| XI CAPÍTULO (1) | |||
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La
entrevista, que más que una entrevista constituyó una especie de conferencia
al aire libre, se la hizo la misma Hortensia, visiblemente abochornada
por su error, en colaboración con Luz Moreno, que era presentadora en
el programa de radio del mismo nombre de la revista, y que ambas realizaban.
Quiero transcribir exactamente, como se realizó aquella disertación a la que pudiéramos llamar mejor el testamento espiritual de Don Homedes, porque no sé que otro nombre dar a lo que empezó teóricamente como una entrevista y luego acabaría siendo uno de los documentos testimoniales más importantes que puedan haber aparecido escritos en letra de molde... Tengo que declarar, sin embargo, que no es a mi memoria a quien debo la fidelidad de la trascripción, sino a EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR, de cuyas páginas la estoy recreando; espero que Hortensia Bello sepa comprenderlo. Luz Moreno comenzó la primera con el estilo directo, incisivo y brusco que la caracterizaba: “Luz:- Buenas noches, Don Homedes, en primer lugar quisiera preguntarle algo que más de uno de nosotros está pensando, ¿por qué se avino usted a conceder una entrevista multitudinaria como esta, a un medio informativo, cuando todos sabemos que siempre ha sido muy discreto en sus manifestaciones públicas prefiriendo la intimidad y el recogimiento?, en otras palabras, ¿no va esta entrevista en contra de los postulados de un chamán como usted? Don Homedes:-Es muy sencillo, no hay postulados, no hay reglas, nunca hay reglas, porque las reglas atan y convierten al hombre libre en esclavo... Fíjese usted, siempre han existido las nubes, pero su forma varía constantemente y jamás permanecen el mismo lugar... Por otra parte, mi tiempo en este mundo acaba, debo irme... pero antes quiero, libremente, que muchas personas escuchen mi voz y sepan lo que hasta ahora ha llegado a muy pocos. Hortensia Bello:-¿Es su mensaje personal, Don Homedes? Don Homedes:-Si algún nombre se le ha de dar, puede ser ese. (Antes de proseguir quiero puntualizar que el léxico empleado por el viejo chamán, y al cual oficiaba de interprete un pariente, era mucho más pintoresco, riqueza que se ha perdido en el camino hacia la imprenta.) Luz Moreno:-¿Podríamos llamarle pues, su testamento espiritual?, si, como deduzco, pretende usted insinuar que va a morirse pronto? Don Homedes:-Mi idea de la muerte no es la de ustedes. Luz Moreno:-¿Cuál es entonces? Don Homedes cerró los ojos y así estuvo un largo rato hasta el extremo que casi nos hizo pensar que se había dormido hallándose como se encontraba, sentado en un desvencijado sillón de mimbre, pero al cabo abrió los párpados y nos miró de nuevo, esta vez con infinito cansancio. Don Homedes:-Mis gentes la conocen, el señor Poldo la conoce... Todos miramos en dirección al extranjero que se mostraba distante en un rincón aunque fácilmente localizable debido a su alta estatura. Hortensia Bello:-¿Forma parte del legado espiritual que nos va a entregar, Don Homedes? Don Homedes:-Mi legado, como usted lo llama, es muy simple pero también muy difícil de comprender por muchas gentes... Vivimos en un mundo que vemos y en otro que no vemos, mas no por no verlo no deja de ser nuestro igualmente, y ese es el mundo de la sabiduría al que nunca hacemos caso... Luz Moreno:-Se supone que los chamanes si que lo tienen en cuenta, ¿me equivoco? Don Homedes:-Sí, los chamanes, y quienes no lo son pero saben escuchar . Luz Moreno:-¿Cree usted que el mundo occidental no sabe escuchar? Don Homedes:-Algunos, sinceros con ellos mismos, sí. Hortensia Bello:-¿Cree usted que nosotros somos sinceros, los aquí congregados, quiero decir? Don Homedes:-Unos los son, otros no, pero no olvidemos que el sol luce siempre para todas las criaturas. Luz Moreno:-¿Se cree usted el sol? Don Homedes:-No, ni siquiera la luna, que es la que refleja su luz... Sólo soy una voz que habla en la oscuridad. Luz Moreno:-¿Reconoce que puede equivocarse? Don Homedes:-Yo hablo y puedo equivocarme, pero las palabras siempre hacen reflexionar y eso es bueno. Hortensia Bello:-¿Cuál es su mensaje Don Homedes? El anciano chamán hizo una larga inspiración, como si quisiera absorber toda la energía del aire, o sea, lo que los hindúes denominan prana, y luego repuso: Don Homedes:-El mundo en el que vivimos no es perfecto porque es mentira, la verdad no existe en este lado, todos somos lo que creemos ser pero no sabemos quienes somos en realidad; la vida, igual que una trampa, nos tiene presos, y sin embargo, estamos convencidos de que somos libres...” Me permito interrumpir la disertación que nos dio Don Homedes, ya que escribo sobre un viaje y no un libro de texto filosófico-místico, tema para el cual no estoy capacitado. En aquella ocasión yo fui un oyente, como todos los demás miembros de la expedición turística, y un escucha no adepto, lo que dificulta todavía más la asimilación de las enseñanzas, o mensaje, que el venerable anciano nos regaló esa noche, por otra parte, inolvidable, y viene a significar que oí respetuoso la plática, ya que Don Homedes, repito, era un hombre honesto, pero que no me enteré de casi nada puesto que el lenguaje me resultó por demás críptico -ustedes pueden encontrar la charla, integra, en el número 140 de EL MUNDO DE LA PUERTA TRIANGULAR-, pero que no pude comulgar con ruedas de molino porque ante mí todo aquello, ser y no ser, estar y no estar, carecía de un sentido lógico, y por carecer, me confundía... Lo único que saqué en limpio de la memorable velada, es que algunas frases me recordaban fragmentos de las obras de Shakespeare, uno de mis autores favoritos, sobre todo, cuando al final, Don Homedes remató hablando de la realidad de los sueños, y entonces me vivieron a la mente esos versos del bardo inglés, que afirman muy literariamente: Somos de la materia de la que están hechos los sueños/y, al dormirnos, nuestra pequeña vida se completa. ¿Realidad o fantasía? La verdad es que en esos momentos lo ignoraba, pero después, y mucho más tarde aún, ahora incluso, no sabía, no supe, y ya no sé, a que atenerme.
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