CAPÍTULO I UN GATITO TRAVIESO

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio-¿Qué tal, señor Puchi-Puchi?

-¡Hola, señor Puchi-Puchi!

-Dando un paseito, ¿eh, señor Puchi-Puchi?

-¡Encantado de verle, señor Puchi-Puchi!

-¡Toti, Lacy, Kolmi, Dogui, saludad al señor Puchi-Puchi!

-¡Guuuuau, guaaaau! Puchi-Puchi, viejo camarada, ¿qué te cuentas de nuevo?

-¡Mirad, mirad, hijitos míos, ese yorkshire que pasea solo, es el señor Puchi-Puchi, de quien tanto habéis oído hablar!...¡Es el perro más valiente del lugar y el más listo!... Cuando vosotros apenas habíais abierto los ojos, él nos salvó a todos de un monstruo horroroso que estaba haciendo mucho mal en este pueblo...

-¡Miu, miu, que miedo, mami!

-¡Mie, mie, vámonos a casa mami!

De los tres pequeñines que acompañaban a su madre haciendo equilibrios sobre la corta tapia del jardín comunitario, dos gatitas, blanca la una, parda la otra, el tercero, un gatito completamente negro, menos barriguita, patas y morrito que eran blancos, resultó ser el más temerario, pues saltó elásticamente hasta quedar plantado en la acera, cortándole el camino a Puchi-Puchi.

-¡Punto -maulló sobresaltada mamá gata-, no seas tan tremendo, vuelve enseguida junto a tus hermanas Mimí y Michi!

-¡Tranquila, Topsy -dijo moviendo alegremente el rabito nuestro amigo Puchi-Puchi-, ya se sabe como son los cachorrillos, pero no sufras por Punto, que no le va a pasar nada malo estando yo aquí!

-Eso ya lo sé, señor Puchi-Puchi, de sobras, vamos, pero no quiero que se acostumbre a hacer siempre de las suyas... ¡Punto, ahora mismo te estás metiendo en el jardín por debajo de la puerta de madera y no vuelvas otra vez a desobedecerme!

Punto miró de reojo la cercana portezuela de madera pintada de blanco, decorativa y no protectora, que permitía el acceso a Villa Rosales, lugar en donde vivían los tres hermanos junto a su madre, y se desperezó con un bostezo, fingiendo que lo que le decían no iba con él.

-¡Punto, hijo, no seas grosero, y entra enseguida en el jardín! -chilló Topsy muy enfadada.

Puchi-Puchi frunció el ceño preocupado, no le gustaban los cachorros desobedientes porque sabía a los peligros que se hallaban expuestos.

-Punto -dijo muy serio-, haz el favor de obedecer a tu madre y meterte por debajo de la puerta.

-¡Miau, señor Puchi-Puchi, yo no hago nada malo, sólo quería conocerle, porque he oído hablar de usted al señor Tigre y al señor Copy y tenía muchas ganas!

Puchi-Puchi hubo de hacer un esfuerzo para no reírse ante la carita compungida de Punto.

-Bueno, muchacho, pues ya me has visto, así que ahora vuelve a casita.

-¡Has escuchado al señor Puchi-Puchi, ven inmediatamente o de lo contrario mamá te castigará sin postre esta noche!

Punto, parpadeando, le susurró a Puchi-Puchi:

-No me gusta el postre de Delicias Especiales... -y con su voz normal- ¿Sabía usted que mi tía abuela Cuki posó para la fotografía de la etiqueta de la tarrina? -sin esperar respuesta, dio media vuelta, escurriéndose ágilmente entre los listones de la puerta de madera que se alzaba a un palmo del suelo.

Puchi-Puchi movió la cabeza como diciendo: "¡esos chicos!", y luego de despedirse de Topsy con un educado ¡guau, guau!, prosiguió lentamente su paseo entre los amistosos saludos de cuantos animalitos se iba encontrando. Tal era el precio de la fama que tenía que pagar desde que la casualidad le convirtiese en héroe local. Y no es que le disgustase, no, ni mucho menos, pero a veces le daba un poco de vergüenza el verse agasajado y jaleado como un gran personaje. Lo que él había soñado toda su vida, que le reconocieran los méritos, y ahora podríamos decir que se le subían los colores a la cara, si ello fuese posible en un perro, cada vez que le dirigían la palabra dándole muestras de admiración, fuesen exageradas o no.

-Después de todo -reflexionaba Puchi-Puchi-, yo sólo hice lo que debía, y no actué solo... -pero, en el fondo de su corazoncito, se esponjaba de satisfacción, que no de vanidad, eh, por haber cumplido con su deber.

Alguien graznó encima de su cabeza.

