CAPÍTULO IV (2)

"Por desgracia sí, pero, de todas formas, continúa siendo un secreto, aunque le suene paradójico. Cuando lo encontré hace tres años, cometí la ingenuidad de irlo enseñando a quienes yo suponía lo iban a aceptar entusiasmados, y me llevé un chasco mayúsculo... Ya puede imaginarse, sólo aceptan los establecido, la historia oficial. Nadie cree que sea suyo, uno de sus cuadernos perdidos. Son tan estúpidos, que ni siquiera un perito grafólogo les pudo convencer... Casi me lo tiran a la cabeza y resulta incomprensible, ¡pues no dijeron que era falso!...¡Falso!... No entiendo como lo pudieron siquiera pensar. ¿Y el papel?, ¿y la tinta?, ¿y lo que dictaminó el grafólogo?... Afortunadamente, les dejé fotocopia del cuaderno, (es un tipo de papel que se quebraría si lo tocasen demasiadas manos, ¿sabe?), pero no la hice del borrador de la carta. Y fue una decisión acertada, ya que con el cuaderno bastó y sobró. Si llego a entregar la carta, una misiva sin firma, la rechifla es general"

"¿No tiene miedo de que alguien haga suyo ese descubrimiento?"

"¿Me supone tan pardillo, joven? Todo lo registré debidamente antes de entregar una línea para su investigación. Pero, no sufra, han pasado tres años y nadie se ha atribuido la paternidad de esa noticia, ni siquiera lo han mencionado públicamente. Tranquila.

Mire, tanta indiferencia, tanto rechazo, es obra de la campaña negativa orquestada por Komarov desde hace muchos años, pues no debemos olvidar, que este individuo cuenta con muchos simpatizantes y adeptos... Que si el poeta tiene que ser homosexual, que si el poeta ofrece lagunas en su biografía. Stepán Dimítrievich ha llegado a afirmar que intencionadas, ¿se da usted cuenta?, ¡intencionadas!... Será que a veces no se nos extravían papeles e incluso originales..."

"En este cuaderno, ¿se desvela el misterio sobre la supuesta homosexualidad del poeta?"

"¡Ah, no precisamente!... Sin embargo esto no es lo más importante, no le hubiese pedido a usted que viniese aquí por una cosa tan absurda y que para mi se halla descartada... Por cierto, ¿a que no sabe usted una anécdota de lo más divertido en todo este majadero asunto?"

"No, no conozco ninguna anécdota divertida."

"Komarov naturalmente, siempre el inefable Stiva Komarov... Se lo cuento ahora y seguro que se echa usted a reír como me estoy riendo yo ahora mismo. ¿No sabe, que, en uno de sus habituales arrebatos de memez crónica, Komarov ha soltado no hace mucho, vaya, hace poquísimo, por suerte nadie le ha tomado en consideración, que nuestro amigo el poeta era...¡una mujer!

Si, hija mía, sí, como lo está leyendo... Una mujer... Supongo que la mujer barbuda, para que el circo resulte completo... ¿No le parece que las ideas fijas son malas compañeras de investigación?"

" No, no lo sabía... ¿Cuándo lo ha dicho y en que se basa?"

"Pues lo dijo hace, creo, apenas un mes, tres semanas, dos, o algo semejante, pero se trata de una hipótesis que es tan idiota, y, además, tan, tan propicia al chascarrillo fácil, a la caricatura, al esperpento, que ninguno que posea dos dedos de frente puede aceptarlo, so pena de cubrir de irrisión un terreno tan serio como el de las investigaciones...¿Se imagina el desprestigio, la burla que conllevaría?"

"Pero, ¿en qué se basa?; una simpleza semejante no se difunde de manera irresponsable."

