CAPÍTULO V (1)

Al día siguiente, cuando, a la hora convenida, abrió el ordenador, se encontró con un e-mail de su corresponsal que decía así:

"Mi querida amiga, lamento no poder ser fiel a nuestra cita. Un imprevisto me hace faltar al encuentro. Pero, no tema, para su consuelo, le he dejado mucha información. Son galeradas corregidas, de mi libro, se las he escaneado ya que ayer la despedí con la miel en los labios.

En cuanto regrese se lo haré saber, con que atenta al correo electrónico.

Pat "

Ella imprimió el envío y se puso a leerlo con mucho interés.

Todo hacía referencia al cuaderno hallado, es decir, los años secretos de la existencia del escritor, el eslabón perdido que faltaba en sus memorias, recorriendo continentes, atravesando mares y océanos, se relataba allí con la sencilla naturalidad del que está acostumbrado a viajar y no hay portento que le sorprenda, aunque ésta sea la otra cara de la luna, lo que la gente intuye pero no ve.

Su protector era un distinguido aficionado al esoterismo y afines y no le costó nada empujar por el mismo camino a un jovencito cuyos primeros ideales los habían constituido el recogimiento y la erudición de la vida religiosa.

De hecho, el muchacho necesitaba esa parte mística de la vida, y el misticismo se puede encontrar, si no es en las religiones al uso, en los misterios esotéricos. No es que consistiera en sustituir a Dios por un ídolo, sino en buscar otro credo, otra fe, tal vez otros dioses, pero nuevos, diferentes, prácticamente sin estrenar para el neófito. Entonces, de la mano de su mentor y amigo, conoció a los chamanes de Siberia, a los lamas tibetanos, a los santones de la india. Luego, en Centro América, y en América del sur, su cultura de lo Oculto, fue enriqueciéndose hasta el punto que llegó a convertirse en un discípulo aventajado, al que pronto pudo llamársele maestro siendo aún tan joven. Su padre adoptivo estaba conmovido y orgulloso de que aquel retoño que el azar le otorgase por hijo, sobrepasara sus más ambiciosas esperanzas, y, además, de una manera totalmente natural y sin aparente esfuerzo. Lo único que le sorprendió al noble francés, fue su negativa a entrar en cualquiera de las Órdenes Ocultistas que en las postrimerías del XIX se hallaban tan en boga, siendo él, su padre adoptivo, adepto de una de ellas, es en lo único que llegó a contrariarle, pero, como por lo demás era un chico respetuoso y obediente, su protector tuvo que perdonar lo que él dio en llamar "ignorancia juvenil".

De toda formas, hubo una iniciación, por libre, diríamos ahora, en las propias palabras del protagonista de la historia: "descendió a los mismos infiernos para renacer después a la luz y al saber de la eternidad", y esto tuvo lugar en un punto impreciso de Centro América y después de la ingestión de ciertos hongos alucinógenos, no considerados como tales sino rebautizados "santos".

"Volé en el tiempo, y descubrí que el tiempo no existía, pues ayer, hoy y mañana son una misma cosa, que sólo depende del lugar en que te encuentres. Que el Universo, carente de tres dimensiones, es como una especie de dodecaedro, los vértices de cuyas facetas se reflejan los unos en los otros comunicándose, y, al comunicarse, siempre pueden ser el mismo punto de luz. Era como mirar una cosa desde diferentes perspectivas, arriba, abajo, a derecha o a izquierda, pero el objeto no variaba.. Y el futuro no estaba delante sino detrás y el pasado delante, y no eran pasado ni futuro, sino un eterno presente, infinitamente veloz, y, por ello, increíblemente lento. De tal suerte, yo podía escuchar el eco de mi voz antes de que de mi boca surgiera grito alguno, porque el eco existe y entonces, indefectiblemente, el grito preexistía forzándome a exhalarlo... Igual que en el libro de Carroll, pues no es un simple juego de ingenio el que la reina se lamente antes de haberse clavado la aguja."

"... muchos tiempos diferentes hay dentro del Gran Tiempo, tiempos que no se mesuran de la forma conocida cuando a ésta se le puede adjudicar un nombre inconcebible: sentimiento, el auténtico motor de lo increíble.

Las horas llegarán a transcurrir muy lentas o muy rápidas, todo es cuestión de compás, ya que el tiempo es elástico, y nosotros quienes lo modelamos."

