| XXI CAPÍTULO (1) | |||
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Había mucho que contar y mucho que escuchar y todos sin excepción, se hallaban deseosos de oír, mientras que la principal protagonista sólo quería explicarse delante del rey Finvanna, que a fin de cuentas era quien tenía que perdonarla, el que hubiera hecho uso de dones que no se podían utilizar así como así, por muy justificado que fuera el empeño. Pero como el lugar, presidido por la encendida presencia del castillo de fuego, no era del agrado de nadie en vista de los últimos acontecimientos, todos prefirieron marchar a sitio más de su acomodo, en este caso al Valle de las Reuniones que era en donde solían congregarse los Daoine Sidhe cuando el evento lo precisaba. Ahora bien, abandonaron el lugar no sin antes haber convertido el castillo de Loegaire, de llameante, en brasa cubierta de ceniza, rescoldo que esperaría tiempos mejores, como rubricaron las palabras del venerable Midir, poniendo el epílogo a aquel episodio sin precedentes: -Torres, almenas y muralla, yacerán bajo la ceniza como los objetos de una casa abandonada se ven cubiertos por el polvo, brasa ardiente dormida, ejemplo para muchos si algún mal pensamiento les invade, sólo este castillo de fuego volverá a ser el que era cuando, quien fuese su dueño, se halle limpio de corazón y pensamiento y pueda regresar con nosotros. -Así sea –corearon solemnes todos los presentes. En el Valle de las Reuniones, Eliande narró su historia en la que también intervenía el príncipe transformado en unicornio, y como recordaréis que a los habitantes de los Países del Mundo Mágico, les chifla el que se las cuenten, el auditorio, lo que se dice muy bien dispuesto, rodeó en un amplio círculo a la hermosa hada y atendió, sin interrupciones, hasta el final. Eliande tuvo que explicar la aventura desde un principio, pero como nosotros ya la conocemos, pues no en balde hemos estado leyéndola todo este rato, vamos a saltárnosla, atendiendo únicamente al desenlace que es del que no sabemos nada en absoluto, ¿vale? -... cuando me alejé del lugar en el cual quedaba Cally Berry, ya sabía lo que tenía que hacer puesto que había recobrado la memoria por una parte, y, por otra, los consejos de la más anciana de las hadas, me precavían contra las asechanzas de Loegaire... No debía ayudar a nadie por muy apurado que estuviese y con nadie debía hablar, ya que el mago se hallaba dispuesto a todo con tal de apresarme... Recomendación que me entristecía mucho porque como todos sabemos, el deber de un hada es ayudar a aquel que lo necesite. Iba yo caminando, pues, dispuesta a no ver ni a oír lo que fuese, por muy evidente que resultara, cuando hete aquí que al acercarme a un claro encontré dormido junto a una fuente de aguas cristalinas, a un precioso unicornio blanco como la nieve, pero yo, que tengo ojos de hada, descubrí enseguida que no se trataba de tal unicornio sino del hermano de mi ahijada Deirdre, el joven príncipe rebelde, y, contenta por haberle hallado y como él no me había pedido ningún favor ni podía dirigirme la palabra, no tuve reparo alguno en despertarle rogándole que me acompañase el resto del camino ya que de esta manera evitaba el que volviera a fugarse y también me hacía compañía, petición a la que el príncipe accedió de buen grado lo que me llenó de alegría porque era indicio de que su carácter se estaba amansando. Caminamos bastante ya que recorríamos un camino muy largo, pues habéis de saber que yo me dirigía a la morada de uno de los primeros magos de los tiempos más lejanos, no diré el más sabio de todos pero sí uno de ellos, y el único que podía revelarme la incógnita que empezó a inquietarme desde el momento en que decidí hacer cuanto en mi mano estuviera para solucionar el problema de la inmortalidad de Brannan el héroe –al oír aquello Finvanna frunció el ceño pero Midir esbozó una leve sonrisa-. Sé que hice mal, ¡oh rey y señor!, que no debía ni haberlo pensado, mas sucedió, mucho antes de que llegásemos al punto de dirimir la cuestión de mi boda por medio de un torneo de ajedrez, que, sin saberlo, yo había hecho algo que podía o, solucionar la cuestión o tal vez empeorarla