| 12. MI CASA, MI REINO | |||
|
|
|||
|
Miau, miau!, -maulló la Reina Bruja en mi oído- ¿qué me dices ahora, te arrepientes de haber venido? Yo me sentía muy aturdido y sólo atiné a murmurar tontamente: -Esto no será como la televisión, ¿verdad? La Reina Bruja sonrió con desdén. -Merecerías que lo fuera... Para ser un periquito azul del amor, a veces eres sorprendentemente hortera, Petrusky... Anda, continúa mirando, si quieres. Le hice caso y en la cuarta ventana, la del sur, vi lo que sigue: Era la ventana del Presente-Futuro, y, bueno, al principio no se veía absolutamente nada, algo así como una niebla gris, que luego se fue aclarando poco a poco abriéndose por el centro como un punto redondo que se fuera dilatando y la niebla quedó espesa en forma de marco rizado entorno a la imagen y en la imagen pude ver a tres personas a las que conocía muy bien, Papá, Mamá y la Niña, y, ¿podía acaso faltar?, a mi “buena” amiguita Lilí. Todos entorno a la pequeña mesa redonda del mirador, como si allí hubiese algo que les llamara mucho la atención. Por el suelo andaban mi bastidor y jaula revueltos, ésta última con la puertecilla desencajada a causa del trompazo, y muy cerca, también caído, el paisaje de Papá con un pequeño agujero sobre la cordillera de las montañas multicolores. Lilí se paseaba por la mesa entre coletazos nerviosos de su larguísimo rabo, yendo y viniendo mientras de vez en cuando husmeaba algo que la barrera de los cuerpos de mis amos me impedía ver, hasta que la Niña se apartó y entonces descubrí que era aquello que les llamaba tanto la atención... ¿Lo adivináis?... ¡Bingo! Pues si señor, ahí estaba Petrusky, yo mismo, rígido y con los ojos cerrados y luciendo un apestoso manchurrón de pintura mezcla de azul, rojo, lila y naranja ensuciándome la pechuguita y parte de mis patitas... -¡Miau, miau! -maulló de nuevo la Reina Bruja-, esto si que no te lo esperabas, ¿verdad? ¡Claro que no me lo esperaba, nadie espera asistir a su propia defunción en plan de espectador! Y de pronto empecé a escuchar las voces de mis queridos amos. La Niña: -¡Parece que respira!... Mamá: -¡Estos bichitos son tan frágiles!... Papá: -¡Ay Lilona, Lilona -cuando se la pescaba en alguna maldad la llamaban así-, es que eres un auténtico diablillo!... Y Lilí: -¡Meu, meu, meu! Pero levantando su cabecita blanca y parda, me miró a mí directamente y no a mi otro yo desvanecido sobre la mesa del mirador. Sus lindos ojos verdosos parecían entonces dos cuentas de azabache. Vi como arrugaba el hociquito y en una mueca que era imitación de la sonrisa de los humanos, oí que decía en ese lenguaje universal que empleamos los animales para comunicarnos entre nosotros: -¿Te das cuenta de lo poderosa que soy? Yo di un respingo y miré hacia la Reina Bruja, ya que me había parecido escuchar su voz... La Reina Bruja no estaba... Entonces sentí la llamada de mi familia, ¿acaso no lo eran? -¡Petrusky! -¡Petrusky! -¡Petrusky! Cerré los ojos porque de repente me sentí aturdido. Al abrirlos... Al abrirlos me hallaba otra vez en casa -mi casa, mi reino, mejor y más bonito que el de cualquier cuento maravilloso-, despatarrado sobre el tapete de la mesa, pintado a medias, con un coscorrón en la cabeza, y mareado igual que si hubiera estado dando vueltas subido en un Tío Vivo, (bueno, este es el ejemplo que al menos dan las personas, ¿no?) -¡Ha recobrado el conocimiento -gritaron todos alborozados-, Petrusky está vivo! Lilí aposentó sus ancas en un ángulo de la mesa comenzando a lamerse parsimoniosamente la patita derecha, yo parpadeé aliviado; ¡había vuelto a casa! Rodé sobre mi mismo y me puse en pie a trompicones. La Niña me cogió entre sus manos y me dio un beso en la cabecita. Mamá dijo: -¡Esto hay que celebrarlo! Y Papá, muy práctico, cosa rara en él, la verdad: -¡Le compraremos una pajarera a Petrusky, de esta forma ya no habrá más accidentes! Lilí alzó la carita con sorpresa, luego ronroneo suavemente. La Niña indicó: -Lilí parece contenta de que Petrusky se haya salvado. Papá la contempló con interés. -A saber lo que piensa un gato... De todas formas, sí, creo que tienes razón, se la ve como satisfecha de que el bueno de Petrusky no haya pasado a mejor vida. Mamá cogió a Lilí con ambas manos y la sostuvo en alto, la gata y ella se observaron fijamente y estando así Mamá exclamó de improviso: -¿Sabéis una cosa?, se me acaba de ocurrir una idea para un cuento precioso... Petrusky no ha estado inconsciente sino que ha entrado en el paisaje de Papá y ha vivido mil y una aventuras en un mundo mágico... gracias a Lilí que es una pequeña hadita traviesa... - dejó al gato en el suelo- Estoy convencida de que de ahora en adelante, Petrusky y Lilí serán muy buenos amigos... (Prefiero no revelar mis pensamientos). Lilí, que comenzaba a alejarse con porte muy digno en dirección a la puerta del jardín, el rabo erguido como un signo de interrogación, se volvió, mirándome con picardía, y me dijo sólo a mí, aunque Papá, Mamá y la Niña, creyeron que maullaba: -¿Quién se atrevió a dudar de mis poderes mágicos?, ¿tal vez vos, Sir Petrusky? ¡Oh, no! Epílogo Y este cuento se acabó... por ahora. ¡MIAU! |