-¡Desde que te has vuelto célebre, no hay quien te tosa, Puchi-Puchi!... Ahora que ya eres todo un héroe, hasta te permiten pasear solito como Pedro por su casa... ¡Vaya, vaya!

Se trataba de la urraca Glafira, vieja conocida de todos.

Puchi-Puchi iba a replicar cuando otro personaje entró en escena: era Tigre, el gato callejero, quien se encontraba en esos momentos camuflado en medio de las ramas de uno de los árboles que sombreaban la avenida residencial.

-¡Siempre que intervienes tú, hay problemas, así que cierra el pico, plumero con patas!

La urraca se había detenido, a prudencial distancia del gato, sobre la copa de otro árbol, y empezó a espulgarse queriendo indicar con ello que estaba de lo más ocupada como para prestar atención a las indirectas.

-Si, disimula, disimula.

Puchi-Puchi, recordando el papel tan importante que había jugado Glafira en su primera aventura, decidió mediar conciliador.

-Déjala en paz, Tigre, que si no llega a ser por ella, todavía estaríamos haciendo indagaciones y volviéndonos locos sin encontrar una pista.

-Si, y eso casi te costó a ti el pellejo, no lo olvides.

La urraca se sacudió el polvo de las plumas dando por concluido su acicalamiento.

-Bueno, yo me voy, que se me hace tarde. Adiós amigos.

-Adiós -dijo Puchi-Puchi.

-¡Fuuuu! -bufó Tigre poniendo cara de asco.

La vieron marcharse agitando sus alas negras que parecían un garabato sobre el cielo azul.

-No seas tan duro con Glafira.

-Glafira. ¡vaya nombre más ridículo!... Desde luego, Puchi-Puchi, eres tan buenazo que intimas con cualquiera, pero te digo yo que no te conviene conservar a esa urraca entre el círculo de tus amistades, es una metomentodo y siempre está llevando y trayendo chismes, que si esto, que si lo otro... ¡Se me antoja a mi, que aparte de robar cucharillas de plata, poco trabajo tiene el pajarraco ese!

-¡Vale, vale!

Topsy apareció otra vez sobre la tapia del jardín.

-¡Muchas gracias, señor Puchi-Puchi, se ve que le ha causado usted una gran impresión a Punto, porque me lo ha dejado muy modosito, gracias, gracias!... ¡Hola Tigre!

-Hola, Topsy, ¡ah!, oye, y a propósito, hablando de Punto, tu travieso gatito, te lo quería decir... ¿Sabes que me han contado que lo pescaron anteayer merodeando por los alrededores del chalet en donde antes vivía el basset tricolor, sí, aquel que se escapó y aún no ha vuelto?.. Esa casa Villa Florita, conocida ahora por los famosos gatos azules, a quienes, por cierto, todavía es hora de que los haya visto alguien...

A Topsy poco le faltó para desmayarse del susto.

-¿Mi Punto fue tan lejos?...¡Eso si que no puede ser; nunca hasta hoy ha salido del jardín comunitario!... Es un gato chiquitín... ¡Imposible que se haya ido tan lejos, imposible!... Se habría perdido... No conoce las calles, no conoce nada del pueblo... ¡Ese es un vil infundio, una calumnia, una mentira, no me lo creo, no me lo creo!... ¡Miau, miau, marramiau!  

Daba la impresión de que le iba a dar un ataque de nervios, y Tigre se sobresaltó.

-¡Venga Topsy, no te pongas así, que quizás no ha sido Punto sino otro gatito!... Pero si ha sido Punto, pues ha vuelto, ¿no?

-¡Vaya un consuelo, Tigre, que ha vuelto, dices!... ¡Cómo se ve que tú no tienes hijos!... ¿Y si un día se marcha y no vuelve, lo mismo que Puk, el basset?... ¡Me voy adentro y estoy dispuesta a sacarle la verdad aunque le tenga que dar una buena tunda a ese bribonzuelo!

-Topsy... -empezó a decir Puchi-Puchi, pero ya la atribulada gata había desaparecido.

El perro y Tigre se miraron preocupados.

-¡Guau, guau, grrr!... No me gusta nada este asunto -aseguró Puchi-Puchi-, porque de ser cierto lo que te han contado, Punto corre muchos riesgos.

-¡Un cabeza hueca, eso es lo que es!... Mira, Puchi-Puchi, todos fuimos cachorros, unos con más suerte que otros, y hemos hecho tonterías, hemos sido temerarios y todo eso, pero al primer chasco aprendimos la lección, vamos si la aprendimos... Yo, a los tres meses, ya me buscaba la vida entre los cubos de basura y en cuanto me tropecé con unas ratas pandilleras, ni se me ocurrió plantarles cara, vamos... Pero ahora la juventud crece de otra manera, les falta malicia, y así les va como les va, al menos en este barrio elegante donde todos son hijos de mascotas muy bien criadas... Y Punto es producto del ambiente: inexperto, caprichoso, con el agravante de la curiosidad, que ya conoces el refrán...

