| XIII CAPÍTULO (1) | |||
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Poldo se avino
a explicármelo todo mientras paseábamos por los alrededores, en un alarde
de indiferencia casi suicida para con los componentes de esa banda de
fanáticos adoradores del sol.
Constituyó una charla larga y muy didáctica en la que fui todo oídos, ¿y quién no, si en ello puede irle la vida? Nos internamos en la fresca espesura como aquel que pasea por las avenidas de un parque con la mayor tranquilidad, lo cual me permitió apreciar lo acostumbrado que debía hallarse el señor Stanoslovsky a moverse por semejantes predios, no así yo después de haber escuchado tan inquietante noticia. Aunque el clima a esas alturas no es precisamente caluroso y la palpable humedad molesta, el aire venía cargado de fragancias limpias –mejor sería decir desintoxicadas de polución-, y muy agradables, que ensanchaban los pulmones y predisponían a una tímida esperanza, o al menos a eso, esperanza, pretendía agarrarme. -Actualmente vivimos inmersos en la era del Quinto Sol –inició su charla el enigmático individuo-; con anterioridad hubo cuatro y cada una posee un nombre bien diferenciado, la de ahora se denomina del Sol Anaranjado, la precedente, que duró 5206 años, corresponde al Sol de la Tierra. La Tercera Edad, o Era, esta duró a su vez 4804 años y fue la del Sol de Fuego. La segunda Era, llamada del Sol de Aire, también se la conoce como la Edad del Sol del Jaguar, tuvo una duración de 4010 años. En cuanto a la primera, la del Sol de Agua, que curiosamente concluyó con un gran diluvio, ¿le recuerda algo esto? -aunque la segunda también terminó de igual forma-, fueron 4008 los años que contó... -¿Y las otras cómo acabaron? –interrumpí nervioso y completamente liado. Sin inmutarse Poldo repuso: -La tercera, la del Sol de Fuego, como su título indica, por medio del fuego, terremotos, etc., y la cuarta de la misma manera –me contempló con ligera ironía-. Supongo que querrá usted saber la manera en que se acabará esta... -Como el rosario de la aurora, imagino. Poldo frunció el ceño con curiosidad porque no entendió bien el significado de mis palabras, por más que, no siendo tonto, algo dedujo. -Bueno, pues mal, al estilo del Apocalipsis, en este caso con el regreso de Quetzalcóatl, quien, a modo del Dios de los cristianos, efectuará otro Juicio Final. -Y para llegar a ese Juicio Final, ¿de qué forma acabaremos? -Pestes, guerras, y también se anuncia otro terremoto, éste de inconmensurables dimensiones –fue su escueta contestación. -¿Eso es lo que esa pandilla de fanáticos quiere evitar? -Sí y no... En realidad la respuesta no es sencilla... La historia de los aztecas es la suma repetida de un denodado esfuerzo por evitar el fin del mundo, de ahí los sacrificios masivos de prisioneros, o no prisioneros, ya que podían haber voluntarios bien que en este caso fueran de alta cuna o héroes consagrados... Como el Sol era su principal deidad, y ellos sabían mucho, por qué medios es un misterio -entre otras cosas que el Sol late igual que un corazón-, le ofrendaban corazones sangrantes, para que su fuerza no se debilitara... Todo, o casi todo, giraba en torno a eso, por ejemplo, el juego de la pelota, para más señas una pelota de caucho dura como una piedra, a la que no podían tocar con los pies ni con las manos, sólo con los muslos, brazos o codos, representaba el movimiento del Sol en el espacio, al que el reflejo del movimiento terrenal efectuado por el hombre, una especie de danza deportiva, intentaba que esa andadura no decayese, por ello, quien perdía el partido era sacrificado en refrigerio para el dios... Los baños de sangre, las hecatombes multitudinarias, pretendían devolverle la vitalidad al Sol, algo así como una transfusión... Después de todo hay que considerar que los dioses habían creado a los hombres para que les sirvieran de alimento. -Pero, hoy en día... -Si, hoy en día ni usted ni yo le haremos una transfusión a nuestra estrella, no obstante, mucha gente puede creer que sí, que es necesaria... Mire, la herencia genética determina, son recuerdos nebulosos enraizados en el subconsciente de los hijos de los hijos de los hijos... Es como