| IV CAPÍTULO (1) | |||
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Inútil
describir el lío que se organizó, a pesar de las instrucciones de la
paciente azafata, en cuanto abandonamos el autocar y nos apiñamos, rodeando
nuestros equipajes en poco cohesionado grupo; muchos querían comer algo,
otros, ir al servicio, quien más quien menos, comprarse periódicos o
revistas, otros beberse un refresco, y nadie, porque en este país somos
así, quería oír hablar de disciplina. Para empeorar las cosas a nuestro
grupo C se sumó el B y luego el A, lo cual, si por un lado llenó de
arrobamiento a mi linda compañera, a mí maldita la gracia que me hizo,
porque 60 personas reunidas, no precisamente silenciosas, y con tendencia
al desmadre místico, no constituye el ambiente que más me agrade. Pero
ella estaba encantada y no cesaba de darme noticias que debía juzgar
importantísimas; como, todo hay que decirlo, tampoco paraba quieta yendo
y viniendo porque se movía igual que hablaba, revoloteando lo mismo
que los pájaros –suerte que su vestido, una especie de túnica corta
blanca con tirantes constituía un punto luminoso fácil de detectar-,
pronto estuve al tanto del “who is who” con el que teníamos el
alto honor de viajar.
-¿Sabe quién viene con nosotros también?, acabo de verlo, el parapsicólogo José Romay... Es de los mejores, y el escritor de novelas de ficción fantástica Luciano Bonner, y la pareja de sanadores Remi y Sara, y... -... Diosa Nefertari pertenece al grupo A, y el Mago Harpagón al B igual que el numerólogo Martínez y Martínez... ¡Fíjese, fíjese, aquella señora delgadita que habla con la azafata, es la directora de EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR, parece ser que le han extraviado una maleta!... ¡Oh, mire, mire, van reporteros de la revista, los fotógrafos!... Son Tony y Oscar, ellos siempre tiran las fotos... ¡Qué emocionante, ¿no?! -...¡Oh, estoy temblando, fíjese, fíjese, acabo de hablar con Madame Rena, mire, mire, se me ha puesto la piel de gallina!... ¡Madame Rena se acordaba de mí!, ¿no es cómo para chillar de alegría?; que una persona tan importante se acuerde de ti, ¡con la de gente que debe circular por su consultorio!... ¿Sabe lo que me ha dicho?, es fabulosísimo, ¿se lo cuento?... Me ha dicho que tengo mucha luz y que muy pronto, ya mismo, me reuniré con él en un encuentro largamente esperado...... Este fue el único parte que me interesó de verdad, y debo confesar, aunque me avergüence, que el motivo eran unos incipientes celos por más que yo tal vez no fuese muy consciente de ello, pero el sólo pensamiento de que un inesperado noviete pudiese apartarla de mí, me puso de mal humor. -¿Con quién? -¡Ah, qué mala memoria tiene usted!... ¿Con quién va a ser?: ¡con el hombre de mi Destino! ¡El hombre de su Destino, hubiera jurado que esta última palabra escondía para ella connotaciones de nombre propio! Lancé una torva mirada en derredor mío, ¿Dónde se encontraba ese imbécil?, ¿pertenecía a nuestro grupo barcelonés y extrarradio, o al que en Madrid terminaría de redondear el pasaje?, de todas formas, allí, de momento, nadie que fuese joven y apuesto se encontraba entre nuestros compañeros; los fotógrafos eran treintones y nada atrayentes, mientras que el resto de la concurrencia, a mi modo de ver, no podían resultar en modo alguno fascinantes para una jovencita tan novelera... Sin embargo, estaba visto que aún me quedaban cosas por aprender, porque en aquel instante preciso en el que yo acababa de descalificar a todo el mundo, mi rubia amiguita me apretó el brazo con fuerza, mientras exclamaba admirativamente: -¡Ooooh, aquel es Teo Guasch el investigador, que diferente resulta en persona!... ¡Qué guapo es! Me volví fastidiado descubriendo al famoso Teo Guasch, porque ella me lo indicaba con manecita temblorosa... Y, la verdad, no había para tanto!... Debía haber pasado ya de los 40 años y mostraba una gran frente sospechosamente amplia, sienes ligeramente canosas y barba y bigote, era más alto que yo, y yo no soy bajo, atlético de gimnasio, vestido para la ocasión con un blazer y fumaba en pipa con aire afectadamente despreocupado; unas gafas de esas de espejo, le cubrían los ojos. Le reconocí vagamente; me pareció haberle visto en la televisión hace algún tiempo, por supuesto sin gafas -ojos saltones de besugo y párpados carnosos-, creo que viajaba por todo el mundo y escribía sobre cosas raras, de esas que en la revista EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR, se denominan paracientíficas, y había publicado varios libros. Ella lo