“LA PLUME”
Sucedió un día en una ciudad cuyo nombre no hace al caso, que quien fuera vio revolotear por el cielo, a ras de árboles, algo que se le antojó como un papel blanco, y para él, personaje anónimo, ahí quedó en papel blanco... Pero otro, u otra, dio en verlo pájaro blanco, insólito, desconocido y pronto se corrió la voz por toda la ciudad de que revoloteaba por encima de los tejados un pájaro al que nadie había visto nunca, un pájaro grande y blanco cuyas alas batían sin ruido, un pájaro de larga cola, que llevaba un curioso penacho de plumas sobre su cabecita. Y la gente se complació en describirle sin haberlo visto jamas e incluso se llegaron a publicar retratos robots suyos en los magazines de la prensa dominguera. Pero nadie más que contados le habían atisbado en realidad, o le habían creído ver. Hasta que una tarde, y a considerable altura, comprobaron que volaba sobre la plaza más importante de la capital. Fue un niño que echaba de comer a las palomas quién dio la primera voz de alarma:-¡Eh, ahí, el pájaro, mirad!...
Y todos miraron obedientes hacia el cielo, vislumbrando a gran altura una blanca aparición que surcaba majestuosamente los aires. La luz del sol tocaba de pleno el cuerpo del ave y ésta resplandecía aún más, de suerte que incluso alguno de esos avispados que creen saber lo que nadie sabe, afirmo:
-No es blanco del todo, tiene algunas plumas de colores.
Quedando desde entonces la especie de que el pájaro “no era del todo blanco.”
Un par de semanas después, una madrugadora ama de casa declaraba formalmente que lo había visto detenido sobre la baranda de su balcón y como prueba irrefutable exhibía una larga pluma blanca “de la cabeza”, decía ella. Pluma que se le había caído al echar a volar delante de sus pasmados ojos.
Aquella pluma fue objeto de rigurosos exámenes, análisis y controversias, ¿era, verdaderamente, una pluma del pájaro fabuloso? ¿Y si se trataba de un fraude?... Porque nadie más que esa mujer, había alcanzado la suerte extraordinaria de contemplar bien de cerca al ave fantasma. Los periodistas la entrevistaron, prensa y tele, y a su vez, la pluma quedó celosamente custodiada, dentro de una vitrina, que poseía alarma electrónica, en el museo destinado a Ciencias Naturales. La dirección del museo, con tan fausto motivo, aumentó el precio de la entrada, pero la responsable del hallazgo no recibió otra cosa mejor que una medalla de latón sobredorado con un lacito, medalla en la que se leía: DADORA BENEMÉRITA AL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES. Semanas más tarde, unos ladrones asaltaron el recinto y con una técnica depurada made in Hollywood, pudieron substraer la pluma sin que sonara la alarma. Pero en un despliegue policial nunca visto, fueron detenidos en la frontera y tras el consiguiente tiroteo, muertos. El país entero vibró de indignación al conocer el sacrilegio y aunque hubo un periodista que encabezara su articulo con este titular: MUERTOS POR UNA PLUMA, unánimemente el público condenó sin reservas aquel terrible atentado a la propiedad del pueblo. Y un comentarista ilustre, poeta muy famoso, llegó a decir:
-No se trata de un robo, es algo más... Pues no se ha robado un objeto tangible, se ha pretendido robar un sueño, el sueño de toda una nación...
Y en efecto, así era, el sueño de toda una nación, la esperanza en lo maravilloso, en lo increíble nunca visto... No, no se trataba, como alguien irónicamente denominara, “de una pluma de padre desconocido”, era algo más, el ensueño, o bien, la capacidad de fabular, y una cosa semejante no podía robarse ni mal venderse a un millonario norteamericano... Con que la pluma regresó con todos los honores a su primitivo enclave en el museo, mas en esta ocasión rodeada de una reja y bajo vigilancia de varios policías de paisano.
