| XV CAPÍTULO | |||
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El siniestro castillo del ogro Phadrig se recortaba contra el horizonte en la lejanía, cuando el sol llegaba a su cenit. Los expedicionarios hicieron un alto entonces, ya que llevaban toda la noche sin detenerse ni siquiera un segundo, Macilento y Travieso porque en verdad no necesitaban descanso, Kunal porque no le quedaba otro remedio, Biddy porque se había aposentado entre las orejas del unicornio y ahí permanecía tan cómoda, el cuervo porque alternaba los revoloteos de inspección con el hombro de Brannan el héroe, y éste último porque no sentía el cansancio, afanoso en rescatar cuanto antes a su amada Eliande. Mas era medio día y los hechos relatados acaecieron la víspera, ¿llegarían a tiempo para salvar a la prisionera? La verdad es que todos se temían lo peor aunque nunca lo hubieran admitido públicamente. Al ver el castillo, lo que ya significaba entrar en contacto con algo tangible, después de haber ido a ciegas durante varias jornadas, Brannan decidió detenerse unos instantes con objeto de reparar fuerzas, preparándose para el asalto final: entrar en la fortaleza y salvar a su dama. Mientras descansaban, lo que es un decir, todos dieron su opinión acerca de cual podría ser la mejor estrategia a seguirse; Biddy, que había cambiado la cabeza del unicornio por la de Kunal resguardado siempre bajo su parasol, opinaba que mejor sería esperar a la noche, el Caballero Macilento, que lo procedente era retar en duelo singular al ogro junior, Travieso, que él se hallaba dispuesto a entrar dentro del castillo al colarse como una sombra –lógico-, ayudando a Eliande a escaparse, Kunal por su parte se ofrecía para hacer lo que fuese con tal de ayudar, y Hywel, siempre práctico, que él efectuaría una detallada ronda que le permitiese ver como estaban las cosas, pasando el parte después. Brannan les escuchó en silencio, abrumado por la solicitud de sus compañeros, y luego dijo: -Gracias, muchas gracias, sois los mejores amigos del mundo... Yo sé como introducirse en el castillo del ogro, porque ya lo hice en otra ocasión; existe un pasadizo secreto que se abre en la falda de la montaña y llega debajo mismo del sitial de Phadrag... Bien, ahora supongo que será de su hijo... La primera vez entré en el castillo de noche y el ogro dormía, pero hoy las cosas son diferentes ya que el tiempo que corre es precioso... Podemos ir por el pasadizo aunque sólo uno tiene que ser el que se asome con sumo cuidado... -¡Ese soy yo! –afirmó convencido, y muy contento, Travieso. -Bien, sea... -¿Y yo? -¿Y yo? -¿Y yo? -¿Y yo? Exclamaron los demás con visible desencanto, incluyéndose en la protesta hasta el unicornio con su relincho. A lo que Brannan el héroe, que siempre había llevado a cabo sus gestas sin más ayuda que la de su fuerza e ingenio, no supo que replicar durante unos instantes, pero luego encontró la solución, puesto que no estaba en su ánimo desairar a nadie. -Veréis, lo vamos a hacer de la siguiente manera, y de tal suerte, todos participaremos... Propongo que Hywel, según su misma idea, vuele sobre el castillo y lo que vea y pueda escuchar, eso nos contará, el gnomo Kunal después, con Biddy, abrirá marcha por el túnel, ya que los ojos de las lechuzas están avezados a la oscuridad y Kunal conoce muy bien el mundo subterráneo, pues ha transcurrido mucho tiempo desde que capturé al ogro Phadrag y en el pasadizo pueden haber habido derrumbes... -¡Bien, bien! –corearon todos, dando muestras evidentes de gran satisfacción. -... en cuanto al Caballero Macilento, pienso que sería mucho más oportuno que esperase a la entrada del túnel, ya que el pasadizo es muy estrecho, aguardando las noticias que Hywel vaya a traerle, una vez estemos dentro del castillo, entonces puede subir a lomos de su brioso corcel y ayudarnos en lo que sea menester... El unicornio relinchó interrumpiéndole. -Príncipe –dijo gratamente impresionado Brannan-, comprendo que también quieras participar en la empresa, pero será mejor que te quedes aquí con el Caballero Macilento a la espera de las nuevas que os traiga a los dos Hywel. El unicornio hizo gesto de querer encabritarse, pero se lo pensó mejor y desistió. Conque, todo arreglado. Hywel partió raudamente hacia el castillo no tardando mucho en volver la mar de excitado ya que en tan poco tiempo se había enterado de montones de cosas. -¡El castillo parece completamente deshabitado, claro que no me he entretenido en ir mirando aposento por aposento, sin embargo, tampoco se escucha el más mínimo murmullo, no se vislumbra a nadie, a ningún servidor... -¡Pero, Hywel, ¿cómo va a tener servidores un ogro?, seguro que le sirven de aperitivo! -... a ningún servidor –repitió con firmeza el cuervo molesto por la intromisión de Travieso-. Lo que me ha forzado a reflexionar que igual el ogro ha salido dejando a Eliande a buen recaudo!... De todas maneras he realizado mis pesquisas preguntando a alguna que otra ave, como siempre hago cuando me interesa encontrar lo que busco, y en esta ocasión también a algunas ardillas, saltarinas liebres y diligentes ratoncillos. El resultado es que... -¿Saben en dónde se halla mi bien amada Eliande? -No, héroe Brannan, lo siento, pero me han dado una valiosa información que puede sernos muy útil... Phadrig es hijo único y su padre no le tenía ninguna simpatía porque lo consideraba bastante torpe y bobo... -No me extraña –comentó Kunal en voz baja. -... pues por lo que me han contado, Phadrig es maestro en hacerlo todo del revés y, por consiguiente, nunca consigue nada que llegue a buen término... ¡Fijaos si es torpe, la deshonra de la familia, que jamás se ha comido a nadie aunque fanfarronee asegurando todo lo contrario! -¡Jo, lo que se dice el garbanzo negro de la casta ogril! Hywel miró de través al muchacho. -Te agradecería mucho que no me estuvieses interrumpiendo constantemente... –indicó con severidad. -¡Oído cocina, vale, ya me callo! -Como iba diciendo, ese Phadrig es bueno para nada, lo que me hace suponer que fuesen cuales fueren sus proyectos a propósito del hada, lo habrá enredado todo de tal manera, que aún estarán por lograr. Nadie dijo nada, pero todos se quedaron preocupados, y fue Biddy la que, sin proponérselo, dio en la diana. -Lo que no acabo de entender es cómo un ogro sabe tanto de magia ... Que yo haya escuchado, los ogros nunca se han distinguido en el arte de las hechicería, ¿verdad?, y siendo éste es tan torpe... Un denso silencio envolvió a los expedicionarios; lo que Biddy acababa de decir no era ninguna bobada. Brannan se levantó de un salto. -¡Subamos cuanto antes al castillo! –exclamó dominado por una gran inquietud.
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