| CAPÍTULO VI (2) | |||
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Komarov gritó tonante para sobrepasar el rumor: -¡¡¡Lo sugerí en una ocasión y pocos me creyeron, faltaba esta evidencia, señores, para desvanecer las sombras de la duda!!!... ¡Yo siempre he defendido la teoría de la homosexualidad del poeta, hasta que al contemplar el dibujo, propiedad de un rico coleccionista norteamericano de obras de arte, comprendí de pronto lo que éste significaba, y si he tardado en refrendarlo públicamente, ello es debido a que el propietario del dibujo no se mostraba muy decidido a ceder desvelando el anonimato de este autorretrato, hasta que yo le garanticé que su nombre no sería revelado como dueño de... ! Alguien, un asistente, le interrumpió: -¿Cómo puede estar usted tan seguro de lo que proclama si, primero, el dibujo no tiene firma, y, segundo que nada hace suponer ni que sea un autorretrato, ni que esa persona se trate del poeta?... ¡Todo son elucubraciones suyas, señor Komarov! En contra de lo que cabía esperar, Stepán Dimitríevich, no se enfadó, sino que llegó a sonreír desdeñoso. -¡Lógico pensamiento, debido a su precipitación, joven!... ¡Yo, aún, no he terminado de hablar!...¡Siguiente diapositiva, por favor! En la segunda diapositiva, otra foto, ésta muy antigua, de las primeras, enseñaba al público una escena en la que posaban los miembros de una familia, que por aspecto y vestimenta eran eslavos y gentes de posición acomodada. -¡Contemplen, contemplen todos ustedes y fíjense bien! ¡Quienes aquí aparecen tan serios y solemnes, son los padres, hermanos y etc., del poeta, y aquí, en este ángulo, está él, o mejor dicho, ella! Según siempre se dijo, eran ocho hermanas y tres varones... Si tienen la bondad, advertirán que aquí aparecen 9 niñas, ¡NUEVE!, y no 8, y que sólo hay dos varones... Una voz protestó tímidamente: -Eso no es ninguna prueba irrefutable, en el XIX, existía la moda de vestir de niña a los varones, y la niña más pequeña podría ser él... Komarov sonrió beatíficamente. -¡Justo, si señor, la más pequeña, cuando de todos es sabido que era el sexto hijo por nacimiento y el tercer varón!... ¿Puede arreglar usted el puzzle, caballero? Durante unos segundos reinó un denso silencio, luego, otro participante dijo con voz débil: -Quedan dos chicos, podría ser uno de ellos... -Podría, indiscutiblemente, pero no lo es. -¿Cómo está tan seguro? -Por la edad, detrás de la foto se encuentra la fecha. Si fuera uno de los muchachos, al morir en 1905, habría contado o bien 33 años o bien 30, no 25, y eso en el supuesto de que los dos hermanos vivieran, ya que si alguno de ustedes, los que tan alegremente exponen su opinión, se hubieran tomado la molestia de asesorarse previamente, sabrían, si es que el tema les interesa tanto, que sus hermanos fallecieron, uno en un duelo y el otro de fiebres, en el intervalo de cuatro años, mientras nuestro poeta se perdía en legendarios viajes... Alors? -concluyó impertinente en francés. -¿Qué evidencia tiene usted, señor Komarov, de que esa fotografía pertenezca a la familia del poeta? -¡Yo no hablo por hablar, muchacho, y nunca afirmo nada que no haya investigado a fondo! Este retrato familiar me fue prestado amablemente por el mismo propietario del dibujo. Dibujo que le fue vendido a su abuelo, dueño también de esa foto y de mucho más material, ya que el citado caballero era un fiel admirador del poeta, o sea, que su nieto, doblemente heredero, dispone de un archivo valiosísimo para gozo de arqueólogos literarios... Alguien se rió y luego dijo: -¡Igual le timaron al venderle la foto, Stepán Dimitriévich, quizá le vendieron la de sus propios tatarabuelos! Estalló una carcajada general. Komarov se puso rojo de ira. -¡Por esta regla de tres, usted afirmaría que La Gioconda no fue obra de Da Vinci, porque usted no estaba