CAPÍTULO V REUNIÓN EN EL JARDÍN COMUNITARIO

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

A la mañana siguiente, todos los animales adultos de la zona residencial, y que habitaban en los jardines comunitarios, se reunieron, curiosos, en torno a Barín, el venerable collie que encarnaba a la autoridad máxima en la colonia de mascotas. A su lado, como no, estaba Puchi-Puchi, y muy cerca de él, se apelotonaban Copy, Tigre y Topsy. Prudentemente, cualquier cachorrillo había sido excluido de la asamblea.

-¡Ejem! -carraspeó Puchi-Puchi reclamando la atención de los asistentes-, os hemos pedido, amigos, que vinierais aquí esta mañana, porque hay que tratar de un asunto muy delicado que requiere la cooperación de todos nosotros...

El perro huskye ladró bravucón, interrumpiendo.

-¿Otro envenenador, Puchi-Puchi? ¡Dime dónde está y lo arrastro por todo el pueblo como si fuese un trineo en la gran carrera de Iditarod!

-¡No, no, no se trata de eso, Odín!, pero, gracias de todos modos... Veréis...

Puchi-Puchi no se anduvo por las ramas y expuso con claridad y sencillez, el asunto del día: Punto se había escapado y conocido a los hasta ahora nunca vistos, gatos azules, Glafira, (que no estaba invitada a la reunión), había contado una insólita historia acerca de brujerías, y Duc, el galgo ruso, vecino de Villa Florita, no parecía muy contento ante la idea de recibir visitas por aquella zona.

-... por lo que hace a Punto y su corta relación con los llamados Nos y Mos, todo acabó en una danza loca a su alrededor mientras los gatos azules cantaban ¡UU U U!, ¡UU U U!... -concluyó Puchi-Puchi un poco teatralmente.

Nadie de los allí presentes, movió mandíbula para decir ni pío y como el silencio se prolongase por espacio de un par de minutos, con visos de alargarse, Barín, el sabio y viejo Barín que aquella mañana se movía con gran dificultad debido al reuma que le agarrotaba, se acomodó como buenamente pudo sobre el blando césped, y tomó la palabra en vista de que ninguno se atrevía a hacerlo.

-Bien, Puchi-Puchi, ya nos hemos enterado... Glafira habla de brujerías, Duc no quiere que nadie se pasee por sus barrios y Punto charla con los gatos azules... ¿Quieres explicarnos en dónde reside el problema? Porque por lo oído, si hemos de creer todo lo que cuenta Glafira, que es una urraca ladrona y chismosa...

Laky, el perro lobo, se entrometió beligerante:

-¡Tanto da lo que pueda ser o hacer Glafira, los gatos azules echaron chispas y cambiaron a una rana de color, luego Punto asegura que saltaron en torno suyo y cantaron UU U U, UU U U! ¿Y dónde se ha visto que un gato cante así cuando todos sabemos que los gatos sólo maúllan?

Aquel resultó ser un argumento de peso que rompió el hielo pues los asistentes se pusieron a manifestar sus opiniones a voz en cuello y cada uno decía lo que se le antojaba, hasta el extremo de que todos hablaban a la vez y nadie escuchaba a su vecino.

-¡las ranas no cambian de color!

-¡Los gatos no echan chispas!

-¡los gatos no bailan!

-¡Los gatos no cantan!

-¡No existen gatos azules!

-¿Por qué no han salido de su casa y han venido a presentarse, como hace cualquier gato o perro, recién llegado?

-¿Por qué los protege Duc si es un perro?

-¡¡Lo han embrujado!!

-¡¡Si, si, lo han embrujado!!

-¡Los gatos siempre han sido las mascotas de las brujas!

-¡¡¡Son gatos brujos, son gatos brujos!!!

-¡¡¡Si, si!!!

Copy dio un ágil salto, encaramándose sobre el toldo de una mecedora columpio; desde allí gritó con fuerza:

-¡¡¡¡ESCUCHADME TODOS!!!!

Una docena de hocicos se alzaron en dirección suya.

-¡Escuchadme todos, amigos: ni los gatos somos las mascotas de las brujas, ni las brujas existen, ni Duc está embrujado, ni los gatos azules son un par de peligrosos hechiceros!... ¡Por creencias semejantes, en la antigüedad se asesinaron cruelmente a los de mi especie, quemándolos vivos o bien de otras maneras igualmente terribles!... En la Edad Media, edad de barbarie e ignorancia donde las haya, acusando a los gatos de ser los servidores de las brujas, casi se les exterminó sin ninguna piedad ¿Y qué pasó entonces?... ¡Yo os lo diré, proliferaron las ratas si control y vino la peste, una peste que casi acabó con la humanidad!... Si las gentes no hubieran sido tan ignorantes y supersticiosas, los gatos habrían vivido y no hubiese habido epidemia... ¡Seguid con ese tipo de ideas y ya veremos a donde vamos a parar!

Puchi-Puchi, admirado, contemplaba con la boca abierta a Copy, ¡quién hubiera dicho que un gato tan pacífico como él, podía vibrar de indignación hasta tales extremos!

Medió un corto silencio, que Barín aprovechó para decir algo.

-Copy habla bien, no os dejéis arrastrar por el fanatismo y la ignorancia, que sólo conducen a...

Un nervioso perro cazador, en plena y vigorosa juventud, ladró, agitado, quitándole la palabra, de forma irrespetuosa, al decano del lugar.

-¡Guau, guau, pamemas, los hechos cantan, los gatos azules son forasteros y misteriosos. Sean o no brujos, son bichos raros y no encajan en la colonia! ¡Voto porque Topsy traiga a Punto y nosotros le interrogaremos hasta saber la verdad, y cuando la sepamos, si es la que ya supongo, correremos a darles caza sin cuartel, guau, guau!

