LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

II EL CIRCO PASA

De regreso a su casa se tropezó con Tigre, que estaba en la media hora loca que ataca de vez en cuando a todos los gatos sean domésticos o no, es decir, trepando y saltando, como una cabra, por entre las ramas de los árboles, actividad que en los pisos despliegan por el pasillo, entre rugidos bastante cómicos, o, por lo menos, mi gata la despliega.

-¡Eh, Tigre, para ya de hacer el cafrecillo y deja la corteza de los árboles en paz! ¿A qué no sabías que los árboles están vivos, y las flores, y las plantas?

Tigre se detuvo en seco abrazado al tronco de un pino joven.

-¿Qué los árboles están vivos? ¡Vaya tontería más grande! Si éste estuviera vivo me iba a dejar que yo subiese y bajase tan pancho...

-Pues está vivo -declaró muy ufano Puchi-Puchi.

Tigre empezó a descender cuidadoso.

-¿Quién te lo ha contado?

-La señora Escarola -dijo el yorkshire dándose importancia de entendido.

-¿La has visto?

-¡Y más todavía, hemos hablado!

-¿Hablado?

Tigre aterrizó suavemente en el suelo.

-Bueno, querrás decir que ella hablaba con alguien y tú la has escuchado, como trata con hierbas y todo eso.

-¡No, no, quiero decir que hemos hablado los dos ella conmigo y yo con ella!

-¡No me lo creo!

Puchi-Puchi se picó.

-¿Tengo yo morro de mentiroso?

-¡No, claro que no! -se apresuró a decir conciliador Tigre- Pero has de comprender que no es lo más normal que un perro y una persona hablen... ¡Vaya, que no es normal nada de nada!

-Ya sé que no es normal, pero ella y yo hemos hablado y mucho, ¡para que te empapes!...

Tigre se quedó pensativo.

-Yo soy el primero que no cree en esas cosas, pero Glafira dijo que era...

-... una bruja, ¿no? Glafira es mema de nacimiento y tú también si le prestas orejas, ¡por favor! -se escandalizó Puchi-Puchi sin acordarse ya de que no hacía mucho él, a su vez, se lo había preguntado a la señora Escarola.

-¡Vale, vale, no te ofendas, pero tienes que reconocer que no es corriente que las personas y los animales charlen, caray!

-De acuerdo, pero no es bruja... Cuando yo le he preguntado porque podíamos entendernos hablando me ha dicho que eso es lo más natural del mundo y que hay mucha gente que puede hacerlo... Bueno, que lo podía hacer en otros tiempos...

-¡Las brujas!

-¡Que manía Tigre!... Me ha contado que había un santo que hablaba con los animales, y un santo no es una bruja.

-¿San Antonio?

Puchi-Puchi se quedó perplejo un instante, ¿también san Antonio hablaría con los animales?

-¡Hey, compis -maulló una voz conocida sobre sus cabezas-, ¿de qué va la conversación, o es privada?

Era el bueno de Copy.

-Hola -saludó Puchi-Puchi.

-¿Cómo va eso, colega?

-Pues ya veis, paseando para no perder la costumbre, ¿y vosotros?

Tigre se lo maulló en dos palabras y Copy se quedó con la boca abierta.

-¡Caramba chicos, que interesante! ¿Así que la señora Escarola nos entiende y puede hablar con nosotros, entonces no me extraña nada el que supiera tan bien mi nombre?

Puchi-Puchi saltó belicoso.

-¡No es una bruja!

-¿Y quién ha dicho que lo sea?

-Glafira lo dijo -apuntó tímidamente Tigre sin mirar a Puchi-Puchi.

Copy se lamió el lomo nervioso.

-Esa urraca es un peligro público, y lo mejor que podemos hacer es no escucharla o de lo contrario...

Los tres rebulleron inquietos.

-¡La señora Escarola no es una bruja, no lo es, guau, guau, grrr!

-Me alegro mucho que no lo sea, aunque ya sabéis que yo no creo en brujas, y si podemos ser sus amigos, pues tanto mejor, ¿no os parece?

-¡Claro que si... Me ha invitado a merendar un pastelito de carne y un bol de leche con nata!