allí mientras él la pintaba! -No se trata de eso, señor Komarov, se trata de que por mucho dinero que tenga cualquiera, también le pueden estafar. En cuanto al dibujo... -¡En cuanto al dibujo, señor mío, sin firma, ya lo sé, la letra fue peritada por grafólogos en su momento y no ofrece duda sobre su autenticidad! Ella entró en liza. -Señor Komarov, yo creo que el dibujo es del poeta, como usted asegura, pero no es ningún autorretrato. Como usted no ignora, el poeta realizó un viaje a Irlanda a raíz del cual escribió LA BALADA DE JANE... Ese dibujo se lo hizo a una muchachita en cuya casa se hospedó aquella noche, después de visitar el acantilado... Komarov estaba lívido. -¿Cómo sabe usted todo eso? -Estuve en Irlanda el verano pasado, visitando el lugar de los hechos, y la historia me la contó la nieta de aquella niña... -¡¡¡No me lo creo!!! -¿Oiga, Komarov, ¿por qué no cree a la señorita? -Eso, ¿por qué no la cree? -¡Tiene tanto derecho como usted a decir lo que sabe! -¡¡¡Mentiras, patrañas!!!... ¡¡Si eso fuese cierto usted, señorita, no estaría aquí contándolo en petit comité; habría dado la noticia a la prensa como primicia y cobrando por ello, ¿o es que es usted tonta?!! -¡Eh, no insulte a la señorita! -¿Se cree que por que peina canas, tiene inmunidad para hablar faltando el respeto a los demás? -¡Puede que usted sea un erudito, señor Komarov, pero es un maleducado y un prepotente! -¡Pida excusas a la señorita! Los organizadores acaban de irrumpir en la sala. -¡¡Señores, por favor un poco de calma, no hagamos una montaña de un grano de arena!! -¡El señor Komarov no ha tenido la intención de faltar el respeto a nadie! Ella se dejó oír entre el tumulto. -Si me lo permiten... No me considero ofendida, ni siquiera estoy enfadada. Comprendo que el señor Komarov se exalte y entiendo el que le extrañe que yo no divulgase una noticia semejante, pero estamos en el mismo caso, si a él, con dibujo y fotografía, le ponen en entredicho, ¿qué no hubieran hecho conmigo de llegar a difundirlo? E, incluso, ¿les hubiera merecido mayor credibilidad esa persona a quien se habría llamado supuesta nieta, o, en el peor de los casos, oportunista y embaucadora? Era una chica guapa de aspecto inequívocamente extranjero y los italianos suelen ser siempre sensibles a la belleza femenina de forma más demostrativa que en otras latitudes. Un estruendoso aplauso rubricó sus palabras, y como la mayoría del público era latino y Stepán Dimítrievich, ruso, el incidente se desvaneció igual que un fuego de artificio, aunque todavía flotasen por el ambiente las chispas. -Bien, señorita, olvidemos el enojoso asunto, mas permítame que le pregunte ahora, ¿por qué supone que este dibujo sea el de la niña irlandesa y no un autorretrato del poeta?... Ya ve que admito que pueda existir el tal dibujo... Ella dudó un instante antes de replicar. -No me baso en ningún razonamiento lógico, sólo le diré que es una corazonada... -coro de risas- Sí, ya sé que eso no es muy científico, aunque por otro lado exista la evidencia, que concuerda, de que a principios del siglo XX este dibujo fue vendido a un millonario, igual que el otro del que yo tengo noticia... Sería demasiada casualidad que se dieran dos casos idénticos, ¿no cree? Komarov se había dulcificado. -Si, indiscutiblemente, pero tampoco sería tan extraño. Ella prosiguió. -Señor Komarov, quisiera preguntarle algo... -Usted dirá. -Afirma que el poeta era una mujer y todos conocemos ese famoso retrato suyo , el que le identifica siempre, y en el cual aparece con barba y bigote... Se desataron las carcajadas. Komarov tuvo un inusitado rasgo de humor. -¿Piensa usted en la mujer barbuda? -Algo semejante. -Pues tranquilícese, esa foto no es de ella, sino de su último amante, su famoso amigo, un providencial traspapelamiento... ¿No ha visto usted cómo en muchas