Se organizó un alboroto de dimensiones mayúsculas y nada pudo contra él la sensatez de Barín, las airadas protestas de Copy, la intervención conciliadora de Puchi-Puchi, ni la valiente postura de Tigre: la mayoría había tomado una decisión que avanzaba igual que el desfile de las hormigas guerreras, o sea, imparable.

Topsy protestó débilmente y al final tuvo que traer a un muy asustado Punto al que escoltaban sus hermanitas Mimí y Michi, que, en contra de lo que pudiéramos pensar, estaban hasta contentas con el jaleo.

Dentro del círculo formado por todos los animales del jardín comunitario, Punto, el gatito chiquitín, temblaba como una hoja, pensando que debía ser muy malo para que le sucedieran cosas tan terribles.

Un rechoncho bulldog de aspecto amenazador, fue elegido por la mayoría como fiscal en aquel improvisado y absurdo juicio, mientras Puchi-Puchi, sus amigos y Barín, contemplaban impotentes y verdaderamente alarmados, la escena.

-Gatito Punto -gruñó Boss el bulldog-, sabemos que hablaste con los gatos azules y sabemos, también que esos gatos son brujos... Aparte de que saltaran o bailasen a tu alrededor cantando ¡UU U U, UU U U!, ¿les viste hacer otras brujerías?

Punto abrió unos ojos como platos, recordad que tenía un ojo azul y otro dorado, y no dijo nada.

-La verdad, Punto, queremos saber la verdad...

Tigre intervino colérico:

-¡No hay derecho, Punto es un gato, y como felino, tendría que ser juzgado por gatos!

Boss le miró de forma atravesada.

-¡A callar, escoria callejera, tú no perteneces a nuestra colonia!

Puchi-Puchi, ofendido, tomó la defensa de su amigo.

-¡Tigre es un ciudadano más de este barrio, ya que en él vive, y tiene tanto derecho como cualquiera de nosotros a dar su opinión!

Boss no se dignó a contestarle y prosiguió el interrogatorio.

-Gatito Punto, repito, ¿qué hicieron esos gatos brujos y que tú no quieres contarnos?

Punto susurró muerto de miedo:

-Bailaron y cantaron...

-¿Y...? ¡Gatito Punto, piensa que debes decir siempre la verdad porque de lo contrario vendrá el Gato del Saco y se te llevará para siempre!

-¡¡¡Mami!!!

-¡Ni mami ni rabos!... ¡Tienes que decirnos la verdad!... Si nos dices la verdad, te dejaremos ir a tu casa tranquilamente y no te molestaremos más...

Punto, que no era tonto, pensó rápidamente mientras Puchi-Puchi, Copy y Tigre le observaban con preocupación.

-¿Y bien, gatito Punto? preguntó Boss fingiendo una paciencia que estaba muy lejos de conocer.

Punto respiró hondo tres veces, a la cuarta abrió la boquita y dijo muy resuelto:

-Son brujos... Los gatos azules son brujos, después de cantar y bailar les salieron alas y volaron muy alto y me decían "ven con nosotros y serás un gato azul y volarás y cantarás"... Sí, los gatos azules son brujos... ¿Puedo irme ahora con mi mamá?

Boss miró triunfal a la concurrencia que empezó a rumorear alborozada. Lulú, la perrita se puso a reír histéricamente, y Lindy, aquella pequinesa glotona a quien ya conocimos en la primera aventura de Puchi-Puchi, dijo:

-Muy requetebién, si se acabó el juicio, me voy a mi casa a comer un bocado.

Copy exclamó enfurecido:

-¡Esto es una farsa!... ¡Vaya una respuesta, se ve a la legua que Punto ha confesado bajo coacción!

-¡A callar, gato -ladró de malos modos Boss-, Punto ha dicho lo que tenía que decir y basta, ahora procederemos!

-¿A qué, si puede saberse?

Barín, que era quien había dicho esto, se incorporó con mucha lentitud, y ya aposentado sobre sus cuatro patas, muy digno, le dirigió de nuevo la palabra al bulldog que estaba siendo felicitado calurosamente por Laky, Odín y el perro cazador.

-Boss -dijo Barín-, antes de cometer cualquier barbaridad de la que más tarde tengas que arrepentirte, piénsatelo bien... Nada os autoriza a tomaros la justicia por vuestra cuenta, recuérdalo...

 Envalentonado por su éxito y los parabienes que estaba recibiendo, Boss replicó groseramente:

-¡A callar, viejo, y deja que los más jóvenes decidamos lo que se pueda hacer!

Puchi-Puchi se abalanzó temerariamente sobre Boss, ladrando.

-¡Guau, guau, grrr, mal educado! ¿Cómo te atreves a hablarle en ese tono al señor Barín?

Y el lance no hubiese concluido lo que se dice bien, si no llega a intervenir un pastor alemán, a quien por su tamaño y fuerza todos respetaban.

-¡Tranquilo, Boss, y tú, Puchi-Puchi, no te exaltes, que si te metes en una pelea con éste, tienes las de perder... ¡Haya paz, compañeros, que no se diga por ahí que los de la zona residencial estamos mal avenidos!

-¡Pero, ha insultado al señor Barín! -porfió Puchi-Puchi muy irritado.

-Boss, discúlpate, que lo cortés no quita lo valiente -sugirió "amable", el pastor alemán, enseñándole los dientes al bulldog.

-Vale, vale... Señor Barín, perdóneme, estaba nervioso y...

-Lo he olvidado, pero tú, Boss, recuerda mis palabras, no os precipitéis.

En aquel momento, providencialmente, el amo de Boss le llamó y, como por ensalmo, la asamblea se deshizo.

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