cuando un niño nace, sin necesidad de cursillos, sabe respirar correctamente apenas sale del vientre de su madre... Para ellos las tinieblas que devoran el Sol, o Tonatiuh, en uno de sus muchos nombres, son el heraldo del caos, de un terror sobrehumano, en el que intervienen las diosas de la noche Tzitzimine o Tzontémoe -recuerde que la nocturnidad, desde los albores del tiempo, siempre ha sido portadora de misterios e inquietud-, estas divinidades convertidas en ocelotes devorarán a los hombres. -¡Gentes sin cultura, salvajes, primitivos, indudablemente! Poldo hizo una mueca displicente; hablaba de una forma fría y objetiva, muy didáctica pero totalmente deshumanizada, lo mismo que un científico que se dedica a efectuar un experimento con bestezuelas de laboratorio delante de los ojos de sus discípulos. -¿Salvajes?... Eso es muy relativo, tal vez el medio lo sea, pero la intención es buena. Di un respingo. -¿Cómo que la intención es buena?... ¡Estamos hablando de una hipotética matanza, señor Stanoslovsky, no de un juego de palabras! Él clavó en mí su mirada transparente y helada. -Ya lo sé –repuso con paradójica afabilidad-, lo tengo muy presente... Las palabras siempre impactan con más fuerza que los hechos, mientras que la puesta en escena de cualquier ritual distrae. -Disculpe, pero no entiendo bien lo que... -Intentaré explicárselo... Después de la conquista de los españoles, lo que significa invasión en todos los terrenos, las viejas costumbres no se olvidaron, y, aunque esporádicas, de tanto en tanto rebrotaban entre los colonizados mexicanos en sacrificios clandestinos, pero modernizados a tenor de los nuevos ceremoniales, así, en el año 1562, tuvieron lugar un par de inmolaciones, la primera una crucifixión en toda regla con extracción posterior del corazón, la segunda, efectuada en una iglesia adornada con ídolos de los antiguos dioses, fue sencillamente el sacrificio milenario, puñal de silex, incisión y... Lo singular del caso es que la víscera recién arrancada fue grabada con el signo de la cruz por el padre Chim. Sin lugar a dudas un azteca convertido al cristianismo... Y en 1868, en un pueblo chamula de Chiapas, decidieron crucificar a un niño, en medio de una atmósfera de gran devoción y respeto, para poseer ellos también a su propio Señor Jesucristo... -¡Lo que usted cuenta son atrocidades, señor mío! Sin inmutarse, Poldo continuó: -¿Atrocidades?, no, costumbres... Recuerde que cuando los misioneros llegaron a Sudamérica no se recataron de convertir por la fuerza a los indígenas, a quienes muchas veces mataban, sino ellos, los soldados con su bendición, y con aquel slogan de la época en sus labios: “almas para el cielo, dineros para la bolsa”, sin embargo la intención era buena, convertirlos al cristianismo, rescatar sus almas del infierno pagano y la barbarie... ¿No aseguran que el averno se halla empedrado de buenas intenciones? Fue un golpe bajo, pero efectivo, al que yo pretendí escaquearme por otros derroteros, ya que, como el ratón perseguido por la escoba, no sabía encontrar la salida. -¡No me dirá que está usted del lado de esos adoradores de nuevo cuño, del Sol! -No, no lo estoy, detesto la violencia, pero, en cierto modo les comprendo, aunque no les disculpe... Y, perdone que le rectifique, de nuevo cuño nada; la secta de los adoradores del Sol es muy antigua y ha tenido muchos nombres hasta llegar al momento presente, pero, en esencia, es la misma de hace 400 años, por dar una fecha... Son los coletazos de una vieja religión, nada más, y aprovechan el próximo eclipse para renovar sus votos de adhesión con el Padre Sol, para que éste no se sienta olvidado por sus hijos... entre otras cosas. -Usted sabe perfectamente, que por más gente que asesinen ese día, el sol ni se va a enterar, y, además, aún le quedan 4000 millones de años de vida, o sea... -Sí, lo sabemos nosotros; ellos, que son desconfiados por naturaleza, no se fían y prefieren operar a su manera, un sistema que, para ellos a la vista está, ha dado muy buenos resultados durante cuatro eras solares. -¡Parece como si les admirase, señor Stanoslovsky!- exclamé exasperado.
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