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Ella
había hecho su reportaje y regresó. Como dominaba a la perfección el tema,
pudo desarrollar un trabajo documentado y perfecto que le valió numerosas
felicitaciones en el periódico, felicitaciones que se vieron refrendadas
por la excelente acogida con que fue recibido por el público lector y
las iras de la competencia ante el oportunismo del rotativo anticipándose
en dos meses al aniversario de la muerte del poeta.
Al martes siguiente a la salida del monográfico en el magazine
dominguero, se recibió en redacción un e-mail dirigido exclusivamente
a la periodista que había realizado el reportaje. No se trataba de una
carta al director, era una carta para ella y decía así:
"Apreciada señorita: Me llamo Patrick O´Halloran y usted ha tenido la
gentileza de mencionarme en la breve reseña bibliográfica que cita a pie
de reportaje. Imagino que me debía suponer muerto o algo similar, casi
todo el mundo lo cree, pero todavía estoy vivo, nonagenario, pero vivito
y coleando, como dicen ustedes en su rico idioma que yo, por desgracia,
no domino demasiado bien, al menos verbalmente. Salvando este escollo,
le diré que la felicito por su estupendo reportaje sobre la leyenda de
Jane. Si he de serle sincero, lo que más me ha llamado la atención de
éste, no ha sido ciertamente lo que usted cuenta, más bien lo que usted
silencia, eso es lo que me atrae, porque creo que he sabido leer entre
líneas.
Le escribo desde la Palma de Gran Canaria lugar en el cual resido hace
ya muchos años y en donde me encuentro muy a gusto. ¿Por qué no viene
a verme? Yo podría contarle muchas cosas de nuestro común y admirado amigo,
ese poeta al que todos han dado en llamar francés siendo muy otro su origen,
asuntos que he ido investigando en esta tranquila etapa de retiro, hechos
verdaderamente sorprendentes.
Estoy a punto de terminar un libro sobre ello y me agradaría darle a usted
la primicia; mi obra saldrá en breve y supongo que un poco de publicidad
no nos hará daño a ninguno de los dos, ¿le parece?. La edición me la voy
a costear yo. No he encontrado a nadie, editorial, lo suficiente atrevido
como para hacerlo.
Le ruego que me conteste, aunque sea para darme una negativa, cosa que
espero no haga, desde luego.
Reciba un cordial saludo de
Pat
O´Halloran"
¡Patrick O´Halloran!...¿Quién hubiera dicho que el anciano caballero alentaba
aún?, nadie, o ella, por lo menos. Patrick O´Halloran estaba vivo, había
leído su reportaje y quería verla...
En redacción ninguno se tomó en serio la carta. O´Halloran había dejado
de ser noticia hacía años y así se lo dijeron a ella.
-Está como una cabra y ya nadie lo tiene en consideración desde que escribió
aquel libro delirante sobre la Atlántida. De esto hace años, ¿no te acuerdas?...
Sí, mujer, el que sostenía que las hadas fueron los primitivos habitantes
de la Atlántida, emigrados a Irlanda, Bretaña, Galicia, sin olvidarnos
de Canarias, Madeira y las Azores... Tendrías que acordarte del escándalo
que se organizó hace una década, antológico, vamos... De biógrafo a historiador
de ficción fantástica. Se dijo que, como a don Quijote, se le había sorbido
el seso de tanto leer... ¿Es posible que no te acuerdes?;¡si la cosa fue
más que sonada!
Le aconsejaron que no le hiciese caso y desestimaron el asunto. En su
opinión, el poeta sólo valía un monográfico dominical y éste ya había
sido escrito, ahora se tenía que correr detrás de otras noticias.
Ella no hizo ningún comentario y en cuanto llegó a su casa le contestó
con otro e-mail.
"Querido señor O´Halloran: No sabe usted
la alegría que he tenido al recibir su carta. Desde los 17 años soy lectora
suya y puedo decirle que me he leído todo cuanto usted ha escrito sobre
el poeta, hasta el último ensayo, tan documentado, sobre la presunta homosexualidad
del novelista, que a usted le valió un premio internacional hace más de
veinte años y la enemistad de cuantos investigadores han sostenido lo
contrario, entre ellos el terrible Komarov que se vio obligado a llenar
cuatro volúmenes intentando rebatirle, origen de la famosa controversia
que lleva el nombre de ustedes dos y que ha pasado a la historia de la
literatura contemporánea como modelo de debate ininterrumpido.
