LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

X OTRA VEZ PUCHI-PUCHI

A la mañana siguiente, muy temprano, estaba la señora Escarola metida en su cocina, poniendo etiquetas a una remesa de frascos de mermelada hecha el día anterior, cuando oyó que la saludaban desde lo alto de un árbol.

-¡Buenos días!

-¡Hola, Glafira! Hermosa mañana, ¿verdad?

-Si, preciosa, menos mal, que, en lo que va de semana, haya dejado de llover por fin, de lo contrario nos íbamos a convertir en ranas, ¿no le parece?

-Desde luego... Oye, Glafira...

-¡Diga, diga!

-¿Te has enterado de algo nuevo respecto a esta epidemia tan misteriosa?

-¿Qué epidemia?

-¡Vamos, Glafira, tú ya sabes muy bien a lo que me estoy refiriendo!

-¿Se trata del mal de barriga de todas las mascotas?

-Sabes perfectamente que de eso se trata.

La urraca guardó silencio unos momentos y la señora Escarola esperó paciente.

-Son mascotas -dijo al fin Glafira.

-Si, indudablemente son mascotas, ni Tigre ni Pulgas, ni otros callejeros como ellos, la padecen.

-¡Claro!

-¿Cómo "claro"?

-Pero, señora Escarola, ¿es posible que usted no lo adivine siendo tan lista?

Esta vez le tocó a la señora quedarse callada un momento.

-Te puedo decir que creo suponerlo...

-Bueno, pues entonces ya está todo dicho.

-... y no me gusta nada.

-¡Qué se le va a hacer, son cosas que pasan!

La señora Escarola, pensativa, abrió un pequeño armario y extrajo de su interior un vaso en el que había varias bolas de papel de plata, y, con gesto distraído en apariencia, sacó una y se puso a jugar con ella. Glafira muda, tensa y con los ojos relucientes de codicia, contemplaba la brillante plata, como si en el mundo no hubiese otra cosa más importante.

-¿Qué es lo que sabes, Glafira? -preguntó suavemente la señora Escarola sin dejar de jugar con la bolita de papel de plata.

-¿Yo...Yo...Yo?

-Si, tú, tú, tú...

La señora Escarola hizo ademán de guardar la bolita en el vaso y éste dentro de la alacena, cosa que Glafira no pudo soportar.

-Bueno -graznó nerviosa-, no es que me importe y desde luego no lo hacía por encubrir a nadie... ¡Allá cada cual con sus dichosos asuntos que bastante tengo yo con los míos, que siempre que quiero hacer una buena obra o decir la verdad, todo el mundo se enfada conmigo, como si yo fuese un mal bicho, y eso no es justo...!

-Glafira -insistió paciente la señora Escarola.

-¡Vale, vale, se lo diré, después de todo a mí me importa un pepino, ¿qué digo?, tres pepinos, un millón de pepinos...!

-Glafira...

La urraca aleteó muy enojada.

-Yo sólo puedo hablar de lo que he visto, no de lo que me han contado, precisamente... Que en esta colonia parecen haber hecho el voto del silencio hasta las setas...

-¿Y que has visto?

Glafira adoptó un aire de lo más cotilla; ladeó la cabeza y dijo en un susurro chismoso:

-Eso pregúnteselo a Puchi-Puchi, que cuando el otro día se despidieron, tan buenos chicos ellos y los tres gatitos sobre el lomo de Boby, Puchi-Puchi se dedicó a pasearse por la zona residencial entera, después de haber ensayado su número, claro, y me hubiera gustado que lo hubiese visto usted... ¡De aquí para allá, de allá para acá, por todo el jardín comunitario, y cuchicheando y hablando con cuantos le prestaban orejas, que no eran pocos que digamos, vamos!... -en ese preciso instante llamaron a la puerta de la tienda-¡Señora Escarola, señora Escarola, el primer cliente de la mañana! -se interrumpió la urraca, alborotada.

-Si, Glafira... Bueno, ya me seguirás contando en otro momento... Hasta luego... ¡Ah!, y toma, que me olvidaba, esto es para ti...

"Esto" era la bolita de papel de plata.

-¡Hasta luego, hasta luego, y que tenga usted un buen día! -graznó muy feliz Glafira precipitándose a recoger lo que para ella constituía un tesoro.

-A ver si es verdad.

En la puerta de la tienda se agolpaban tres señoras con sus respectivas mascotas y por el fondo de la calle se veían venir trotando a Fiel y Leal con su amo.

Las tres mascotas eran, por este orden, Lindy, Copy y Puchi-Puchi.

-¡Hola, señora Escarola!

-Buenos días, señora Escarola.