"Komarov es tonto y ya está, no hay que buscar más. Tiene unas ganas enormes de relumbrón y popularidad, de que sus tesis sean las verdaderas y compruebo que no se detiene ante nada, con tal de ser famoso... Es de ese tipo de personas que por el aquel de hacernos creer que las sirenas existen, sería capaz de fabricar una con deshechos marinos, no el nuevo Prometeo, sino el nuevo Frankenstein. Le gusta retorcer demasiado las cosas... Ahora asegura, viraje de 90 grados, que el poeta fue siempre una mujer, pero vestido de hombre para disimular, que la historia de su infancia es falsa, y que el castellano des Colombes no fue en un monasterio donde lo, perdón, (la) halló, sino en su propio hogar, en lo del encuentro no hay variación,. Una señorita de casa bien que se fuga por amor con un apuesto viajero, luego imita a George Sand y comienza la leyenda. ¿qué por qué disimula? No está bien visto que una niña de buena familia se escape con el primer extranjero que aparece, de ahí el cambiazo... Luego la farsa continúa, a mayor gloria de Komarov..."

"Pero existe un retrato del poeta, muy conocido, una fotografía, todos la hemos visto. Constituye lo que podríamos denominar, su foto oficial..."

"Sí, la mujer barbuda, en la siempre muy respetable opinión de Komarov, ya lo sé... No menosprecie la inventiva de Komarov, sin embargo. Él asegura que "ella" tuvo un amante, otro, a la muerte de su protector, y que de ese amante son los retratos que han pasado como suyos, su amante, su mejor amigo en la versión oficial que a tantos equívocos ha dado pie. Komarov añade que recordemos como el cadáver del poeta fue incinerado y sus cenizas dispersas, con fin y objeto de que los restos no fueran investigados post mortem. También se regodea señalando que  "es muy curioso" que no se guardase aparte el corazón para enterrarlo en su país o en Francia."

"No deja de tener cierta coherencia la historia."

"Únicamente que la base se desmorona bajo su peso. Y el talón de Aquiles de la hipótesis es que si bien todo el mundo en su época, vio y habló con el poeta, los de su círculo, se entiende, ninguno comentó nunca que fuese rigurosamente afeitado. Circunstancia que, por otra parte, a nadie hubiese sorprendido, porque poetas hubo en el XIX que no llevaban barba ni bigote."

"A propósito, ¿cómo era su amigo íntimo?"

"Ni la más remota idea. Siempre se le ha mencionado de pasada. Su amigo, igual que todos los amigos de la gente importante, no son sino miembros del coro, y cuando el actor principal desaparece, aquellos vuelven a su lugar anónimo; normalmente no tienen rostro aunque jamás carezcan de voz... Pero, no, no, este juego de las dobles personalidades es insostenible y, además, ridículo, aparte de que resulte ofensivo para todos cuantos nos dedicamos a estudiar en profundidad la vida y la obra de los desaparecidos ilustres... "

"Pero Komarov, aunque sea obstinado, tiene que refrendar sus aseveraciones con alguna prueba, por inconsistente que sea."

"¡Oh, él tiene una explicación que dar, la tiene! ¿Cómo no iba a tenerla si se juega su prestigio?... Asegura que cayó en sus pecadoras manos cierto retrato, autorretrato lo llama Komarov, que firmado por el poeta, y con una curiosa dedicatoria, muestra a una misteriosa jovencita de grandes ojos, boca pequeña, óvalo perfecto, ¿recuerda el ideal de belleza que privaba en el siglo antepasado?, pues eso, una chica de la época, envuelta en un manto, con los cabellos sueltos, largos... Y para Komarov es suficiente."

"¿Komarov tiene ese retrato?"

"¿Lo pregunta por qué recuerda la descripción de La Desconocida? Pero, muchacha, ¿es qué no advierte que se trata de un montaje? Ese retrato no existe. En éste collage, (el cuento del retrato), es otra invención para incautos con la que pretende dar verosimilitud a un rompecabezas... Mire si es cierto lo que le digo, que mucho hablar del dibujo y todavía nadie lo ha visto. Ergo, no existe."