-¡Mmmm! -exclamaron golosos los dos gatos.

-Tenéis que ir, de veras, os tratará muy bien, es muy amable y simpática.

-¡Ya tengo ganas de ir! -aseguró Copy relamiéndose por anticipado.

Tigre sonrió.

-Si todo lo que guisa lo hace tan bien como sus bizcochos...

-¡Es una cocinera buenísima! -ponderó con entusiasmo Puchi-Puchi.

Los tres amigos empezaron a caminar en dirección a la zona residencial, y como, aun cuando ellos transitaban por el bosque, la carretera no pillaba muy lejos, (la veían desde lo alto del suave montículo), pronto atrajo su atención la presencia lenta y pesada de una especie de caravana de camiones muy raros todos pintados de colores chillones, que por arriba no tenían techo, algunos un enrejado y otros simple tela metálica, y además dejaban la estela de un olor desconocido e inquietante.

-¿Qué es eso? -quiso saber el primero, Puchi-Puchi.

Copy se subió a un árbol para ver mejor, pero Tigre, dijo:

-Un circo. Me he enterado esta mañana porque lo he oído comentar en la plaza del mercado. Vienen de lejos y van a Barcelona, y una furgoneta estaba cargando con comida para los artistas: las focas futbolistas, los elefantes africanos, los leones y los caballitos sabios, entre otros muchos...

-¿No hay payasos y trapecistas? -quiso saber Puchi-Puchi porque le encantaban cada vez que los veía por televisión.

-Si, supongo, en todos los circos hay.

Copy dejó su atalaya arbórea y regresó con ellos.

-Creo que es un circo.

-Si, si que lo es, me lo ha dicho Tigre.

-No parece que se quede con nosotros.

-No, se trata de un circo muy grande y en el pueblo no hay espacio para él. He oído decir que tiene cinco pistas y...

-¿Y eso que es? -preguntaron al mismo tiempo Puchi-Puchi y Copy.

-No lo sé, pero debe ser algo importante y que necesita mucho sitio porque sino, otros circos ha habido que al pasar por aquí, antes de ir a la ciudad, han hecho función, ¿verdad?

-Si.

-Si.

-Quizá lo retransmiten por la tele -comentó esperanzado Puchi-Puchi.

-Si, puede ser -dijo con indiferencia Tigre.

-A mí los leones me dan miedo -objetó temeroso Copy.

-No te van a comer, tonto -se burló Tigre.

-Ya lo sé, pero me dan miedo.

-A mí no me dan miedo -fanfarroneó Puchi-Puchi.

-Claro, como nunca te has encontrado con ninguno cara a cara.

-Y tú, Copy, ¿te has encontrado?

-No, Tigre, afortunadamente, pero me dan miedo igual.

-¡Puaf! -exclamó despectivo Tigre.

Hablando de estas cosas y de otras parecidas, llegaron por fin los tres a la urbanización de la zona residencial, en donde se despidieron ya que cada uno tenía sus cosas que hacer.

Puchi-Puchi entró tan tranquilo en su casa para encontrarse con Tomasín, su amito, que estaba hecho un manojo de nervios, de pura excitación.

-¡Puchi-Puchi -le gritó apenas verle-, Puchi-Puchi, papá y mamá me van a llevar al circo este domingo! ¿No es estupendo?

-Deja a Puchi-Puchi en paz -le amonestó su madre-, que con esos gritos le asustas... ¿No ves que el pobrecillo no sabe de lo que le estás hablando?

-Lo sé más que bien -pensó travieso Puchi-Puchi, pero se limitó a menear su rabito y a ladrar contento.

-¡Guau, guau, grrr!

-¡Mira, ya lo has alborotado! ¡Tomasín, haz el favor de calmarte, o de lo contrario no te llevaremos al circo!

-¡No, mami, no, yo quiero ir, por favor, por favor, por fa... !

Puchi-Puchi los dejó en la sala negociando y se fue al cuarto de Tomasín a echar un sueño sobre los pies de su cama como tenía por costumbre. Había sido un día emocionante y estaba de lo más cansado, aunque feliz porque había conocido a la señora Escarola.

 

Continuará...

Inicio