-Le traigo a mi perrito señora Escarola.

-Buenos días a todas... Vaya, vaya, conque aquí están los enfermitos, veamos.

-¡Guau, guau! -ladraron Fiel y Leal entrando ruidosamente en la tienda.

-Aquí tiene a este par de granujillas, señora Escarola.

La señora Escarola, muy seria, observó con detenimiento a las mascotas, unas en brazos de sus dueños y otras, como los spaniels, sujetas por la correa, y todas las bestezuelas, sin excepción, bajaron la vista al suelo.

Por hacer algo, la señora Escarola, cogió a Copy de las manos de su dueña y le tanteó la barriguita.

-¡Huuuum! -exclamó pensativa- Me parece que ya sé lo que les pasa...

-¿Siiii? -preguntaron esperanzados los dueños de las mascotas.

-En efecto... Se trata de una bacteria que se desarrolla en otoño cuando llueve mucho y es fácil que los animales la ingieran con el agua de los charcos...

-¡Ya lo decía yo! -exclamó muy satisfecho el dueño de Fiel y Leal.

-¿Y eso tiene cura? -inquirieron preocupadas las señoras.

-Si, pero es bastante lenta, por lo menos durará hasta mediados de enero...

-¡Que pena, Tomasín se pondrá muy triste, con la ilusión que le hacía a él que Puchi-Puchi se luciera haciendo el payaso en la función de Navidad!

-¡Y a mis sobrinas con Lindy!

-¡Y a mis nietos con Fiel y Leal!

-¡Y a mi hija con Copy!

-Pues ya ven ustedes, no va a poder ser... Ni estos, ni todos los demás... La medicación va haciendo su efecto lentamente, pero es muy segura, y además, inofensiva para su salud...

Empezaba a entrar más gente en la tienda con sus respectivos animales de compañía.

-¡Señora Escarola, le traigo a Laky!...

-¡Aquí tiene a Miska!

-... Perla..

-... Lulú...

Y la señora Escarola le recetó a cada uno lo mismo: unas pastillitas redondas de color violeta y gusto a raíces dulces.

-Se las dan antes de las comidas y ya está, no se preocupen por nada más...

-¿Alguna alimento especial?

-No, lo de siempre... Eso sí, nada de ensayos de números circenses... Si pretenden que sus animales se restablezcan han de estar muy tranquilos y haciendo la vida normal, de lo contrario volverán las convulsiones y los lamentos.

-Que bacteria más rara, ¿no?- se admiró ingenuamente la clientela.

La señora Escarola miró de reojo a Puchi-Puchi.

-Si, estoy de acuerdo, es una bacteria de lo más raro... ¡Ah, y no tienen que pagarme nada, por favor; yo también quiero aportar mi colaboración en este asunto!

EPÍLOGO

Aquella misma tarde Puchi-Puchi hizo su aparición por el patio trasero de la casa de la señora Escarola, colándose luego en la confortable cocina.

-Hola, Puchi-Puchi -saludó ella mientras le daba la espalda, enfrascada en remover el contenido de una marmita en la que se cocía dulce de calabaza.

-Hola.

La señora Escarola se volvió a mirarle y le guiñó un ojo.

-¿Qué tal la bacteria?

-Usted sabe que no hay bacteria -repuso Puchi-Puchi muy avergonzado.

-Claro que lo sé, pero no iba a delataros... No os habéis portado bien asustando a vuestros amos... Pero tampoco ellos se han portado como debieran al obligaros a hacer el papel de artistas de circo sin serlo... O sea que la cosa queda en empate... No es que me guste, pero debo reconocerlo... Además, hasta Barín se puso de vuestro lado, con lo juicioso que es... Espero que por una parte y por otra, aprendáis algo de todo este asunto... Fuiste tú el de la idea, ¿verdad?

-Si señora.

-Se te ocurrió cuando Punto soltó su mentirijilla de que le dolía la barriguita, si no me equivoco.

-No, no se equivoca usted.

Tigre apareció en la ventana de la cocina.

-Hola señora Escarola, hola, Puchi-Puchi.

-Hola, Tigre.

-Hola.

-¿Ya sabe la última sobre lo del circo, señora Escarola?

-No.

Puchi-Puchi contempló a su amigo con aprensión.

-Pues que los niños han decidido hacer la función ellos mismos, se lo acabo de oír a un grupo que salía del colegio... Así se disfrazarán de payasos, saltimbanquis e incluso de fieras... ¡Colega, se acabó la pesadilla!

Y Puchi-Puchi respiró aliviado porque se había pegado un susto morrocotudo al escuchar la palabra circo.

FIN DE LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

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