todavía más... Aunque en mi descargo debo decir que en esos momentos obré totalmente ajena a aquello que podía desencadenarse. Hizo una pausa mientras en el rostro de todos los presentes se pintaba la más viva extrañeza ante semejantes enigmáticas palabras, pues habéis de saber, que, en el mundo de los Daoine Sidhe, no pueden leerse enteramente el pensamiento los unos a los otros. -Recordaréis –prosiguió el hada-, como salvé la vida de Brannan cuando lo recogí muy malherido después de su combate con el dragón... Tan malherido se hallaba que incluso mis cuidados no lograban el devolverle la salud, hasta el punto que no me quedó otra solución sino la de recurrir a cierto olvidado libro de magia guardado dentro de un viejo cofre, tan viejo, que permanecía semi oculto en un corredor no ofreciendo más interés que el sus hermosos herrajes de metal. En este libro, cuyas páginas eran de pergamino manchado por el paso del tiempo, hallé la solución al problema: debía fabricar una poción llamada “Agua de la Vida” que devolvía la salud, alejando para siempre a la muerte... Hice la poción, se la di a beber a Brannan y él curó... Lo que vino después ya es más que sabido y no voy a volverme a referir a ello otra vez, pero, cuando empecé a cavilar en una posible solución a la inmortalidad del que deseaba convertir en mi esposo, comprendí de improviso que algo había tenido que suceder cuando le devolví la salud, porque, recordé, en la fórmula de la poción se subrayaba que ésta sanaba “alejando para siempre a la muerte”... ¿Cómo pude no comprender lo que semejantes palabras entrañaban?, mi única disculpa es que estaba muy preocupada por el héroe legendario a quien veía empeorar con cada nuevo amanecer y eso yo, que soy un hada con la misión de ayudar a los demás, no podía consentirlo... Una vez que hube ganado el torneo de ajedrez, todo lo olvidé por causa de las maquinaciones de Loegaire, pero algo golpeaba la puerta de mi memoria deseando salir al exterior... Sucedieron muchas cosas, ya lo sabéis y luego que gracias a Calle Berry se rompió el maleficio, pude, siguiendo sus consejos, hacer lo que debía haber llevado a cabo mucho tiempo atrás... Partí, pues, en busca del mago que había escrito ese volumen en páginas de pergamino amarillento `porque él era el único que podía aclararme el misterio de una frase escrita... Ya sabéis como nosotros, la buena gente, los Daoine Sidhe, damos toda su importancia a la fuerza de la palabra o a la palabra escrita al no ignorar que el sonido, o sus manifestaciones, siempre han sido herramienta de creación; una palabra mal interpretada o mal dicha puede variar un mundo, y eso no lo ignoramos. Llegué con el príncipe unicornio a la gruta en donde reside el mago objeto de nuestro peregrinaje y éste ya me aguardaba en el umbral, apoyado en un nudoso bastón de roble por el que trepaba el muérdago . -Sé a lo que vienes –me saludó-, quieres saber si lo que leíste es cierto o te has confundido. -Así es, en efecto, sabio mago, se trata de una cuestión de matiz muy leve, pero que puede transformar la existencia de Brannan y la mía, si, como sospecho, es benévola sentencia. El mago me hizo pasar al interior de la gruta y me llevó frente a una pared en la que se hallaban escritas multitud de fórmulas mágicas, y entre las que destacó, señalando con su bastón, una de ellas, cuyas letras, como las demás, fosforecían en la penumbra, entonces pude leer sin el menor asomo de duda: “El Agua de la Vida devuelve la existencia aun en los casos más desesperados, ya que aleja a la muerte hasta el extremo de que ésta nunca retorna y como la muerte lleva siempre consigo un séquito en el que se integran sus cortesanos, la enfermedad y la vejez, estos también marchan con ella no regresando jamás... ” Eso fue lo que leí para gozo de mi corazón, que no me engañó cuando me hizo sentir el presentimiento de que podía salvar a Brannan sin haber faltado a las leyes del pueblo de las colinas... Luego regresé, encontrándome, al llegar a Knockma, con la noticia de que en el castillo fronterizo de Loegaire estaba teniendo lugar un combate singular, pero eso ya lo sabéis.
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