CAPÍTULO VIII

En el viaje de regreso, con tranquilidad, fuera del contexto mágico de Venecia, se puso a pensar en todo lo acaecido, y era como si evocase un sueño, al que afortunadamente, la realidad del autocar abarrotado de turistas vocingleros, colocaba en su debido sitio. Cuanto había sucedido en las últimas horas había sido irreal por completo, por no decir delirante, aunque, lo único de veras lamentable, lo constituía la desaparición del cuaderno heredado de O´Halloran. Pero, incluso ésa desaparición estaba teñida de un toque ilógico. Ella experimentaba una gran tristeza por haberlo perdido de una forma tan inexplicable, y, no obstante, su tristeza era dulce, con una punzada de suave melancolía que atemperaba el dolor incluso convirtiéndolo en agradable, lo mismo que cuando escuchamos una música exquisita, cuya belleza puede inducir al llanto, y eso no era normal.

Ella había extraviado el cuaderno que le fuera entregado, un documento único, pérdida casi trágica por lo que significaba, y sólo sentíase vagamente apenada, cuando en circunstancias como aquellas, en otra época de su vida, se hubiese hundido en la más negra desesperación. Resultaba incomprensible.

Ya en casa de nuevo, de algo sí que se preocupó con verdadero interés. El periodista italiano le había mencionado un descubrimiento hecho en el Castillo des Colombes y que tenía que ver con un nuevo libro del poeta. Pero nadie sabía nada. Ni siquiera en Internet a dónde fue a espigar en cuanto dejó el equipaje en el vestíbulo de su apartamento. Lo que le llevó a la deducción de que la noticia no había sido otra cosa mejor que una nueva fórmula de ligar inventada por el avispado reportero.

Transcurrieron los días y ella siguió reflexionando sobre todos aquellos sucesos tan inverosímiles y releyendo los papeles de O´Halloran, como si a través de sus bienintencionadas incoherencias, pudiera hallarse una respuesta sensata a las preguntas que le preocupaban. Y leyendo y volviendo a leer, encontró unos párrafos que antes le habían pasado inadvertidos porque no le habían dicho absolutamente nada hasta la fecha.

"... se habla, o más bien se rumorea en los mentideros, que existe una novela escrita por el poeta, una novela no publicada, y por tanto inédita, en la que él relata una determinada historia, aún más fantástica, si cabe, que todo lo que haya podido escribir y que el público conoce.

Si la presunta novela existe, lástima que él no dispusiera, a imitación de E.M. Forster con MAURICE, que dicha obra fuese publicada muchos años después de su fallecimiento. 

Si la presunta novela existe, repito, esté dónde esté, el día que salga a la luz, tal vez pueda alumbrar algunos pasajes de su vida puesto siempre en entredicho por los eternos críticos, y no me refiero ahora a su tan traída y llevada homosexualidad, sino a cosas verdaderamente importantes, como, por ejemplo, el desvelar la profundidad de sus estudios ocultistas, ya intuida en LAS HILANDERAS DEL TIEMPO, por citar uno de los títulos de su extensa obra.

Sé que se me reprochará el que hable de Ocultismo cuando esta novela mencionada siempre ha pasado por ser la avant-garde de la ficción fantástica, o un preliminar esbozo de ciencia ficción. ¿Y si no fuese así? ¿Se ha detenido alguien en pensarlo?"

"... aunque tal vez, y sólo tal vez, reflexionémoslo por un instante, ¿por qué no pudiera ser su Diario Intimo esa novela de la que se rumorea con tan escaso fundamento?... Que conste que yo no lo creo, pero, puestos a imaginar... "

 

Puestos a imaginar... Puestos a imaginar era como para volverse loca. Y aun así, ella continuó investigando hasta dar un pequeño libro, de edición antigua, en el que salían varios poemas poco divulgados y un relato corto verdaderamente curioso y que por la forma tan lírica en que había sido escrito, debió ser incluido entre los poemas. De todas formas, tanto unos como otro, pertenecían a sus años más juveniles, lo que hace comprensible la clasificación, porque, en ocasiones, los estudiosos también se confunden o desestiman, u omiten, al creerse en posesión de muchas certezas.