biografías de Edgar Allan Poe, sale un retrato en el que el único parecido que guarda con el autor, es el corte de pelo, una media melena, la frente despejada y el bigote? Pues ese retrato, señorita, pertenece a Gógol, y todavía es hora de que pueda llegar a entender, como se ha podido cometer tamaña equivocación... Ya ve usted, dos escritores tan distintos físicamente, y con unas facciones tan características y diferenciadas... Pero, volviendo a nuestro tema, haga memoria, recuerden todos, que los únicos retratos que se conservan del poeta, lo reproducen imberbe siempre. De hecho, la fotografía a la que usted alude, no es más que una, ya que luego, oportunamente, falleció... Ella se quedó muy pensativa, y Komarov continuó aplastante y paternal. -Analice la dedicatoria del dibujo, hija mía... ¿Se trata realmente de una dedicatoria o más bien de un comentario, de un soliloquio, de una honda y amarga reflexión?..."Tenemos necesidad de placer mientras nos causa dolor la ausencia de placer, pero dejamos de encontrarlo a faltar cuando desaparece el dolor"... ¿Cuál era ese dolor oculto que le atormentaba? ¿Acaso el de no poder revelar su identidad sexual? Si hubiera desaparecido su dolor, el placer de ser, se hubiese transformado en algo habitual, natural, ¿comprende ahora? Cuando salió a la calle -abandonando la sala en el momento en que todos, concluida la conferencia, se arremolinaban en torno a Komarov-, el frío de la noche la devolvió a la realidad. Con presteza, se escabulló en dirección a la calle más cercana, deseosa de que nadie fuese tras ella iniciando una conversación interminable sobre la charla y sus derivados, pero, o no fue lo suficientemente rápida, o quien quería contactar con ella estaba determinado a hablarle de todos modos. Era italiano, joven, moreno, feo y simpático. -Signorina, usted es periodista, ¿verdad? -Estoy terminando la carrera, pero trabajo para un diario. ¿tanto se nota? Él sonrió. -No soy adivino, he visto como se acreditaba. ¿Sabe?, somos colegas. -Comprendo, le interesa la historia de la niña irlandesa... -Si y no... Le seré sincero, después de escucharla, puedo ir yo a Irlanda como usted, si me dice en dónde localizar a su contacto. Pero no la he seguido por eso... exclusivamente...No, no piense mal, que ya sé la fama que tenemos los italianos... Hace unos días, muy pocos, se ha levantado un rumor acerca del poeta... -¿Otro rumor?...¿Qué clase de rumor? -repuso ella a la defensiva. -No, nada difamatorio esta vez, tranquilícese... Dicen que se ha descubierto el original manuscrito de una novela suya, en la biblioteca del Castillo des Colombes... Incluso se ha filtrado un título: FÉNIX... -¿FÉNIX? –repitió ella sorprendida. -Sí, eso dicen...FÉNIX, el ave que renace de sus propias cenizas... Claro que son rumores, de cierto nada se sabe... -¿Y suponía usted que yo podía saberlo? -Pues si, francamente. -¿Por qué no lo ha comentado en la sala? -¿Lo ha comentado alguien? -No... ¿Es que tienen miedo de hacer el ridículo? Él se pasó la mano por los cabellos con aire dubitativo. -No exactamente... Supongo que todos estamos trabajando en lo mismo y nadie quiere espantar la liebre... -¿Por qué me lo cuenta, entonces? Yo también soy la competencia... -Tiene usted cara de buena chica, y además es preciosa. -¿La doble alabanza significa qué me cree tonta? -saltó ella beligerante ya que es opinión generalizada que las mujeres atractivas suelen ser bobas. Él pareció escandalizarse. -¡Nada de eso, al contrario, la creo una persona inteligente... y muy bien informada! Se miraron unos segundos en silencio, y luego los dos se echaron a reír. -¿Conoces Verona? -Estoy de paso, mañana me voy. -¿Si te invitase a cenar esta noche, en una trattoria de lo más típico, te molestarías? -En absoluto. Echaron a andar juntos en dirección a la trattoría.
Continuará... |