| CAPÍTULO II LO QUE DUC LE CONTÓ A PUCHI-PUCHI | |||
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Duc era guapísimo, uno de esos perros elegantes y aristocráticos, que parecen haber nacido para ganar siempre concursos de belleza canina. Esbelto, imponente, majestuoso, estaba tendido como una esfinge a la sombra de un grupo de árboles que contribuían a adornar el jardín. Puchi-Puchi tosió discretamente para hacerse notar cuando transitaba frente a la verja, lo que motivó que el galgo ruso estremeciese las orejas en aquella dirección y luego mirase lánguidamente. -¡Hola, Puchi-Puchi! -¡Hola Duc, ¿qué hay?! -Puess ya puedess ver, contemplando el paisaje para no variar. Duc tenía un marcado acento extranjero y arrastraba bastante las eses finales cuando hablaba. Puchi-Puchi sonrió cortés. -Si, eso veo, pero es un paisaje bonito. -Ess bonito y ess aburrido. Todo el día vess lo mismo. -Pero tus amos ahora ya te sacan de paseo por el parque. -No ess lo mismo, Puchi-Puchi... Oye, ¿por qué no entrass?... Puedess meterte por entre loss barrotess de la verja. -¿No se molestarán? -¿Papi y mami? -así llamaba el galgo a sus dueños- Ni pensarlo siendo amigo mío. Pasa Puchi-Puchi, pasa tranquilamente, que eress muy bien recibido. Puchi-Puchi no se hizo más de rogar, por otra parte tampoco abrigaba esa intención, y ágilmente se deslizó en el jardín de Duc, maravillándose de que las cosas sucedieran con tanta facilidad, de acuerdo a sus planes; incluso entrar en el territorio del galgo ruso ya se le antojaba todo un acontecimiento, puesto que por lo que él sabía, Duc no llevaba una intensa vida social. -Adelante, Puchi-Puchi, estáss en tu propia casa. -Gracias, muy amable. -Si quieress picar algo, a tu izquierda veráss un bol con galletitass, y, si tieness sed... -Ya, ya veo el bebedero. Puchi-Puchi se sentó sobre sus cuartos traseros, bastante impresionado por el hospitalario recibimiento, Duc, mientras, permanecía tendido con la cabeza levantada, altivo en apariencia, pero nada más que en apariencia, porque no era de esos perros tontos a los que se les suben los humos a la azotea. -Tu jardín es magnífico, Duc... ¡Cómo se ve que no es comunitario y lo tienes entero para ti! -dijo Puchi-Puchi con admiración, moviendo los ojos en todas direcciones. El otro suspiró melancólico. -Sí, no lo niego, pero aburrido, te lo estaba contando... Incluso la casa está apartada del camino y cuando pasa algún coche, se oye a lo lejoss... Estoy máss solo que la una y eso ess muy triste... Por aquí no pasa nunca nadie, nadie... Puchi-Puchi empezaba a deprimirse con tanta lamentación, y como era un perrito optimista por naturaleza, quiso cambiar el chip del diálogo y exclamó alegremente: -¡Hoy he pasado yo! -Si, y el otro día Glafira, la conocess, ¿verdad?, ess esa urraca parlanchina tan divertida... Ella viene a vecess y me cuenta cosass, pero no ess lo mismo... -¿Lo mismo? El galgo ruso se puso nostálgico, y, situando el morro entre las patas, volvió a suspirar. -Yo vivía en una granja dedicada a la cría de loss perross de raza... Nací allí, ¿sabess?... Tenía hermanoss y hermanass y amigoss, y a miss padress y a loss de miss amigoss y todoss éramoss felicess porque noss cuidaban muy bien... Lo que yo ignoraba ess que, al crecer noss vendían a loss cachorross, separándonos de nuestrass familiass... A Puchi-Puchi se le estaba formando un nudo en la garganta, y como era un yorkshire animoso, hizo de tripas corazón para no ponerse a llorar como una magdalena. -Eso es normal, Duc, yo también tengo padres y hermanos y un buen día, pues ¡zas!, me encontré en otra casa y con un amito que me quiere mucho, eso sucede al hacerse mayor... Es ley de vida. -De perra vida, querráss decir... -Y de gata vida y de... Duc cerró los ojos y exhaló un leve gemido. -Yo tenía una amiguita, se llama Galguina... -quedó mudo un instante, prosiguiendo luego- No la he vuelto a ver y la echo mucho de menoss, éramoss inseparabless... Supongo que también la habrán vendido... Puchi-Puchi empezaba a irritarse. -¿Es que no te tratan bien tus amos? -Claro que me tratan bien, como no tienen hijos y son gente mayor, me adoran, lo malo ess que