-Si, la curiosidad mató al gato.

-Eso mismo.

-Tal vez no sea Punto -sugirió esperanzado Puchi-Puchi.

-Tal vez, pero yo creo que si que lo es, por las referencias.

-¿Quién te lo dijo?

-Duc, el galgo ruso, ya sabes, ese que tiene fama de antipático porque es muy callado, pero de antipático nanay, es tímido, sólo eso.

-¿Qué te contó?

-Me dijo que había visto a un gatito negro de barriguita, patitas y morrito blancos, que, para más señas, tenía un ojo azul y otro dorado... Si ese no es Punto, tú me dirás quién pueda ser...

(Porque, en efecto, Punto tiene un ojo azul y otro dorado, ¿no os lo había dicho ya? ¡Caramba, vaya despiste!)

-¡Pues tienes toda la razón, no hay otro igual a Punto en este pueblo! ¡Menudo problema, mecachis!... ¿Y qué es lo que podemos hacer?

-Tendremos que coger a ese bribonzuelo aparte y hablarle en serio... Sin que lo sepa Topsy, claro, que bastante soponcio se ha llevado ya la pobre.

En esas aparecieron por la tranquila calle residencial, dos cachorros de cocker spaniel, creciditos, que iban saltando y mordiéndose juguetonamente, pero en cuanto vieron a Puchi-Puchi frenaron en seco corriendo hacia él alborozados.

-¡Señor Puchi-Puchi, señor Puchi-Puchi, no se le olvide lo que prometió, aquello de que en su próxima aventura nos llevaría con usted!

El dueño de los perros, un señor mayor, obeso y calvo, llegó a la carrera resoplando detrás de sus mascotas.

-¡Leal, Fiel, sois de lo que no hay, os quito la correa y escapáis al galope, suerte que a esta hora no pasan coches, que si no... ! ¡Caramba, pero si aquí tenemos a Puchi-Puchi, el gran héroe de cuatro patas!

El buen señor hizo un esfuerzo al agacharse para acariciar la cabecita del yorkshire.

-Hola perrito, ¿ya saben tus amos que estás de paseo?

Puchi-Puchi agitó alegremente su diminuto rabo y ladró amistoso.

-¡Guau, guau, grrr!

-De acuerdo, seguro que lo saben, cuídate, Puchi-Puchi... Y vosotros dos, venga, vámonos a casa que ya me habéis hecho trotar bastante.

Leal y Fiel ladraron roncamente mientras se alejaban entre cabriolas:

-¡Hasta la vista, señor Puchi-Puchi!

-¡Adiós, pequeños! -dijo éste paternalmente, y Tigre tuvo que disimular una sonrisa gatuna, porque al lado de los spaniels, su amigo resultaba un pigmeo.

-Veo que has hecho promesas temerarias de las que pronto te arrepentirás.

Puchi-Puchi tuvo una mueca de fastidio.

-Si, lo sé, pero es que se pusieron de lo más pesado la otra tarde y había que decirles algo para que se callaran... Esos chicos se creen que ir de héroe por la vida es un oficio y no una casualidad.

-Pues ya verás la que te espera con los hermanitos... Y volviendo a Punto, ¿te parece buena la idea de darle un rapapolvo?... Pensándolo bien es meterse donde nadie nos llama. 

Puchi-Puchi se quedó pensativo y luego dijo:

-¿Sabes?, hay que hacer algo para evitar males mayores, pero soy partidario de hablar primero con el galgo ruso y enterarme bien de lo que vio y a quién -como advirtiese que Tigre se mosqueaba, añadió precipitadamente- No es que dude de tus palabras, ni mucho menos, ya que seguro que se trata de Punto, pero he de saber más...

-Si quieres, vamos ahora. Te acompaño.

-No, Tigre, prefiero ir solo; si vamos los dos empezaremos a dar demasiada importancia al asunto y puede que hagamos una montaña de un grano de pienso.

Tigre, que iba a protestar, cerró la boca. Él no era un gato picajoso y la existencia callejera que llevaba le había hecho muy sensato.

-Sí, creo que tienes razón, si empezamos a armar jaleo, podemos desorbitar las cosas y hacer mas mal que bien... De acuerdo, ves a verle y ya me contarás...

Puchi-Puchi estornudó satisfecho y levantando con determinación su cabecita, fue contoneándose calle abajo, rumbo al jardín de Duc, el precioso galgo ruso.

 

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