"Señor O´Halloran, me temo que ese apunte pueda ser una realidad."

Y en pocas palabras, ella le reveló la ignorada existencia de la tía abuela de Mary O´Flaherty, siendo aceptada la revelación, no se sabe si con un estallido de euforia o de contrariedad.

"¡Inconcebible, fantástico!... No será usted un agente de Komarov, ¿verdad? Perdone, era una broma, por supuesto que no lo decía en serio, naturalmente... ¡Entonces existe ese retrato, sea de quien sea, lo que significa que...!"

"Significa que lo tiene Komarov. Y tanto si retrata a la tía abuela de Mary, cosa que yo deseo con toda mi alma, como si no, esta existencia no cambia para nada los hechos. El poeta dibujó a una niña en la cual la idealización puede disimular la edad, se lo regaló, siempre en el supuesto de que ese retrato sea el que yo le acabo de citar, pero el equívoco persiste ya que Komarov desvaría convirtiéndola en el poeta... Usted acaba de describirla con las mismas palabras que el escritor a La Desconocida en su encuentro por el camino del acantilado... ¿Era así la tía abuela de Mary O´Flaherty, o su retrato nada tiene que ver con ella, y estamos ante el comienzo de otro laberinto?"

"Me da la sensación que cada vez andamos más perdidos. Hace unos instantes yo negaba la existencia de ese dibujo, y usted me la ha rebatido con unas palabras de las que no tengo porque dudar, y ahora es usted misma la que duda incluso ofreciéndome el esclarecimiento de los hechos... Bueno, ¿y si Komarov no tuviese el retrato en cuestión, pero le hubieran hablado de él? No sería nada raro puesto que no lo ha enseñado a nadie... Venga, ricemos más el rizo, ¿y si cuando se anticipó hablando sobre ese retrato no visto pero si descrito por alguien, estaba a la espera de comprarlo? La impaciencia bien pudo hacerle actuar precipitadamente, ¿no cree?"

"¡Eso es, no lo tiene, igual ha sabido de la misma historia por otra fuente, sólo la existencia del retrato y actualmente está buscando como un loco a su propietario!... O quizá ya lo posee y está preparando, al montar toda esa absurda campaña, el momento de darlo a conocer públicamente."

"Sin embargo, una golondrina no hace primavera... De acuerdo, existe un retrato y sea de esa niña irlandesa o del camarlengo mayor, es un dibujo y por muy firmado y dedicado que esté no es patente de corso de ningún travestismo romántico. Puede ser un hallazgo como dibujo, pero no va a cambiar la identidad de un escritor que paseó su talento por medio mundo llegando incluso a ser recibido en las cortes europeas, un hombre del que no se conserva retrato en el que aparezca afeitado. Lo que significa que admito lo del dibujo, pero no el resto."

Ella se quedó ensimismada contemplado la brillante pantalla del monitor. Le dolía casi físicamente el que tan precioso retrato, si es que se trataba del apunte hecho a la niña irlandesa, fuese no ya de mano en mano, sino de boca en boca y sustentando teorías aún más delirantes que las anteriores. Con un esfuerzo quiso volver a la inestable realidad de todo aquel asunto.

 

"En el cuaderno que usted ha encontrado, y que gracias a Dios no es una suposición, ¿qué claves se encierran?"

"No se descorazona fácilmente, ¿eh?, continúa buscando el conjuro mágico que le permita acceder al interior de la cueva sellada."

"En eso le imito."

"Sí, somos almas gemelas... Mire, en este cuadernillo nada hay que revele inexactitudes en la vida de nuestro querido amigo, sólo viene a cubrir huecos. En ellas se habla de los años en que viajó ininterrumpidamente con su padre adoptivo por el mundo entero... (¿Sabe que llegó a visitar las ruinas de Pompeya?). Sus apuntes de los países visitados son extraordinarios y en ellos se reconocen páginas posteriores y ya publicadas. En cuanto a la dichosa homosexualidad, lo único, fíjese bien, lo único que aparece relacionado, curiosamente, o, mejor diría yo, casualmente, es una confusa historia en la que, al parecer, en Turquía, cierto anfitrión quiso captarle en un cortejo muy socrático."