Me siento muy halagada por su invitación, y desde luego que iré a visitarle
en cuanto pueda, y no tardando mucho, se lo prometo.
Atentamente..."
La contestación, por el mismo procedimiento
electrónico, le llegó unos minutos más tarde, pero ella la leyó con el
retraso de una hora, al abrir de nuevo el correo, curiosa por comprobar
si O´Halloran había respondido.
"Querida amiga: Mi alegría aún ha sido mayor
que la suya. No solamente me ha mencionado en su reportaje sino que incluso
se tomó la molestia de responderme, ¡Dios la bendiga!. A los viejos nos
gusta que la gente joven se acuerde de nosotros y nos tenga presentes,
sobre todo, cuando en su caso, existen tantas preguntas por hacer, y en
el mío, tantas respuestas que darle.
Me dice que piensa venir a visitarme, ¡perfecto!, cuento con ello, pero,
¿qué le parece si mientras esperamos que ese día llegue, no comienza un
mutuo intercambio de información?
¿Yo? Exclamará usted a buen seguro, de lo más sorprendida. Si, hija, si,
¿por qué no? Nunca he creído que las viejas generaciones escondamos secretos
especiales, o, mejor dicho, que atesoremos una exquisita sabiduría. Todo
eso son pamemas, como dicen ustedes con tanta gracia. (Bueno, en realidad,
no es esa la interjección al uso, lo sabemos usted y yo, ¿verdad?)
La voy a ayudar.
Preguntas que puede hacerme:
1ª) ¿Qué sabe del poeta que yo no sepa, señor O´Halloran, si me he leído
todo lo que ha escrito usted sobre él?
2ª) Si se trata de un nuevo libro acerca del interesado, es porque, o
sabe cosas que nadie más conoce, o porque tiene usted algo tangible que
mostrar como prueba. ¿Es cierto señor O´Halloran?
3ª) Y última: ¿Puedo fiarme de este vejestorio visionario, que protagonizó
hace diez años el escándalo del siglo al defender la tesis de que las
hadas fueron los primitivos habitantes de la Atlántida? ¿No me tomará
el pelo?
¿A que no voy desencaminado?
Respuesta:
1ª) Algo que nadie más que yo, el señor Patricio, como me llaman por aquí,
sé. La gran revelación: Quién era, cómo era, y lo que pensaba el poeta.
Un auténtico rayo desintegrador para sus enemigos.
2ª) Tengo esa prueba tangible. La encontré en una librería de viejo, sepultada
entre un montón de papelajos inservibles de auténticos desconocidos, mezclado
con carpetas escolares del tiempo de mis padres, que, por cronología,
son contemporáneos de sus bisabuelos señorita, ¿o quizá tatarabuelos?,
(a menudo olvido la edad que tengo porque mi espíritu es el que no ha
envejecido), y, como comprenderá, no me estoy refiriendo a lazos familiares.
¿En Irlanda?, se preguntará usted y yo le respondo que él nunca más volvió
a Irlanda. La encontré en Italia, en Verona, en una tiendecita indescriptible,
hará cosa de tres años.
3ª) Y última: Puede fiarse. Quizá sea un excéntrico, pero soy una persona
honesta.
Le ruego que me responda a vuelta de correo, como se decía antes. Piense
que mi tiempo, cada hora que pasa, se hace más corto. Espero.
Pat."
Ella,
sorprendida, pero entusiasmada, le contestó.
"Estimado señor: Aquí me tiene y muerta
de curiosidad.
¿Qué es lo que usted encontró en esa tienda? ¿Cartas, dibujos, el original
de alguna novela firmada por él?
¿Y que puedo saber yo que usted no sepa ya?
Espero.
..."
Él
debía hallarse acechando el monitor y conectado porque la respuesta saltó
a la pantalla inmediatamente y sin preámbulos.
