CAPÍTULO X

Ella salió de la casa como quien camina en sueños, lo mismo que una sonámbula.

Ya había anochecido, y a la lluvia de la mañana y la humedad de la tarde, venía a sumarse una tenue niebla que comenzaba a distorsionar las formas. La calle seguía respirando antigüedad, una antigüedad burguesa y tranquila de barrio sin preocupaciones, nada había cambiado, sólo anochecido, y las farolas se hallaban encendidas. La calle estaba silenciosa y desierta, los postigos de las ventanas de los edificios, cerrados, o aquellas, cubiertos los cristales por espesos cortinajes. Inopinadamente, una silueta se recortó bajo la espectral luz de la farola más próxima. Parecía un hombre y vestía un abrigo oscuro.

Ella se encontraba aún demasiado aturdida para sorprenderse o tener miedo y un único pensamiento repetíase en su mente: ¿era ella, pues, Nina? Mas resultaba de todo punto descabellado, imposible, increíble...

El desconocido le salió al paso.

-Sabía que vendrías.

Esa voz...

Ella se arrancó de su abstracción al escucharla. La luz de la farola callejera daba de lleno sobre la cara del hombre en ese instante. Ella se estremeció. ¿Qué podía decir, me estoy volviendo loca, o, quiero despertar?

Se oyó a sí misma hablando en un murmullo.

-Tú no eres real...

Él, por toda respuesta, le alargó un objeto que ella recogió mecánicamente: se trataba del antifaz de blonda que había perdido en Venecia la noche de carnaval.

-Si yo no fuera una realidad tú tampoco existirías.

Ella se sintió derrotada.

-¿Quién es el sueño de quién? -quiso saber en voz alta porque dudaba de que aquella visión no fuese a desvanecerse de un momento al otro

Él sonrió amablemente.

-Te he soñado durante toda mi vida y hoy estás aquí, tal como siempre imaginé, saliendo de mi casa para encontrarte conmigo y no separarnos jamás...

-¿En tu pasado o en mi futuro? -preguntó ella con cierta amargura.

Él la cogió de la mano y ella notó su contacto vivo y cálido.

-No existe otra cosa que el presente, debieras saberlo ya.

-¿Qué presente? Tú estás muerto, hace años que...

Él volvió a sonreír.

-El presente es ayer y es mañana... Yo estoy soñando contigo ahora en el parque del Castillo des Colombes, sueño contigo en el sendero del acantilado, a las puertas de la Torre Kirby, estoy soñando contigo en Venecia, sueño contigo mientras agonizo... Y tú surges de la nada, criatura de un mundo presentido, la única mujer de mi vida, y vienes siempre a mí, eternamente, porque yo te amo...

Juntos desaparecieron tras la cortina de niebla; sólo el eco de sus pasos perduró en la calle desierta hasta extinguirse por fin en la distancia.

Continuará...

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