| CAPÍTULO III DONDE GLAFIRA INTERVIENE | |||
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Copy, el gato rubio, uno de los privilegiados que tenían amo, y era vecino de Puchi-Puchi, permanecía sentado sobre la tapia del jardín comunitario, tomando el sol tranquilamente, cuando divisó al perrito que trotaba por la calle casi sin resuello, acercándose muy excitado. Copy, tranquilo por naturaleza, se sorprendió un poquito ya que se trataba de su amigo Puchi-Puchi a quien quería como si fuese un hermano. -¿Qué te pasa... ? -empezó a preguntar Copy y Puchi-Puchi le interrumpió entre jadeos. -¡Corre... ves a bus... car a Ti... gre... Es... muy... im... portante! Copy se asustó. -¿Ha sucedido algo malo? -quiso saber saltando sobre la acera. Puchi-Puchi se derrumbó encima del empedrado respirando agitadamente. -¿Te encuentras bien, amigo? -Per... fecta... mente... Es... la... ca... rrera... -Descansa entonces, iré a buscar a Tigre... Descansa. Copy desapareció a toda pastilla, mientras Puchi-Puchi empezaba a recobrar el aliento. Cuando comparecieron los dos felinos, el perrito ya era el mismo de siempre. -¿Qué ha pasado, Puchi-Puchi? -preguntó Tigre con alarma. -¡Montones de cosas, chicos, montones de cosas a cuál más interesante! -¿Hablaste con Duc? -Si. -¿Y qué le contó? -Lo mismo que a ti, supongo. -Entonces... -No se trata de Punto, exactamente. -¿Punto? -repitió hecho un lío Copy. -Luego te lo explico -le dijo Puchi-Puchi-. Tigre, la escapatoria de Punto nos ha puesto tras la pista de algo terriblemente misterioso. -¿El qué? -Habéis oído hablar de los gatos azules, ¿verdad? Tigre y Copy asintieron en silencio, muy sorprendidos. -¿Pero los habéis visto? ¿Los ha visto alguien alguna vez? -No. -No. -Sin embargo existen... -¿Adónde quieres ir a parar? -inquirió Tigre desconcertado. -A ningún sitio. Acepto el que existan, pero nadie los ha visto, ¿por qué? -Porque estarán encerrados, quizás son pequeños y sus amos no quieren que se escapen y se pierdan -sugirió Copy con la calma que le caracterizaba. -No es tan sencillo -gruñó Puchi-Puchi-. A esos gatos les pasa algo raro y no creo que sus amos los escondan, sino que son ellos los que se ocultan... por algún extraño motivo. -¿Te lo ha dicho Duc? -No, él no me ha dicho nada, pero me ha dado una pista si pretenderlo: no quiere que nadie vaya por aquel barrio y cuando le he mencionado a los gatos azules, se ha puesto nervioso e incluso amenazador. -¿Y a él que le importan? -exclamó Copy perplejo- Es un perro... -Precisamente por eso me ha sorprendido todavía más, no podía ser asunto suyo, y, sin embargo, de alguna manera los protegía, ¿por qué? Tigre se frotó el morro contra una pata y no respondió. Copy dijo: -Tendríamos que hablar con el señor Barín, su edad y su sabiduría pueden ayudarnos. -¡Hola, muchachos! -graznó la urraca Glafira volando por encima de sus cabezas, y los gatos bufaron molestos ante su interrupción, pero Puchi-Puchi la contempló interesado. -¡Eh, Glafira -gritó con un agudo ladrido-, baja que quiero hablar contigo! -En eso estoy pensando -repuso la urraca, desconfiada al ver a los gatos. -Vale, colócate entonces en la copa de ese pino joven y hablaremos. La urraca hizo de mala gana lo que se le pedía, y aposentándose en una rama saliente, alargó el cuello entre recelosa e intrigada, mientras no dejaba de vigilar a los dos felinos. -¿De qué, si puede saberse? Copy y Tigre le dieron la espalda desdeñosos. Puchi-Puchi fue directo al grano: -¿Has visto a los gatos azules? Glafira se quedó sin habla durante unos segundos, cosa rara en ella. Al cabo repuso nerviosa: -¿Por qué quieres saberlo? -¿Los has visto, sí o