo he pasado muy bien...

-¿Ahora ya no va?

-No tengo tiempo.

Puchi-Puchi la miró pensativo, las personas nunca tienen tiempo, reflexionó.

La señora Escarola sonrió ligeramente.

-Si que lo tenemos, pero lo dedicamos a muchas otras cosas, quizás no tan importantes... De todas formas te diré algo, Puchi-Puchi, sólo cuando era niña me divertía ir al circo, porque al crecer me di cuenta de que a los animales nadie les había preguntado si les gustaba, o no, actuar en una pista...

-¿Qué quiere decir, señora Escarola? -preguntó muy asombrado el yorkshire.

-Quiero decir, ni más ni menos, que los animales no han nacido para trabajar en el circo haciendo monadas... Muchos de los animales que actúan en una pista, nacieron libres en la selva o en los bosques, y eran felices así, hasta que vinieron los cazadores, los atraparon y luego los vendieron...

-¿A los circos?

-No, a intermediarios desaprensivos... La gente de los circos quiere mucho a los animales y los tratan muy bien, pero, de todas maneras, el sitio de los leones, los elefantes, los chimpancés, y también las focas, aunque ellas vengan del mar y no de una selva, no está bajo la lona de un circo... Como tampoco el lugar de un pájaro es una jaula, cuando Dios le ha dado todo el cielo azul para él, ni el de un pez una pecera, ni el de una ardilla una de esas horrorosas jaulas estrechas, con una gran rueda, en la que ellas dan vueltas y más vueltas hasta volverse locas...

Desconcertado, Puchi-Puchi recordó como un día que le llevaron de paseo por el pueblo, vio en el escaparate de una tienda en la que vendían animalitos, una de esas jaulas de las hablaba la señora Escarola, y dentro una ardilla dando vueltas, y Puchi-Puchi, que entonces era jovencito, lo encontró muy divertido y le hubiera gustado ser la ardilla para correr así.

-¿No lo entiendes, Puchi-Puchi? -preguntó la señora Escarola.

Puchi-Puchi estornudó.

-No lo sé -dijo con sinceridad- Nunca había pensado que las cosas pudieran ser así.

-Claro, y como eso pasa muy a menudo -convino la señora Escarola comprensiva-, nadie se da cuenta de nada porque lo encuentran normal, todos menos la ardilla en su rueda, el pez en la pecera y el pájaro en la jaula...

Puchi-Puchi se quedó muy callado durante unos segundos, tiempo que la señora Escarola empleó para sacar una galleta  de un bote de latón y ofrecérsela en un diminuto platito de porcelana blanca ribeteado en azul añil.

-Especialmente hecha para ti, pequeño, para ti y para tus otros amiguitos, que a ver cuando se deciden a visitarme, y no precisamente de escondidas.

-¿Sabe que han venido a verla? -se maravilló Puchi-Puchi.

-Si. Tigre fue el primero en hacerlo, y ayer lo hizo Copy. Supongo que poco a poco se irán acercando los demás... Diles que no sean tan tímidos.

Puchi-Puchi quiso defender a sus compañeros.

-No son tímidos, es que no quieren molestarla.

-No me molestan, te lo aseguro, así que pueden venir cuando les apetezca.

El perrito pensó en Fiel y Leal, y se estremeció.

-No todos son bien educados, sabe usted.

La señora Escarola sonrió y, agachándose, acarició el lomo de Puchi-Puchi.

-No te preocupes, ya aprenderán, hay tiempo.

 

Continuará...

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