| CAPÍTULO VI CUANDO LAS COSAS SE COMPLICAN | |||
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Lo que hubieran decidido hacer Boss y los suyos hubo que posponerse hasta transcurrida una larga semana, ya que sus dueños llevaron al bulldog a la revisión veterinaria acostumbrada y, al ponerle la vacuna de turno, le entró fiebre y estuvo fuera de la circulación unos cuantos días, los suficientes para que los ánimos se calmaran algo en el barrio residencial... Algo, que no es decir del todo, porque el tema que les había llevado a enfrentarse los unos contra los otros, sólo estaba dormido a la espera de que sonase el despertador, y ese despertador se llamaba Boss. Puchi-Puchi pasó una semana muy mala, lleno de remordimientos en vista de que su iniciativa había resultado tan desastrosa, como se lo dijese al señor Barín en una conversación privada, la tarde del mismo día que se produjo el alboroto. -Yo sólo buscaba la ayuda de los miembros de la colonia para que aclarásemos el misterio de los gatos azules, no si se trataba de que fuesen brujos, como usted comprenderá, sino el por qué no querían relacionarse con nosotros... Pero de eso a la que se ha organizado... Barín remeció la cabeza con lentitud. -Puchi-Puchi, eres un yorkshire bueno e inteligente, sin embargo, debes tener bien claro que nunca se ha de actuar a la ligera, movido por un impulso irreflexivo... En mi opinión te precipitaste, y esperemos que todo haya acabado ahí.. Al menos, amiguito, que eso te sirva de lección. -Descuide, señor Barín -respondió Puchi-Puchi, de lo más compungido. Y era para estarlo, porque en la colonia, como si fuese una olla tapada, algo se cocía a fuego lento, esperando la llegada de Boss para desbordarse. Boss regresó, humillado porque la vacuna lo había tenido recluido en casa con fiebre, y decidido a volverlo todo del revés si era preciso, para que nadie creyese de él que era un perro debilucho y enfermizo. Que tenía Boss mucho amor propio, vamos, y no estaba dispuesto a perder su prestigio así como así. En cuanto le dejaron salir al jardín comunitario, lo primero que hizo fue andar preguntando a todas las mascotas, menos, se entiende, a Puchi-Puchi, Copy, Tigre y Barín, si habían notado algo raro aquellos días... Vaya, hablando en plata, si alguien se sentía embrujado, y como los animales, igual que las personas, son muy influenciables, todos empezaron a preguntarse los unos a los otros y al final resultó que cada uno tenía una historia que contar más fantástica que la de su vecino. Y la colonia en pleno se reagrupó en los jardines comunitarios y empezaron uno por uno a soltar su disparate, lo mismo que si estuvieran en un concurso de despropósitos. -La otra noche escuché aullar a las gallinas de la granja. -La tarde que llovió cayeron gusanos blancos del cielo y cuando me acerqué a olerlos hacían ¡puf! y ya no estaban. -Me vino un ratón y me dijo: ¡cómeme! -Paseaba por el parque con mi ama y vi una liebre muy gorda detrás de un árbol, cuando todos sabemos que por aquí ya no quedan liebres desde hace años. -¡Vi un mirlo blanco! -Una mariposa se convirtió en avispa y me picó. -Mis tres cachorritos, el otro día se pusieron a hacer miau, ellos, que ladran tan bien. -Mi amito me llenó el bol con delicias de trucha, y, cuando me acerqué, todo se había convertido en barro. Puchi-Puchi, Copy y Tigre, que estaban escuchando en silencio, no sabían si echarse a reír o ponerse a llorar, Barín, en cambio, con muchos años sobre sus viejos lomos, escuchaba con la expresión del que está de vuelta de todo y sólo lamenta el que los demás puedan llegar a ser tan tontos. Boss, satisfecho, lanzó una mirada aviesa sobre Topsy, que se había aproximado a la reunión no muy convencida de haber hecho bien