Al año de su descubrimiento, la pluma viajó, amorosamente custodiada, a París, en un vuelo especial. Fue exhibida en el Grand Palais junto con una muestra de la artesanía de su país de origen. Como esta exposición tuvo lugar en el mes de agosto, el turismo internacional halló ocasión de admirar y apreciar la famosa pluma y se editaron cientos de miles de tarjetas postales, comercialización francesa, en las que la pluma resultaba inmortalizada desde varios ángulos, comenzando así el peregrinaje mundial de la venerada imagen, para curiosidad de propios y extraños. LA PLUME, como ya era conocida en todo el planeta, seguía ejerciendo su avasalladora fascinación en los cinco continentes y el gobierno francés entabló negociaciones con la patria originaria del preciado objeto... Sí, Picasso nació en España... Sí, Chopin era polaco... Pero, ¿qué importa?... Con tal de conseguir alargar la estancia de LA PLUME “por un período indefinido”... Término un tanto ambiguo y diplomático que podía ejercer sus derechos al cabo de un siglo al serle otorgada la ciudadanía francesa simplemente por antigüedad.
El affaire de LA PLUME, llegó a tejer intrigas de política-ficción de lo más inconcebible, promesas que en ello quedaron, deshinchando muchos infundados entusiasmos. Así que LA PLUME volvió a retornar a su hogar, modesto pero digno, dando la espalda a una campaña de descrédito internacional que pretendía, vengativamente, que LA PLUME, al provenir de un pájaro no tenía una nacionalidad concreta ya que las aves “poseen alas y vuelan”, y, además “ella no pertenece a la fauna del país que se le atribuye”... Hasta Inglaterra tomó cartas en el asunto por boca de un eminente ornitólogo, sir Rowan Pelinor, al dictaminar éste de una manera tajante que “la pluma de la susodicha ave semejaba estar emparentada con la especie, ya extinta, de los dodos”. Lo malo es que “más bien” el Dodo es un pájaro casi mitológico. En Norteamérica hubo visiones colectivas del pájaro blanco, y quien llegó a asegurar que “en realidad”, no se trataba de un pájaro sino de un extraterrestre que adoptaba el aspecto de esa ave para acercarse a los humanos... Incluso hubo alguien, que padeciendo dolor de estómago, se coloco una foto de LA PLUME sobre la barriga y al resultar curado, califico el hecho de milagroso, motivo por el cual en Nueva Inglaterra brotaron tres sectas diferentes en la forma, pero básicamente iguales en la ortodoxia, de adoradores de LA PLUME.
El final de la anécdota resulta inesperado. Un mal día repiqueteó en los teletipos del mundo entero la siguiente noticia: en un desconocido pueblecito había sido sorprendido y muerto de una pedrada, el pájaro blanco.
La cosa sucedió de esta manera, un jovencísimo pastor de cabras, regresando a los establos con su rebaño al atardecer, se dio de manos a boca con la presencia maravillosa del ave y puesto que era analfabeto y además vivía muy aislado, sin pensarlo dos veces, sacó su honda y de un certero tiro se cargó al pájaro, luego lo bajó al pueblo a vendérselo al boticario cuyo pasatiempo consistía en disecar animales raros.
El resto ya es historia, aunque lo curioso del caso, es que en la más famosa comprobación de identidad que se ha realizado en el mundo, desde que se puso en entredicho la verdadera personalidad de la Gran Duquesa Anastasia, ninguna nación culta, afirmó categóricamente que “aquello”, fuese el pájaro maravilloso. Y sir Rowan Pelinor, que ya cumpliera los noventa con largueza, insistió en lo del Dodo. Francia proclamó a los cuatro vientos que las plumas de la víctima no tenían nada que ver con LA PLUME y las tres sectas de Nueva Inglaterra berrearon bien alto que el pájaro era inmortal.
¿La verdad?... No creo que la conozcamos nunca amigos, pero de todas formas si algún día veis volar algo parecido a un pájaro blanco por el cielo de vuestra ciudad, sed discretos, pensad que a los sueños no se les pude convertir en realidades.