"¿Por qué dice usted, confusa historia?"

"No es que él pretenda encubrir nada o tergiversarlo, no se trata de eso, ¿sabe? Confusión no es oscuridad, era su propia vergüenza al verse metido en una situación turbia."

"Pero eso nunca se ha sabido, comentado por él, quiero decir."

"¡Afortunadamente, sólo faltaba que lo hubiese pregonado para que la mayoría saltara de gozo!... Esa vivencia la transcribo en mi obra con fin y objeto de abrir muchos ojos que permanecen cómodamente cerrados. Las reflexiones del poeta al respecto no dejan lugar a dudas."

 "¿Qué más hay en esas páginas?"

"La verdad menos esperada, a cuyo lado, todas las demás suposiciones van a quedarse pálidas... Nuestro amigo el poeta, el novelista, era un iniciado."

"¿Un... qué?"

"Un iniciado, un estudioso de la Ciencias Ocultas, como, por ejemplo, madame Elena Petrovna Blavatsky... ¿Sabe de quién estoy hablando?"

"Algo he leído aunque no demasiado."

"¡Estupendo, magnífico, así puede que lo entienda mejor, que capte todo cuanto voy a desvelarle enseguida!... Para usted el poeta, el viajero romántico enamorado de una sombra, su Beatriz, su Laura, su Dulcinea, no es más que eso, una presencia lejana y atractiva, no un sabio, un estudioso de los tesoros ocultos del saber prohibido, y aquí, en estas hojitas, se descubre todo. Apenas 50 páginas y nos ofrecen la perspectiva de una existencia ignorada y que yo voy a mostrar al mundo entero, tanto si les gusta como si no."

 

Ella estaba muy impresionada, y no era para menos. El resucitado O´Halloran le estaba concediendo una gran primicia, que, de ser cierta en todos sus aspectos, podía significar el bombazo periodístico del año, y ella la encargada de divulgarlo. Iba a hacer un comentario, cuando su corresponsal, sin esperar respuesta, escribió de nuevo, y, personalidad desconcertante, sorprendiéndola otra vez.

"Amiga mía, tengo que dejarla. Acabo de darme cuenta de la hora que es y he de sacar a los perros de paseo, una pareja de spaniels. ¡Pobres animales, ellos no hablan, pero con la mirada son muy expresivos! ¿Le parece que interrumpamos aquí nuestra conversación?... Podemos reemprenderla mañana, o cuando a usted le vaya bien, eso, si no viene antes a visitarme... ¿Qué me dice?"

"Le digo que sí. Le llamaré mañana por la tarde, dígame usted la hora en que puedo hacerlo."

"Pero, ¿vendrá a verme, no?"

"Cuente con ello."

"¿Podrá llamarme cómo hoy, a partir de las seis?"

"Lo mismo, y si surge algún retraso se lo haré saber."

"Recemos para que no surja."

Ella sonrió con cierta ternura. Patrick O´Halloran no dejaba de ser un hombre muy viejo que probablemente vivía sin otra compañía que la de sus dos perros, sus libros, sus teorías y sus hallazgos, y a quien nadie ya le escuchaba. Por un fugaz momento pensó si todo aquello no serían fantasías de un anciano que pretende llamar la atención, pero luego se encogió de hombros. Ella, alguna vez, tuvo un abuelo que recordaba, y al que iba unida la imagen de una abuela, de un libro de cuentos, de una biblioteca antigua y oscura, de una infancia lejana. Sus abuelos ya no vivían y O´Halloran sí, ¿qué costaba el ser amable?

 

Continuará...

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