no? Ella aceptó a regañadientes. -Si. -¿Qué es lo que pasa con esos gatos? -No te entiendo. Puchi-Puchi hizo acopio de paciencia. -Quiero decir que por qué no se dejan ver por ahí. Glafira empezó a peinarse las plumas de un ala. -Será porque les gusta más su jardín. -¿Son adultos o cachorritos? -Adultos, una pareja, se llaman Nos y Mos. -¿Has hablado con ellos? -este era Tigre, quien, venciendo la antipatía que le inspiraba el pájaro, giró en redondo encarándosele. Copy le imitó curioso. -¡Claro que he hablado -repuso Glafira dándose importancia-, faltaría plus, yo soy una urraca muy sociable! -Lo que tú eres me lo callo -pensó Tigre. Puchi-Puchi intervino. -¿Por qué se esconden? -Que yo sepa, no hacen nada de eso, simplemente están en su jardín, en su casa, y tan felices. -¿De verdad son azules como se rumorea? -quiso saber Copy. La urraca, satisfecha de que le hicieran preguntas, se puso en plan cotilla. -Más azules que el cielo azul, y que conste que no los han teñido, son de una raza especial, que, por lo visto, es así. Sus amos los compraron en una tienda de super lujo y los tratan cuerpo de rey porque se ve que les han costado carísimos. Parecen dos bolas de terciopelo. Copy dijo, preocupado: -Tendríamos que ir a visitarles, en señal de buena vecindad. Si viven aislados es lógico que aún no hayan tenido tiempo de relacionarse con nuestra colonia y deben sentirse muy desplazados. Puchi-Puchi estaba mirando a Glafira en tanto Copy hablaba y pudo advertir como la urraca adoptaba una expresión algo huidiza que le trajo a la memoria a Duc y su extraño comportamiento. -Yo os aconsejaría que no fueseis -exclamó precipitadamente-. No son unos gatos muy sociables. Tigre estornudó con desprecio. -¿Y eso lo aseguras tú, que has estado hablando con ellos? ¡No tiene sentido! -Si lo tiene, no quieren que se les moleste, me lo confesaron... Son huraños. -Que no les molestases TÚ, debieron querer decir, ¡so charlatana! -se burló Tigre. Glafira se enfadó. -No desean que nadie meta las narices en su jardín porque son brujos -graznó con irritación. Los dos gatos y el yorkshire se quedaron sin palabras al escuchar aquel disparate. -¿Brujos? -articuló Copy, de lo más sorprendido- ¡Pero si las brujas no existen, Glafira! -¿Y eso lo afirmas tú, que eres un gato? -interpeló ella despectiva. -¡Porque soy un gato hablo así precisamente; ya estamos hartos de que se nos asocie con la brujería y la magia! ¡Si tú supieras el daño que esas mentiras nos hicieron en tiempos pasados, no hablarías tan a la ligera! Copy, un gato tranquilo donde los haya, estaba muy exaltado en ese momento. Tigre, que fruncía el ceño, no intervino haciéndolo Puchi-Puchi, quien aún continuaba sin encontrar respuesta a muchas incógnitas. -¿Por qué dices que son brujos, te lo han confesado ellos? La urraca se pavoneó. -No fue necesario. En el jardín tienen un estanque de piedra muy bonito y en el estanque hay ranas, yo vi que una saltaba al césped cayendo sobre el cestito de Nos y en el mismo momento, lo que duró el que me arreglase una pluma alborotada, cuando volví a mirar, la rana era AZUL... Muy a su pesar, los tres amigos quedaron impresionadísimos. ¡Ahí era nada, ranas azules! ¿Cuándo se había visto una cosa semejante? -¿Y qué pasó luego? -siguió indagando Puchi-Puchi, que no se daba por vencido. -Luego se acercó Nos y, agarrando entre los dientes a la rana azul, se metió con ella en el interior de la casa y ya no volvieron a salir. -¿Has presenciado más cosas raras de ese tipo? -Sí, cierta tarde que sobrevolaba la zona de Villa Florita, vi a Mos corriendo como un loco por el jardín y no en línea recta, sino dando vueltas