| EL CASO DE LAS HADAS Y SHERLOCK HOLMES |
©2005
Estrella Cardona Gamio
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.-¿Hemos sido convocados? –repitió como un eco Conan Doyle. -Sí... Lamento el que hayan tenido que utilizarse tantas pistas engañosas pero era necesario para no despertar sospechas. Los tres preferimos guardar silencio dejándole a él que desenredase el ovillo, ya que nuestras preguntas, como es lógico, carecían de orden cronológico y estaba visto que empezar a hacerlas iba a embrollarlo todo mucho más. -Discúlpenme si lo que les cuento se les antoja demasiado fantástico, en esta ocasión les aseguro que nada de lo que van a escuchar es falso.
Hizo una pausa, en la que respiró profundamente a semejanza del nadador que se llena los pulmones de aire antes de sumergirse en las profundidades, para agregar luego: -Todo empezó hace muchos años, tantos, pues se habla de veinticuatro siglos, que no existe una fecha concreta para fijarlos; en esas épocas de las cuales no se conserva historia fiable pero si leyendas, y que por ello se han dado en llamar míticas, existió un continente, un país, un reino, que un día aciago desapareciera bajo las aguas y del que nos hablase Platón denominándole gran potencia, y antes que él, asesorado por los historiógrafos egipcios, uno de los siete sabios de Grecia, Solón el legislador... ¡No, no me interrumpan por favor que esto es sólo el comienzo!... Sin embargo, de este inmenso reino quedaron restos, islas dispersas que no eran sino las tierras altas o cumbres de montañas, curiosas islas que a veces desaparecían bajo el mar para reaparecer más tarde, y no se trataba del lomo de ballenas como luego dijeron que había sido la de san Barandán, sino de auténticas islas muy bien conocidas, en particular, por la mitología celta que tantos y tan bellos nombres nos ha dejado, La Tierra del otro Mundo, La Tierra de los Jóvenes, La Llanura Placentera etc., etc., y que no creo que suenen por primera vez en sus oídos... Eran extraños lugares en donde, quien en ellos desembarcaba, vivía una dichosa existencia ajena a la enfermedad, a la vejez y a la muerte, pero si regresaba a su patria de origen o a cualquier otro país de su tiempo, acontecía que, de pronto, recobraba su edad convirtiéndose en un anciano decrépito... y fallecía, ya que un solo año en esas islas bienaventuradas, representan cien de los nuestros... Lo que significa que nadie iba a reconocerle, ni él a los lugares en donde transcurriera su niñez o su adolescencia, porque todo había cambiado y sus amigos y sus parientes dejaron de existir hacía siglos... Recordarán, ¿no es cierto?, la leyenda de Bran hijo de Febal quien navegando por el océano en busca de un hada que se le aparece en sueños, él, sus tres hermanos adoptivos y sus veintisiete guerreros, abordan la Isla de la Risa en donde encuentran a las hadas y al rey del mar Manannán Mac Lir, al cual podríamos llamar el Poseidón celta en curioso paralelismo con el fundador de la Atlántida... Prosigo, algunos de los habitantes de aquellas islas, pasada la catástrofe, construyeron barcos para investigar si su amado reino se había hundido totalmente en el fondo del océano, ellos lo llamaban mar, o si el hundimiento había sido parcial... Los supervivientes navegaron y navegaron completamente desorientados para desembarcar finalmente en otras islas mucho más grandes que las suyas. La primera con la que toparon, llena de suaves colinas, verdes prados e inmensos bosques, les causó muy grata impresión, tanta, que los expedicionarios de uno de los barcos se establecieron allí sin dudarlo, los otros, por su parte, estoy hablando de una pequeña flota por supuesto, continuaron adelante y en las siguientes islas decidieron instalar sus hogares, otros llegaron hasta el continente europeo haciendo lo propio en sus tierras costeras; deben tener presente que en la antigüedad las mujeres solían acompañar a sus maridos en los viajes y hasta en las guerras... Transcurrieron los siglos, y ellos, los Tuatha de Dannan, descendientes de la diosa-hada, Dana, que no habían olvidado su pasado proveniente de las Islas de Oeste, eran los señores de ese suelo que conquistaron a sus habitantes primigenios en las sucesivas batallas, una y dos, de Mag Tured, o sea a los Firbolg y los Fomoré, estableciendo alianzas de sangre por medio de matrimonios con ambas tribus ya que eran de natural conciliador y muy sabios... Y todo fue bien hasta