contemplaba arrobada. -¡Me hace el efecto de que estoy delante de Indiana Jones! -se ve que el personaje cinematográfico constituía una fijación para ella. -No creo que el señor Guasch soportara la ajetreada vida de Indiana Jones ni media hora seguida... –comenté ácidamente. Mi compañerita me obsequió con una profunda mirada de reproche. -No hable usted así... Teo Guasch ha vivido aventuras fabulosas... En cierta ocasión estuvo 48 horas caído en un precipicio sin escapatoria y con una pierna rota y salió por sus propios medios después de entablillarse el mismo la pierna con dos ramas y una liana. -¿Había comido espinacas o algo parecido?, ¿o fueron los extraterrestres quienes le ayudaron? -Por favor, no sea sarcástico, Teo encontró una cueva que atravesaba la montaña. -¡Entonces cojeará! –exclamé triunfante, pero ella me hizo sentir mezquino al responder muy seria: -¿Qué importancia puede tener eso? Me mordí los labios. Con aquella inconsistencia que la caracterizaba, pareció olvidar en el mismo momento nuestro primer conato de roce y chilló de alegría al volver sus ojos en otra dirección: -¡Mire, mire, también está el profesor de yoga Alberto Vives... ¡Oh, fíjese, fíjese, ha venido la televisión, le están haciendo una entrevista a Hortensia Bello! Supe entonces que la directora de EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR se llamaba así. La muchachita me abandonó para volar en pos del acontecimiento. No lejos de mí sorprendí a la azafata del grupo C contemplando su alrededor con gesto de rabiosa impotencia ya que aquello fue una desbandada. Pronto nos quedamos ella y yo solos; dirigiéndose a mí, la joven me confió: -Le aseguro que es la última vez que llevo a un grupo de brujos... y perdone por si usted lo es. Yo abrí la boca para decirle que no pertenecía a la misma camada, pero ella ya me daba la espalda y se encaminaba cansinamente hacia su díscolo rebaño. Hubo demora para coger el avión, lo cual era de esperar, pero finalmente embarcamos rumbo a Madrid. Durante los 45 minutos de vuelo, como yo siempre he sido una persona a la que le ha gustado instruirse, quise ampliar mi cultura, totalmente analfabeta en aquel sentido, bajo el gentil asesoramiento de mi compañera de viaje, quien, encantada de poderme iniciar en los secretos de su credo, me contó montones de cosas a borbotones y de la forma personalísima e incoherente que la caracterizaba. Así empecé a tomar contacto con una serie de novedades de las que nada sabía, o ni tan siquiera imaginaba, refresqué mi memoria en otras que tal vez leyera en alguna ocasión sin reparar demasiado y me maravillé hasta el límite de la maravilla, como dicen en Las Mil y Una Noches, cuando comprendí el alcance insólito del mundillo en el que acababa de introducirme, un reino verdaderamente mágico en el cual lo ilógico constituía la norma y lo absurdo lo acostumbrado, y si quería sobrevivir en semejante contexto, la fórmula consistía en ver, oír y callar, que las reflexiones vendrían después, si es que llegaba al final de la aventura.. Así supe lo que era un chamán exactamente, oí hablar de Don Juan y del misterioso Carlos Castaneda por primera vez, se me atontó con las investigaciones esotéricas de Jung y sus 22 claves del inconsciente universal referentes al tarot, se me asesoró que cualquier parte de mi cuerpo podía pensar aparte del cerebro, se me informó de lo que eran los chakras, y de que si yo enfermaba era porque me castigaba subconscientemente, se me habló del aura, de Lompsang Rampa, de Helena Petrovna Blavatsky, de Gourdieff, del mítico, e inconcebible, conde de Saint Germain, se me dijo que los extraterrestres están entre nosotros y que son los antiguos dioses –de esto algo había oído con anterioridad-, que hay extraterrestres buenos y malos y que estamos en el final de los tiempos, o sea, ya en el Apocalipsis y que cuando el planeta arda por los cuatro costados merced a nuestra irresponsabilidad –en eso estuve de acuerdo-, los extraterrestres se alejarán de la Tierra y como redivivos Noé, en otras tantas Arcas espaciales, se llevarán a los justos que serán los únicos supervivientes. A mis preguntas se me ilustró que Dulcedumbre Foliot no era una mujer sino un hombre, que también era un contactado y que traía el mensaje de paz de los extraterrestres a la humanidad, que Drassida era su compañera y Derenna la reencarnación de la hija de ellos en otra vida anterior –para hacer más patente el mensaje de alta fraternidad cósmica, Derenna era de raza negra, nacida en Charleston, Drassida sueca y Dulcedumbre Foliot, latinoamericano-. |