| VIII CAPÍTULO (1) | |||
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-... y de improviso,
una reluciente forma circular emergió de la luz que entonces se opacó...
Yo no daba crédito a mis ojos... Había oído hablar muchas veces de platillos
voladores, de ovnis, pero siempre creí que eran alucinaciones... Me
pellizqué con saña; debía de estar soñando, aquello no era real... Mientras
tanto el ovni comenzó a hacer señales con las luces, y, de repente,
se apagó... Me froté los ojos deslumbrado, los cerré, y cuando volví
a abrirlos, ya no existía la noche... –pausa dramática- Dentro de la
luz, lo que pudiéramos llamar su núcleo, se movía algo, una forma...
-¡YHANTAR! –aulló el respetable enloquecido de júbilo. Dulcedumbre sonrió con modestia. -En efecto, era él... –aplausos desmadrados, chillidos histéricos- El propio Yhantar que procedente de Liberus Ataxi-24, la nave nodriza, acababa de bajar a la Tierra, eligiéndome a mí para entregarme el mensaje de paz y amor que desde esa fecha bendita, voy difundiendo de ciudad en ciudad, de país en país... –más aplausos- Yhantar es alto, rubio natural, pelo largo y lacio, ojos azules oblicuos, y sobrehumanamente bello. En sus manos, en lugar de cinco habían cuatro dedos e iba vestido con lo que pudiéramos llamar una especie de mono sin costuras ni bolsillos, sus píes calzaban ligeras botas que ofrecían la sensación de formar un todo con el traje, y él, de abajo a arriba, irradiaba luz como un sol... Me habló sin voz, telepáticamente, por supuesto, diciendo: “-Terrestre, procedo de una lejana galaxia situada a millones de años luz de su planeta, pero merced a saber utilizar corrientes cósmicas que ustedes ignoran, y que en su momento les explicaré, los de mi mundo podemos trasladarnos por el universo instantáneamente, aunque ello pueda parecer inverosímil a los sabios de ustedes, cuyo nivel científico es ostensiblemente bajo si lo comparamos con el de los nuestros, mejor dicho, no hay comparación... Yo estoy aquí porque tengo una misión que realizar, como muchos de mis compañeros de vuelo de diferentes naves. Hemos sido elegidos para programar de entre ustedes a quienes puedan ser los líderes de un movimiento intergaláctico de grande repercusiones cósmicas... Ustedes van a entrar en la Era de Acuario con pleno disfrute y ya es hora que den el salto de ingreso en la Comunidad Galáctica... Lo que en su lenguaje significa una confederación... Ustedes, los escogidos, han llegado a la mayoría de edad y preciso es el que los instruyamos, por más que el nivel espiritual de ustedes deje mucho que desear, ya que posee una vibración muy baja, pero ha llegado la hora de que se esfuercen para estar a la altura del resto de la Comunidad Galáctica... ¡Arrodíllese terrícola, yo le impongo el nombre de Dulcedumbre y ese nombre habrá de tener resonancias planetarias porque usted, juntamente con otros contactados, ha de llevar nuestro mensaje de paz y amor!... Hace cerca de dos mil años, otro líder de incierta suerte, predicó amor y paz y por ello se le condenó, la humanidad escupió sobre la mano que se le tendía y eso fue en los albores de la Era de Piscis, pero Acuario es cambio total, revolución, y así ha de ser... Miles de líderes seleccionados por nosotros florecerán en el planeta de ustedes, llevando cual estandarte la Verdad, la Paz y el Amor... ¡Planeta Tierra, ha llegado el momento de la mayoría de edad!... Pero, usted escúcheme Dulcedumbre, en esta ocasión todo será diferente, no se verterá sangre, como tantas veces ha ocurrido, los humanos ya están cansados de verla correr, y así, amorosamente, se alcanzará aquello que nunca ni han tenido ni conocido ustedes: la auténtica EDAD DE ORO de la Humanidad... -¿Cuál será mi misión, maestro? –quise saber transido de dicha, y él replicó: -Su misión consistirá en hacer crecer la espiritualidad en el hombre, en hacer que se desprenda de sus malos hábitos materialistas, del egoísmo, de la avaricia, de sus bienes, de esas posesiones que lastran su alma inmortal, en hacer que vuelva a Dios su Creador por la vía del conocimiento y el amor fraterno...” Tales fueron las palabras de Yhantar y así estoy esta noche entre ustedes... Este fue el Encuentro y la Revelación que en él se me hizo... Pueden ustedes comprender que después de este suceso portentoso mi existencia cambiara por completo y ya nada volviese a ser igual... Yo reconozco, con la mayor humildad, que no entiendo la causa de mi elección dado que, en mi vida anterior al Encuentro, no realicé actividad meritoria alguna para que Ellos me hayan distinguido de tal suerte, mas éste es otro misterio insondable de eso que en nuestro torpe lenguaje humano denominamos Providencia... El público aplaudió con frenesí aullando después conjuntadamente: -¡Dulcedumbre, háblanos de La Señal! -¡Sí, sí, háblanos de La Señal! -¡La Señal, La Señal! Benevolente y complacido, Dulcedumbre Foliot se dispuso a hablar de nuevo. -La Señal está en todos nosotros, bien que invisible, porque La Señal es el aliento de Dios... Pero cuando Ellos establecen un contacto con humanos suelen implantar, dentro del cerebro, un pequeño... Bien, eso que podríamos llamar una especie de microchip que equivale a una estación de seguimiento, de esta manera siempre permanecen en relación con nosotros... Luego de mi encuentro con Yhantar, debí caer al suelo desvanecido, porque al abrir los ojos amanecía y aparentemente todo hubiera podido ser un sueño de no quedarme una pequeña cicatriz en la base del cráneo, junto a la oreja izquierda... Esta cicatriz la han visto médicos y ha sido fotografiada y difundida en prensa y televisión, y los médicos admiten que debajo hay un cuerpo extraño que no corresponde a nada conocido en la Tierra... –de nuevo los aplausos interrumpieron al orador; gritos de “¡hijo de las estrellas!”- Tengo que puntualizar que esta cicatriz nunca existió antes de El Encuentro... –agregó com su modestia habitual- Ahora, después de haber oído cuanto he relatado, pocos son los que de entre ustedes ignoren ya el significado del Mensaje que debo dar al mundo entero: comprensión entre las gentes, paz entre los pueblos, amor universal... Abrió otra vez, solemnemente, los brazos; Derenna se puso a cantar y entró en escena un nuevo personaje, caminando pausadamente... Aquello fue el delirio, todo el público se puso en píe aplaudiendo, mientras de sus labios surgía un nombre entonado monorrítmicamente: -¡Drassida, Drassida, Drassida! -¡Drassida, Drassida, Drassida! |