hablamoss idiomass diferentes y aunque yo less entiendo a elloss, elloss no me entienden a mi. -Pues no te quejes; conozco otros perros que llevan una vida de ídem, y lo pasan fatal para comer caliente cada día, conque piensa que eres muy afortunado, Duc. El galgo ruso entreabrió los párpados, había hablado todo el rato con los ojos cerrados, como en sueños, y Puchi-Puchi descubrió que los tenía llenos de lágrimas. -Sí, soy muy afortunado -dijo con voz de funeral. En eso cruzó aleteando una mariposa de vivos olores y Duc exclamó en un insólito arrebato: -¡Ojalá fuera yo esa mariposa, o aquel gatito! Puchi-Puchi dio un respingo mirando alrededor de él. -¿Qué gatito? No veo ninguno. -Ess que ahora no está. Un poco más y el yorkshire estropea sus bien trazados planes, al preguntar con mal disimulado interés: -¿Y cuándo estuvo? -Hace varios díass, era un animalito simpático y completamente irresponsable, se coló en el jardín, me contó que se había perdido y encima se le antojaba todo muy cómico... -¿Te dijo cómo se llamaba? -No llegó a decírmelo, porque cuando fui a llamar a miss amoss, al volver, había desaparecido... Era tan alegre... ¡Igual ahora está muerto, atropellado!... -concluyó dramático. Puchi-Puchi le interrumpió autoritario, ya hasta la coronilla de tanto gimoteo. -¿Cómo era ese gatito? -Negrito, barriga blanca, patitass como si llevara calcetiness, y tenía un ojo azul y el otro dorado. -¡Glups -pensó Puchi-Puchi-, sin duda alguna se trata del golfillo de Punto! -Vaya, vaya con el gatito -dijo en voz alta. -¿Le conocess? -preguntó interesado Duc. -Tal vez, su descripción se ajusta a la del hijo de una amiga. El galgo ruso se estremeció, exclamando teatralmente: -¡Ha muerto! -No, que yo sepa: acabo de verle con su madre y sus hermanitas. -¡Desventurado, pronto le separarán de la familia! Puchi-Puchi se levantó, molesto de las continuas lamentaciones, aunque procuró disimularlo. -Bueno, Duc, creo que me tengo que ir, debo regresar a casa. Muchas gracias por haberme recibido en este bonito jardín. Procuraré volver otro día, para que no te sientas tan sólo... Y entonces sucedió algo muy extraño; al yorkshire le dio la impresión de que Duc, en vez de alegrarse ante la perspectiva de una nueva visita, se sentía fastidiado al máximo, como si la promesa no le hiciera ninguna gracia, vamos. -Será de raro el bicho este -se dijo Puchi-Puchi intrigadísimo-, en lugar de ponerse contento parece incómodo, para mí que está neura perdido. -Muchass graciass, pero no te creass en la obligación de venir si no puedess. Sé de sobrass que no soy una compañía divertida... Te acompaño hasta la puerta. -Por favor, no te molestes. -No ess molestia ninguna. Duc se levantó, inmenso al lado de Puchi-Puchi, suerte que éste ya se había olvidado de sus complejos, y gentilmente le escoltó hasta la salida, de lo que nuestro amiguito dedujo, pues no era tonto, que Duc lo que quería era estar seguro de que se iba, pero, en lugar de sentirse ofendido, su curiosidad creció enormemente frente aquel extraño comportamiento. El yorkshire ya estaba fuera del jardín, después de los parabienes de la despedida, e iba a reemprender el camino de vuelta, cuando, distraído, se fijó en una bonita casa de ladrillo rojo, ventanas blancas y macizos llenos de flores, que se alzaba al otro extremo de la calle, casi al final. -¿No es esa Villa Florita? Duc se puso tenso. -¿Por qué lo preguntass? -Por nada, he oído hablar mucho de ella desde que los gatos azules hicieron su aparición... -¿Qué gatoss? -preguntó sobresaltado el galgo ruso. -¡No me digas que no lo sabes!... Los gatos azules, si habla de ellos todo el mundo aunque nadie los ha visto todavía... Igual es un bulo que corre por ahí. -No sé nada- repuso hoscamente Duc. -Bueno -replicó jovial Puchi-Puchi-, tampoco es importante... Ciao, Duc! Puchi-Puchi empezaba a alejarse con su trotecillo característico, cuando la voz del galgo ruso le llegó en la distancia, y no gemebunda ni plañidera precisamente, sino tenebrosa y amenazadora: -Dile a ese gatito amigo tuyo, que no vuelva a escaparse, no debe abusar de su buena estrella...
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