"¿Que qué es lo que yo encontré en esa tienda,
la librería? Pues... un cuaderno roñoso y medio desvencijado, un cuadernillo
sin tapas y maltratado por el tiempo a juzgar por la calidad del papel,
su color amarillento y ese polvo impalpable que daba la impresión de haberse
incrustado allí, otorgándole un aspecto sucio y manoseado. Las puntas
de las hojas se rizaban suavemente como hace el papel cuando arde. Estaba
escrito a mano y la tinta, buena tinta de calamar en su época, palidecía
a trechos hasta hacer incomprensibles las palabras. Escrito en francés
el cuaderno, en su primera página sin número, mostraba una caligrafía
inglesa perfecta, pero la letra... Aquella letra... "Atravesamos el
desierto de Gobi. Todo a nuestro alrededor era silencio, sol ardiente
y arenas. Los hombres de la expedición..."
¿Qué le ha parecido este fragmento de mi libro? ¿Adivina a quién me estoy
refiriendo?
Sí, tuve la inmensa suerte de encontrarme con uno de los cuadernos desaparecidos...
Supongo que debe estar impresionadísima, ¿no?. Espero"
Lo estaba. Tecleó velozmente:
"Querido señor, no tengo palabras...
Es apasionante. Le ruego que continúe."
Y continuaron, pero utilizando el Messenger.
El Mensajero, uno de los nombres de alado Mercurio...
"Ese cuaderno es una verdadera joya. Como
el hallazgo de lo de Tutamkhamon pero en literatura y yo el afortunado
Carter, (no querría ser un lord por nada del mundo). Mire, la clásica
oportunidad entre un millón. Algo increíble, maravilloso. Habla de La
Desconocida y ya no mencionando encuentros fortuitos exclusivamente. Esa
mujer, que transita lo mismo que un fantasma por lo que se ha leído ya,
de pronto se vuelve real, es hasta humana, con esto tirando por tierra
la especulación que en su tiempo se hizo de una Dulcinea, el ideal perfecto
y, por tanto, sólo existente más que en la imaginación del poeta. Esos
amores antiguos que se sustentaban en espejismos, ¿comprende?... Incluso
yo llegué casi a creerlo, ¡había tan pocas pistas!...
Le transcribo otro fragmento:
"...quiero pensar que un día tú vendrás a mí, bajo el subterfugio de
una visita impuesta por la admiración, rotos los prejuicios y las inhibiciones,
liberada de la influencia de los convencionalismos, sin importarte lo
que el mundo entero pueda decir. Llamarás a mi puerta y yo no estaré para
recibirte, otros lo harán en mi nombre, mas cuando salgas, entristecida
al no haberme hallado, yo, de regreso, te encontraré a mitad de ese largo
camino que siempre hemos recorrido cual líneas paralelas destinadas a
no coincidir jamás, y el milagro será consumado. Me reconocerás, cruzaremos
escasas palabras, y, dándome la mano, vendrás conmigo a ese universo que
me pertenece por derecho propio ya que voy creándolo día a día, en mi
fantasía y del que tú eres su criatura más tiernamente amada..".
¿No es emocionante?... Y muchísimo más, si tenemos en cuenta de que tales
líneas no pertenecen al cuaderno, sino a un pliego metido dentro de él,
que parece ser el borrador inacabado de una carta sin encabezamiento ni,
por supuesto, despedida, del poeta a La Desconocida, y que, por descontado,
ella nunca llegó a recibir... Todo lo cual puede significar que se carteaban...
Créame, cuando la leí por primera vez, se me puso un nudo en la garganta,
será porque tampoco pertenezco a esta época desquiciada de amores al minuto,
hamburguesas y patatas fritas... Claro que intentar comprender aquel tipo
de amores, resulta algo difícil. Por ejemplo, Dickens enamorado de su
cuñada para siempre, anteponiendo el recuerdo de la muerta a la realidad
de su propia esposa. Los amores platónicos de Brahms por Clara Wieck,
Amiel, que tanto teorizó sobre el amor y que, en ese sentido era un analfabeto
integral. El Bécquer de ustedes, amando irremediablemente a la bella señorita
Julia, a quien descubre en un balcón y con la que jamás cruza palabra...
No, no, no eran nuestros tiempos, desde luego..."
"¿Sabe alguien más lo de este cuaderno?".
Continuará...

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