en torno a un árbol muy alto y de tronco grueso que se levanta allí, en medio de un parterre. -¿Y qué tiene de especial? -comentó Tigre con fastidio- A los gatos nos gusta correr y saltar, no veo nada malo en ello. -¡Eso ya lo sé, que no soy tonta, pero no es normal que un gato corra alrededor de un árbol dejando a su paso una estela de chispas azules y verdes que se levantan convertidas en círculo o anillo, llamadlo como se os antoje, entorno al tronco!... ¿A qué no tenéis respuesta para eso, eh, incrédulos? No, no la tenían, y los tres amigos se quedaron sin palabras. De pronto el rumor de un ligero maullido, que resonó a sus espaldas, hizo que el yorkshire y ambos felinos, se volvieran sorprendidos, descubriendo entonces a Mimí y a Michi, las hermanitas de Punto, que estaban una muy junto a la otra temblando de miedo, sobre la pared de la tapia. Indudablemente habían escuchado la última parte del diálogo, ellas, que eran tan asustadizas. -¡Mami, mami! -¡Mami, mami! -¡Mira la que has organizado con tus tonterías! -gruñó Tigre malhumorado, mirando torvamente a Glafira. Topsy brotó de forma inesperada, saltando encima de la tapia. -Gatitas mías, ¿qué os pasa que estáis tan espantadas? -¡Mami, hay unos gatos malos que echan chispas... -... y se comen a las ranas azules, porque son brujos! Topsy se colocó delante de sus hijas, protegiéndolas. -¿Qué clase de cuentos de terror les habéis estado contando a Mimí y a Michi, no os parece que ya sois bastante creciditos para andar con esos juegos estúpidos? -y miraba furibunda a Tigre y a Copy, no así a Puchi-Puchi. Éste se vio obligado a abogar por sus amigos. -Perdona, Topsy, pero estás equivocada, nadie les ha contado nada, ellas han escuchado lo que no debieran. -¿Y qué ha sido? Brevemente, Puchi-Puchi se lo dijo y entonces a la que le tocó el turno de aterrarse fue a mamá gata. -¡Ay, ay, ay, los gatos azules, los gatos azules!... ¡Mi Punto estuvo hablando con los gatos azules! -¿¿¿QUÉÉÉ??? Exclamaron al unísono los tres animalitos, momento de estupor general que Glafira aprovechó para tomar las de Villadiego, huyendo de responsabilidades y compromisos, pero nadie se dio cuenta, de lo alterados que estaban los allí presentes. -¿Cu... cu... cuándo habló Punto con... con... con loss ga... ga... gatoss azuless? -tartamudeó Puchi-Puchi, arrastrando las eses, conmocionado por la noticia. -Anteayer, ¡Tigre tenía toda la razón; el muy irresponsable de mi hijo me acabó confesando que era verdad, que se escapó mientras yo hacía la siesta y que llegó hasta la casa de los gatos azules!... ¡Y había tenido el morro de mentirme el muy granujilla, cuando el otro día me dijo que se quedó dormido debajo de un matojo y que por eso no me oyó llamarle a merendar. Mimí maulló. -¡Punto es muy malo... -... y mami lo ha castigado un día entero sin salir al jardín! -maulló Michi. -¡Y no tomará postre en una semana! -remachó Mimí muy satisfecha. Puchi-Puchi estaba impaciente por saber cosas más importantes. -¿Te ha dicho de qué hablaron los gatos azules y él? -No, no me lo ha dicho -confesó Topsy pesarosa-, la verdad es que no ha tenido tiempo, porque en cuanto me ha confesado su travesura, le he dado una buena azotaina y lo he mandado a su cestito, castigado. Puchi-Puchi exclamó con voz ronca: -¡Topsy, tenemos que hablar con tu hijo inmediatamente! La gata miró en dirección a Copy y Tigre, muy asustada. -¿Qué es eso de que los gatos azules son brujos? Copy quiso arreglar las cosas. -Nada, nada, bobadas de Glafira, a la que le gusta alarmar al personal -dijo, pero no estaba lo que se dice muy convencido.
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