dejando solos en casa a sus hijitos. -Y tú, Topsy, ¿no tienes nada que contarnos? -gruñó el bulldog. -No -respondió ella poniéndose nerviosa. -¿Seguro? Puchi-Puchi ladró. -¡Déjala en paz de una vez! -¡Mira el mil perros -se burló Boss-, el gran héroe del pueblo, él solito es capaz de hacer frente a un ejército! Puchi-Puchi avanzó muy decidido. -¡Guau, guau, grrr, te voy a... ! Boby, el pastor alemán intervino una vez más. -¡Dejaros de tonterías que no se encuentra el horno para bollos! A ti Boss, no te pega ese tipo de palabrería, que ya estás crecidito, y tú, Puchi-Puchi, no seas temerario o todos iremos a tu entierro el día menos pensado! Barín hizo sentir su voz cansada. -¿Por qué no cambiamos de tema de conversación? Hace una mañana demasiado espléndida para perder el tiempo hablando de cosas carentes de sentido... Ni han llovido gusanos, ni han aullado las gallinas, ni... -¿Ni los gatos azules son brujos? -inquirió con falsa dulzura Boss. -Justo, ni los gatos azules son brujos -afirmó muy sereno Barín. Boss estalló en una risotada, y, volviéndose a los demás, les dijo: -Barín está muy seguro de que los gatos azules no son brujos, bien, seamos democráticos sometiéndolo a votación... Los que crean que los gatos azules son brujos, que maúllen o ladren, y los que no lo crean, que se callen. Una ensordecedora barahúnda de maullidos y ladridos atronó el aire, siendo únicamente cuatro de entre los allí congregados, los que permanecieron con el hocico cerrado... ¿He dicho cuatro?, perdón, me he equivocado, no eran cuatro sino cinco, los que se abstuvieron, y el quinto fue Boby, el pastor alemán, lo cual hizo que Puchi-Puchi le mirase con curiosidad. -¡Bien, bien, bien -ladró muy satisfecho Boss-, por lo que veo, todos sois muy inteligentes y sabéis de que lado os conviene estar!... Bueno, Barín, ya ves como están las cosas, la mayoría ha votado que cree en la brujería de los gatos azules, ¿tienes algo que objetar? -Creer es una cosa, ser es otra muy diferente -repuso el collie con gravedad. -¡Paparruchas! -gruñó malhumorado Boss- No es lo que nosotros creemos, es lo que es y ya está. .¿Y qué pensáis hacer? El perro cazador ladró muy excitado. -¡¡Guau, guau, cazarlos!! -¿Cómo? -se sobresaltaron los tres amigos. Barín dijo calmosamente: -Les juzgáis sin escucharles y les condenáis, ¡muy bonito! -¿Verdad que sí? -se burló sarcástico el bulldog- En la colonia hacemos así las cosas, Barín. Topsy preguntó amedrentada: -¿Cuándo los cazaréis? -¡Cuánto antes! -volvió a ladrar el perro cazador, alegremente- ¡Iremos a su jardín y les cazaremos! Puchi-Puchi habló despreciativo. -Sí, ya me imagino, llamaréis a la puerta de la verja y cuando los amos os abran, les preguntaréis educadamente si os permiten cazar a sus mascotas y ellos dirán que sí muy a gusto, ¿no? Boss fulminó con la mirada al yorkshire. -¡Tenemos un plan, pigmeo! -¿Qué plan es ese? -quiso saber Copy. -¡Cómo que te lo vamos a decir, gato rubio! -¿Y después viviremos en paz, tranquilamente? -preguntó Perla, la preciosa gata de angora. Tigre se escandalizó al oírla. -¡Perla, que son de tu misma especie! Ella se enfurruñó. -Son brujos, gatos brujos y malos. -No son brujos -rebatió con fastidio Barín- Sólo son unos pobres gatos que han tenido la mala suerte de caer en desgracia en esta colonia de sabelotodos. Boss gruñó amenazador. -Nos importa un bledo lo que penséis y haremos lo que tengamos que hacer. -¿Y qué... Empezó a decir Puchi-Puchi, pero en eso se desató una lluvia torrencial, ya que con tanta charla, no se habían dado cuenta de que el cielo se estaba encapotando de nubes espesas y negras, y todos tuvieron que salir a la carrera rumbo a sus respectivos hogares.
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