| XI CAPÍTULO (2) | |||
|
|
|||
|
-... piensen,
mis amigos que nada es importante, ni siquiera lo que acabo de explicarles...
Sólo así el hombre será libre... Se puede ver, se puede escuchar, mas
siempre, siempre, se debe pensar...
Con estas palabras Don Homedes dio por finalizada la entrevista iniciándose entonces un aplauso que el chamán cortó con un leve además de fatiga. Hortensia tomó la palabra: -Ya lo habéis oído, este es el mensaje de Don Homedes al mundo, al mundo, sí, pero al mundo de hoy, con sus espantosas guerras, con sus odios fratricidas, con sus epidemias casi bíblicas, con su contaminación... Su mensaje a la humanidad... Pensad que no ha sido la casualidad la que nos ha reunido hoy aquí, y tampoco es un azar periodístico en pos de la exclusiva mundial, mal que pese a cuatro sinvergüenzas, lo que hoy nos ha traído a este lugar perdido en plena Sierra Mazateca... Don Homedes lo ha dicho ya, tenía que ser, está siendo, ha sido siempre... –se volvió hacia Don Homedes que semejaba dormitar en su sillón- Gracias, Don Homedes, muchas gracias, los aquí reunidos le damos las gracias de todo corazón y EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR, le promete que todo lo que usted ha dicho llegará al público. Volvieron a sonar unos aplausos, bien que bastante raquíticos, pero Hortensia los acalló en consideración al anciano. Vimos entonces como Don Homedes despertaba de su ensueño y le cuchicheaba algo al interprete que a su vez se lo trasmitió a Hortensia. -Don Homedes –comunicó ella a continuación exultante-, dice que está dispuesto a seleccionar a unos cuantos de entre los de que aquí estamos, para iniciarlos en “los niños Santos”, como unos los denominan, mientras que los indios les llaman teonanactl o “carne de los dioses”... Un excitado murmullo recorrió a la multitud interrumpiendo a la oradora. -¡Por favor, por favor, un momento, guarden silencio, por favor!... Don Homedes dice que no todos están preparados para tomarlos, por eso él, personalmente, va a escoger a quienes considere aptos para tal experiencia. Don Homedes se incorporó con dificultad, y, apoyado en el brazo del interprete, se acercó al grupo que a medida que él avanzaba, se iba abriendo con respetuoso temor. Daisy, a mi lado, escondió precipitadamente el reporter en su bolsa ya que las cámaras seguían el incierto paso del viejo chamán. Aquellas subrepticias manipulaciones de la joven con la grabadora, no me gustaron nada y tomé nota mental de que, a la menor ocasión propicia le preguntaría a la muchachita a que se debían todos aquellos manejos palpablemente realizados a escondidas, aunque, a decir verdad, yo temía su respuesta. Don Homedes se había detenido frente a uno de nuestros compañeros de viaje, un rostro entre la multitud, y le indicó con su dedo sarmentoso. -Tú –dijo. Luego señaló a dos más, ninguna personalidad conocida, y por último volvió hacia atrás deshaciendo el camino andado, de modo y manera que inesperadamente, lo tuvimos a nuestra altura mirándonos, de hito en hito, tanto a Daisy como a mí. Se detuvo. El brazo de Daisy junto al mío, temblaba como si toda ella tiritase de frío. Don Homedes habló y mientras lo hacía, su arrugada mano me señalaba directamente. -Usted, señor. -¿Y yo?... –saltó Daisy incorregible. -Todavía no es tu momento, niña. Todo había sucedido muy deprisa, ya Don Homedes se alejaba majestuosamente y yo aún no acababa de creerme que mi humilde persona, ajena en todo a rituales y mágicas ceremonias, hubiera sido una de las elegidas. Don Homedes se retiró a su vivienda, y Hortensia Bello, muy excitada, anunció por los altavoces: -La iniciación tendrá lugar mañana cuando caiga el sol. O sea, día libre, pueden ustedes descansar, pasear, comprar souvenirs, en fin, a su gusto. Por la noche nos reuniremos en la explanada y Don Homedes se hará cargo de los elegidos. Y ahora, un ruego, todos aquellos que hayan traído grabadoras y con ellas recogido las palabras de Don Homedes, que personalicen la grabación y nos la entreguen a Luz o a mí; a su regreso a España, y cuando el próximo número de EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR salga a la venta, se las devolveremos junto con una suscripción de la revista en correspondencia a su amabilidad por dejárnoslas en prenda. Les ruego que entiendan que tenemos que tomar precauciones ya que entre nosotros anda suelto un infiltrado, que, a sueldo de otros, pretende sabotearnos el reportaje. Empezaron a brotar reporters de todas partes, menos por una. Miré a Daisy alarmado: la muchacha se había vuelto sorda de repente. -¿No va usted a entregar su grabadora? Daisy me contempló con expresión inofensiva. -¿Para qué? -¿Cómo que para qué?, lo acaba de oír, la directora ha hablado de un topo que quiere robar la exclusiva. Daisy hizo morritos y pareció malhumorarse. -¡Qué tontería, yo no soy el topo ese y no voy a piratear nada, así que no lo devuelvo porque no quiero! -Pero, tenga en cuenta que la cosa es grave, podrían creer que usted es, aunque no lo sea por supuesto, ese desaprensivo sujeto. -En mi caso, sujeta... ¿No? –puntualizó ella echándose a reír, y acto seguido, con su proverbial incoherencia, agregó :-¿Qué se siente al ser un elegido para la gloria? -Pues que no me gusta nada... Hablaré luego con Don Homedes y le rogaré que me borre de su lista... Me interrumpió Luz Moreno que avanzaba en derechura hacia mí. -¡Enhorabuena, puede usted darse con un canto en los dientes, piense que Don Homedes no suele escoger a cualquiera para iniciarlo en los hongos teonanacatl, la “carne de los dioses”, ahí es nada!... Contamos con su colaboración para la revista, igual que con la de los otros seleccionados... Escribirán ustedes sus experiencias y se las publicaremos con fotografías del evento... Naturalmente EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR, pagará buen dinero por ello, no crea que nos vamos a aprovechar... Así que de acuerdo, ¿eh? (“Cuando el Destino nos alcance”, ¿no era ese el título de una película?) Y se fue sin que yo tuviera tiempo de responderle nada. Miré desconcertado en torno mío, los demás me contemplaban con envidiosa admiración y Daisy... ¡Daisy se había esfumado!
|