"...los estratos del tiempo son como los pisos de un edificio, independientes, pero unidos entre sí por los peldaños de las escaleras, unas escaleras, que no todos saben hallar." 

"...se puede hacer, es tan sencillo como eso... Y siempre ha estado delante de nuestros ojos, igual que el sol o la luna, o las estrellas, esas estrellas cuya luz arriba a la Tierra con retraso haciéndonos caer en el espejismo de creer que las estamos viendo hoy tal como son, no como fueron en verdad hace cientos, miles o millones de años... ¡Queridos fantasmas del pasado que contempláis el mal llamado futuro!

Se puede hacer, el secreto está en la palabra, que es creación..."

¿Este era el gran descubrimiento? ¿La auténtica faceta oculta del famoso escritor? Primero homosexual, luego mujer y ahora, brujo, o, mejor expresado, esoterista. ¿Quién fue realmente aquel hombre?, porque, a cada paso que se avanzaba el camino se iba enmarañando más y más.    

Patrick O´Halloran no hacía sino intensificar su campaña publicitaria en pro del libro que estaba a punto de sacar al mercado. Ella pensó que tal vez su incomparecencia frente al monitor se debiera a una coquetería de erudito, como el que va regalando sinopsis incompletas para aguijonear el apetito del público lector, o, en su caso, motivarla todavía más para que cogiera el primer avión con rumbo a Canarias. Lo cual se hallaba dispuesta a hacer el próximo fin de semana, arriesgándose a que todo lo contado fuese una patraña o el delirio senil de un simpático anciano.

Pero el destino, una vez más, se encargó de escribir el argumento.

Patrick O´Halloran estaba enfermo del corazón, circunstancia que muy pocos conocían, su médico, un par o tres de amigos, carecía de familiares, y su abogado.

La tarde en que ambos se citaron para proseguir con su conversación informática, él empezó a sentirse mal apenas haber cargado de información el e-mail, que hubiera comentado muy a gusto de haber podido, y tuvo justo el tiempo de llamar a su médico, pero de nada sirvió esta vez.

Ella no supo nada del anciano en cuatro días, pese a que le envió varios e-mails. Al quinto, apareció en su buzón electrónico la carta de un abogado canario que le informaba del fallecimiento de don Patricio y que le anunciaba que su cliente le había dejado en herencia un libro inacabado y un viejo cuaderno, ya que habiendo padecido un amago de infarto, aún tuvo tiempo para legarle todo aquello en previsión de lo que pudiese pasar, que aconteció unas horas más tarde de manera no inesperada, pero si fulminante.

Ella se quedó inmóvil, con los ojos fijos en las palabras escritas. Patrick O´Halloran se había ido, su excéntrico comunicante, cumplida la misión de alertar, ya no estaba, ni volvería a estarlo nunca, y ella era su heredera. Como en los cuentos de hadas: se atiende al anciano desconocido y éste te recompensa con una fortuna en oro y piedras preciosas, ya que se trataba de un mago disfrazado.

La herencia de O´Halloran constituía el mejor de los regalos para ella, una dádiva que le llovía del cielo cuando menos se lo esperaba, y pensó que en mejores manos no podía haber entregado su tesoro don Patricio. Lloró un poco por el corresponsal a quien no había conocido en persona, se preguntó acerca del destino de los perros, y esperó el envío que llegaría a su casa al cabo de una semana.

Le acompañaba una breve nota del abogado:

"...me dijo que el libro se encuentra a medias. Hay que ordenar las galeradas y pulirlas. Le cede los derechos. Aseguró que es usted la única que puede hacerlo."

Con el paquete venía una foto de O´Halloran, solicitada por ella, en la que aparecía un sonriente anciano de cabellos y barba blanca, con unas graciosas gafas sostenidas sobre la punta de su nariz. Viéndole tan satisfecho y optimista, ella notó como su tristeza se desvanecía y sonrió contagiada.

Unos cuantos meses después, en febrero, se anunció, con gran despliegue publicitario en los medios intelectuales, que Stepán Dimitríevich Komarov, iba a dar una conferencia en Verona hablando sobre el controvertido poeta, acerca del cual tenía que hacer importantes revelaciones; en sus propias palabras "se trataba de un descubrimiento inimaginable."

Ella, entonces, fue a Verona...

Ella entonces fue a Verona, pero antes estuvo el asunto del libro inacabado.

 

Continuará...

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