que otros hombres, venidos de fuera, los humanos Milesios o hijos de Milé, acaudillados por Amairgel, dieron al traste con aquella vida tranquila y dichosa, acabando entonces la paz y el equilibrio... Estalló una contienda feroz entre los supervivientes del continente hundido y los invasores... Y a la postre, el rey Finnvana, a la sazón monarca reinante, tuvo que ocultarse con los suyos bajo tierra en sus palacios subterráneos, y los de las otras islas les imitaron y los de las costas europeas que daban al Canal, ya que Finnvana era su soberano... En esta clase de guerras, los motivos siempre son confusos, porque no se puede negar que los Milesios fueran a su vez invasores, lo cual significa que no les asistía ningún derecho ni moral ni legal para hacer lo que hicieron, no obstante si existía una buena excusa a la que agarrarse y esta era la singular condición de los Tuatha de Dannan una extraña raza mágica y aparentemente inmortal al descender de los dioses, porque el hombre, caballeros, apreciando en otros cualidades de las que él pueda carecer, suele obrar de forma irracional bien movido por la envidia o el temor, así se abandera detrás de “sus” propios dioses en la confianza de que éstos le ayudarán a vencer, y cuando aparentemente les ayudan, sin pensar en el Destino, que es quien marca siempre las pautas, los humanos se vuelven neciamente soberbios... Al llegar a este punto, Abernathy hizo una pausa muy medida. Mostraba el entrecejo fruncido como el que se halla haciendo un gran esfuerzo al recordar hechos tan remotos y parecía importarle muy poco el que nosotros estuviéramos dudando de nuestra razón al escuchar tamaña e inverosímil historia. -Aparentemente habían desaparecido todos –continuó-, pero nada menos cierto, y las gentes no lo ignoraban porque tenían constancia de su presencia... Enmudeció de nuevo y en esta ocasión nos contempló a los tres de una manera muy curiosa, especulativa, como si fuese a decir algo trascendental, y lo hizo, en efecto. -Por este motivo están ustedes aquí hoy, si, ustedes, caballeros... -¿Nosotros? –balbuceé yo atónito mientras Holmes ponía cara de alucinado y el bueno de Arthur era la viva imagen de la estupefacción. -¿Nosotros? –repetí. -En efecto... Recordarán que no hace mucho les decía que habían sido convocados en Venecia por un motivo muy concreto, el de aclarar una situación verdaderamente intrigante para ustedes, ¿cierto? Asentimos en silencio. -Pues bien, ya ha llegado el momento de que sepan el papel que ustedes representan en esta misteriosa aventura, y con la revelación vayan mis excusas más sinceras por cuantas incomodidades o sobresaltos les hayamos hecho pasar. -¿Hayamos? –repitió como un eco Arthur. -Si, hayamos –mantuvo con firmeza Abernathy. -Pero, pero, esta leyenda es muy antigua... -El tiempo es un concepto muy relativo doctor Watson... Si los Milesios no hubieran triunfado sobre los Tuatha de Dannan obligándoles a ocultarse bajo tierra, esta conversación no tendría razón de ser... -¿Qué quiere decir?- le interrumpió Holmes con voz ronca. -¿Y me lo pregunta usted, el detective consultor más sagaz de las islas Británicas? Pero Sherlock Holmes no estaba ni para ironías ni para acertijos. -Sí, se lo pregunto. -De acuerdo... He aquí la respuesta: los Tuatha de Dannan se ocultaron para defenderse de sus enemigos pero no por ello renunciaron al trato con las gentes que poblaban la superficie de un mundo que, para ellos, se había vuelto hostil... -Quiere usted decir...-empecé yo concluyendo Arthur la frase. -... que se ocultaron en la sombra, bajo tierra, pero que, dueños de mágicos poderes, invisibles o transformados, nunca dejaron de estar entre las gentes a las que ayudaban como antaño. -Sí... Y de esta manera durante siglos. Arthur se estaba poniendo muy pálido. -¿Por qué nosotros?- preguntó con un hilo de voz. -Nadie mejor que ustedes; entrando en al siglo XX todo ha cambiado vertiginosamente en muy poco tiempo... Ha llegado la hora, era nuestro momento, Finnvana lo decretó... Los Milesios, como tales, ya no existen y el oscurantismo empieza a desvanecerse, debemos volver, demostrar al mundo que existimos, que no somos una leyenda... Pero regresar con todos los honores, como quienes somos, no hechiceros malignos, no seres espantables, sino como lo que siempre fuimos: los descendientes de la diosa Dana, los hermanos de Merlín, los Daoine Sidhe...
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