CAPÍTULO IV LOS MISTERIOSOS GATOS AZULES

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

Punto permanecía hecho un ovillo en su cestito de mimbre forrado de cretona acolchada, y levantó la cabeza receloso cuando oyó entrar a su madre y al resto de la comitiva; lo que menos se esperaba el travieso gatito, era aquella invasión en su hogar, máxime cuando los dueños no estaban muy lejos. Y como aún le dolían las posaderas a consecuencia del correctivo materno, pensó que las cosas iban a empeorar, y se encogió asustado, porque ni el señor Puchi-Puchi ni el señor Copy o el señor Tigre, tenían cara de Pascuas, precisamente, y mamá, no digamos. Para redondearlo, Mimí y Michi, cuchicheaban por lo bajito y se reían. Punto pensó entonces que el castigo no había hecho sino empezar y comenzó a arrepentirse de verdad por su desobediencia.

-Punto -expuso sin preámbulos Puchi-Puchi-, queremos saber que hablaste con los gatos azules.

-¡Y no mientas! -advirtió su madre muy seria.

-Hablé poco -murmuró Punto con la cabecita gacha.

-No importa, cuéntanos de lo que hablasteis.

-Les dije hola, me llamo Punto.

-¿Y ellos?

-Hola, también, y el más grande añadió: Mos, y el menos grande dijo: Nos, y estornudaron.

-¿Y después?

-Después los dos se pusieron a dar vueltas a mi alrededor y a reírse mientras cantaban una cosa rara que sonaba como UU U U, UU U U...

Topsy, Puchi-Puchi, Copy y Tigre, se miraron los unos a los otros, estupefactos.

-¡Qué miedo, mami...

-... que miedo, mami!

-Entonces que hiciste?

-Di un bote y salí corriendo, no porque tuviese miedo, ¿eh?, sino porque con tantas vueltas me estaban mareando...

-¿Y no has vuelto?

-No, señor Tigre.

-Nos hemos enterado que hablaste también, con Duc, el galgo ruso.

-Si, señor Puchi-Puchi. Me preguntó si me había perdido y que me esperase que llamaría a sus amos.

-Pero tú te largaste a toda pastilla, ¿no es cierto?

-Si, señor Tigre... ¡Buaaa, mami, estoy muy arrepentido, no lo haré más!

Punto corrió a meterse entre las patas de su madre, gimoteando, y Puchi-Puchi le hizo una seña disimulada a Topsy para que suavizara la severidad maternal.

Restablecida la armonía en el hogar de la familia gatuna, nuestros tres amiguitos abandonaron la casa antes de que sus dueños les descubrieran, pues habría sido un poco difícil explicar el por qué de su presencia allí.

Ya en la calle, se dieron cuenta de que empezaba a declinar el sol y pronto llegaría el crepúsculo, o sea que tocaba reintegrarse a casita.

Los tres se despidieron, no sin antes trazar un plan para el siguiente día.

-Mañana -programó Puchi-Puchi-, asamblea general en el jardín comunitario. Esto se ha de hablar con Barín y los demás... ¡Los gatos azules son rarísimos!

Copy preguntó muy serio:

-¿Crees que son brujos?

El yorkshire respondió sinceramente.

-No lo sé, Copy, no lo sé... Es un asunto delicado y hemos de investigarlo en profundidad, no es que yo crea en brujerías...

-... pero...- concluyó Tigre sentencioso.

Copy asintió tristemente con la cabeza.

-Pero... -dijo, y en su voz había un dejo de amargura.

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