El cuento iba de que el protagonista, un ciudadano de mediados del XIX, conoce en sueños a una bella joven de la cual se enamora. Pero la doncella del sueño vive en la Edad Media; éste es el escenario en donde se desarrolla la historia. Los sueños se repiten hasta configurar una línea argumental en la que se inicia el idilio entre ambos. Un romance que concluye cuando los sueños se interrumpen, al no reanudarse mientras él duerme cada noche. Cesando los sueños con la muchacha, el protagonista, que lo recuerda todo como si en realidad los hubiera vivido, decide ir a las tierras en las que ella parecía desenvolverse, por si la encuentra en alguna leyenda o historia locales. No consiguiendo absolutamente nada hasta hallar a un sacerdote, quien, casualmente, le menciona la leyenda de cierta joven, hija de un conde, en la cual se decía que cada noche el diablo iba a visitarla a su alcoba. Al descubrirse el secreto por una indiscreción involuntaria de la muchacha, y llevado el caso hasta el confesor de la familia, éste aconseja que se la recluya en un convento, mas el diablo continúa asediándola. La exorcizan, y de resultas, ella enferma, muriendo al poco.

No la enterraron en sagrado, sino en un bosque, lejos de del convento; ninguna losa fue colocada encima de su tumba. El protagonista comprende entonces y llora sobre el recuerdo de su desdichado amor.

Como se advertirá, todo un argumento de gótico romanticismo aún adecuada para un buen sinnúmero de lectores.

Ella continúo pensando. Él, en lugar del Hado, al que se acostumbraba imprecar en semejantes lances, mencionaba tiempos paralelos, con frase que rubricaba el final de su relato, y eso no era ni gótico ni romántico, sino más bien desconcertante.

"¿Qué tiempos paralelos, destinados a no encontrarse jamás pero sí a coincidir en un punto, (a semejanza de esos viajeros que de un tren a otro se contemplan a través de las abiertas ventanillas), nos habían unido irrevocablemente saltando por encima de toda ley natural?"

¿Tenía algo que ver, aquel cuento, con su posterior ideología, en opinión de Patrick O´Halloran, totalmente ocultista?... ¿Había sido la semilla de lo que iba a venir más tarde?

Juegos con el Tiempo, mundos paralelos, extrañas doctrinas surgidas al socaire de no menos misteriosos ritos de iniciación, desdoblamientos de la mente o viajes astrales, ¿quién podía saberlo con exactitud?... Y luego estaba el viejo irlandés con sus benditas locuras, que proseguía devanando los hilos de aquel laberinto sin salida.

"... un autor posee las prerrogativas de un dios. Crea la vida con sus palabras. Sus personajes son Deucalión y Pirra, el Golem, ese Hombre de Palo que fabricó un mago toledano a fuerza de conjuros...Y el verbo se hizo carne...

¿Acaso no tienen igual vida que la nuestra los personajes de una novela? La diferencia estriba en que ellos saltan de una escena a la otra sin tener, como nosotros, que vivir ese aburrido encadenado que nos lleva de un hecho importante a otro; no se levantan cada mañana, no celebran cada año la Navidad, no viven las cuatro estaciones cronológicamente... Hoy son niños y a la página siguiente ya son hombres o mujeres, pueden haber muerto en el primero capítulo, y empezamos a saber de toda su existencia en el sexto, encontrándonos con su nacimiento al final de la novela... No hay un orden en la creación literaria, ni lo habrá jamás... "

¿Qué clase de camino era aquél por el cual ella iba avanzando? Probablemente no el trillado sendero convencional de todas las gentes comunes. Pero, ¿quién sabe por dónde va si se vive sumergido en la alternativa de dos épocas diferentes?

Continuará...

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