EN EL CENTENARIO DEL CONDE DRÁCULA DE BRAM STOKER


El joven contemplaba la luna llena, apenas había comenzado a anochecer, sentado sobre unas piedras del camino, una luna que, ingrávida, se iba acercando de manera imperceptible a las almenas del castillo del otrora temido Vlad Tepes III, príncipe de Transilvania, más conocido como el Empalador, o Drácul, el diablo.

Al joven le pesaba la mochila y por ello le dolía la espalda y también las piernas. Aquel día había andado mucho porque ya se sabe que quien hace turismo, sea pobre o rico, si pretende admirar monumentos, tiene que caminar, sin embargo, bien valía la pena tanta fatiga puesto que luego el espectáculo resultaba en verdad impresionante. En el pueblo compraría postales dado que su cámara no era de las mejores a la hora de retratar el siniestro castillo en pleno crepúsculo.

Respiró a fondo saboreando la limpidez del aire. Aquellas tierras eran mágicas, no le cabía la menor duda. A 100 años de que Bram Stoker se inventara su muy personal conde Drácula, daba la sensación de que éste continuaba vivito y coleando allí, en el solar de sus ancestros. Un Drácula puramente imaginario, se entiende, pero que, al igual que todos los mitos, había trascendido hasta convertirse en una de esas entidades literarias tan reales como Holmes, Watson o el mismo Don Quijote.

Se escucharon pasos por el sendero y el turista miró en la dirección de donde provenían. La luz de la luna lo iluminaba todo y por ello él pudo ver a una chica que avanzaba sin prisas camino adelante y cuando estuvo a su altura apreció que era muy joven, rubia, de extraordinarios ojos claros y que vestía ropas humildes, lo que en vista de la precariedad del país no era de extrañar.

-Buenas noches -saludó el viajero en rumano, a lo que la desconocida le miró con sorpresa e ingenuamente exclamó:

-Creí que era usted un turista.

-Y lo soy, pero mis raíces proceden de estas tierras. Mis tatarabuelos emigraron a Norteamérica y nunca hemos renegado de nuestra vieja patria.

Ella sonrió maravillada bajo la luz de la luna.

-Y tampoco olvidaron el idioma, que hermoso detalle.

-Bueno, uno no debe borrar el rastro de su procedencia -afirmó él tímidamente.

Ella se sentó a su lado ya que las piedras formaban una especie de banco natural.

-¿Su tatarabuelo nació en el pueblo?

-No exactamente, sus antecesores sí... Bueno, le confesaré algo, siempre hemos creído que descendíamos de Vlad Tepes, es como una especie de tradición familiar. No puedo asegurarle que estemos en lo cierto pero al menos es bonito imaginarlo.

Y él sonrió amistoso al decir esto. Ella ladeó la cabeza cual si quisiera apreciar la dentadura del joven. Después del examen expuso gravemente,

-Sus caninos son muy pequeños.

-¡Vlad Tepes no era un vampiro! -exclamó algo molesto el turista.

-Ya lo sé -repuso ella tranquila-. No era más que un comentario -y acto seguido quiso saber-. ¿Ha venido a Transilvania a retomar sus orígenes?, porque debe ser la primera vez que vuelve alguien de la familia, ¿no?

-En efecto -contestó él ya relajadamente-, he vuelto en una especie de peregrinaje romántico, pero no todo es de índole familiar. Como usted  sabrá, ahora se cumplen cien años de la publicación de DRÁCULA del escritor irlandés Bram Stoker. Deseaba también estar aquí el día de su centenario. Quizás le parezca una tontería.

-¿Por qué habría de parecérmelo si incluso el señor Stoker visitó Transilvania hace casi un siglo y de resultas de ese viaje escribió después su novela?

-Perdone -manifestó él muy asombrado-, que se sepa el señor Stoker nunca vino a este país. Siempre se dijo, habiéndolo difundido su propio hijo Noel, que la idea del libro le nació de una pesadilla tras indigestársele un plato de cangrejos aliñados, aunque tal vez sea sólo una curiosa anécdota, pero...

-¡De la misma manera se aseguraba que pertenecía al círculo iniciático de la Golden Dawn y muchas cosas más! ¡También hablaron de esoterismo, de brujería, por ejemplo!... ¡Se equivocaban todos, el señor Stoker estuvo en Transilvania pero nunca reveló ese secreto, no le convenía! -informó ella muy irritada.

-¿Por qué?... ¿Y usted cómo es que lo sabe?

-Prefirió hacer creer a la gente que Drácula era una creación suya inspirada en Vlad Tepes... ¿Qué cómo lo sé?... En mi patria conocemos cosas que es mejor no divulgar, o si le gusta de otra forma, sabemos ser muy discretos cuando la ocasión lo requiere. Los rumanos somos las gentes menos habladoras del mundo.

El viajero la contempló con curiosidad.

-Es una pena... ¿Sabe una cosa?, soy escritor, bueno aprendiz de escritor mejor dicho y siempre he soñado con escribir algo que valiese el esfuerzo...

A la muchacha se le endurecieron súbitamente las facciones.

-¿Otra novela sobre el conde Drácula?

-Por ejemplo, podría ser interesante, ¿no le parece?

-¿Y de dónde sacaría la información?

-De usted -replicó él bromeando.

La muchacha se incorporó muy seria.

-Tal vez si y mi historia podría interesarle. Tome nota: Soy la nieta del enterrador del pueblo y vivo con mi abuelo en una casita que hay dentro del recinto del antiguo camposanto. No tengo amigas ni amigos porque a la gente le asusta la relación con una persona que reside en compañía de los muertos...

Él la interrumpió avergonzado por su frivolidad anterior.

-Discúlpeme, no sabía... No he querido ofenderla... Lo siento mucho.

-Tanto da -dijo ella encogiéndose de hombros con altivez-, no tiene importancia... Usted es extranjero aunque quizás sus antepasados puedan descender de Vlad Tepes. No tengo nada que perdonarle... Adiós.

Echó a andar sendero abajo y pronto perdióse en un paso vecinal que introduciéndose entre los árboles del bosque reptaba serpenteante montaña arriba en dirección al castillo del príncipe valaco y no hacia el cementerio viejo como hubiera sido de esperar. Cuando ya el joven turista no podía divisarla, su larga cabellera pareció cobrar vida aureolándose en torno a su cabeza como afirman que se mueven los cabellos de las sirenas en el agua, mientras que sus ojos fosforecían igual que los de un gato en la oscuridad y entre sus labios apuntaban los brotes de unos afilados colmillos. Colérica golpeó el suelo con el pie al tiempo que exclamaba:

-¡Indigestión de cangrejos aliñados, ocurrencia estúpida!... ¡Escritores oportunistas, todos sois iguales, lo único que os interesa es la fama y la gloria, sois unos aprovechados y unos desagradecidos!... ¿Qué sabréis vosotros de vampiros y vampirismo?... ¡Incluso el gran Bram Stoker, ¿qué hubiera sido de él, si yo no le llego a contar...?! ¿Por qué tuvo que llevarse a la tumba la verdad?... Debió de agradecerme el que me enamorase de él hasta el punto de negarme a concederle el beso que hace inmortal...

¿Por qué me guardó rencor, por qué hubo de vengarse entonces, silenciando eternamente el hecho de que Drácula siempre ha sido una mujer?
 
 


EL JUEGO