| CAPÍTULO VIII | |||
|
|
|||
|
VOSOTROS Todo se realizó a la mayor brevedad y satisfacción de las partes implicadas pues el anónimo comunicante cumplió la palabra dada, la receptora o cliente recobró los ansiados manuscritos, bien que a un peso de oro –todo tramitado bancariamente on-line, al estilo de los antiguos bancos de Suiza-, y él respiró hondamente con la tranquilidad que otorga el deber cumplido, por otra parte su cliente no se reveló lo que se dice tacaña a la hora de demostrar agradecimiento, y, lo que es mucho mejor, le dijo que era un excelente detective y que iba a recomendarlo a sus amistades, cosa que a él le llenó de alegría y mantuvo atento al anorak vigilando su presión arterial, por más que celebrase con él la buena racha. Transcurrieron un par de días que él se dedicó a si mismo simplemente por el hecho de que los agobios pecuniarios habían dejado de tener razón de ser, al menos momentáneamente, en su vida. Pagó deudas, se fue a comer a un restaurante de los caros, un día es un día, y brindó simbólicamente con el anorak en la semioscuridad de un comedor iluminado románticamente con velas de imitación. Después vuelta a la rutina acostumbrada, la guardia junto al teléfono y el ir aceptando pequeños casos como era lo habitual pero ya sin la angustia cotidiana en la que una jornada sin clientes era el preludio de tiempos espartanos. Al tercer día, como pasa en los cuentos que le había contado más de una vez su segundo anorak infantil, siempre suceden las cosas más interesantes, y en aquella no tenía porque acaecer lo contrario, igual que en los cuentos, su verdadera fuente de filosofía, incluida la moraleja como motivo de reflexión. ¡Querido y recordado segundo anorak, y el tercero y el cuarto y... ; cuando se es crío se crece con mucha rapidez! Al tercer día y estando leyendo su correo, pues muchos clientes también utilizaban ese medio para entrar en contacto con él, un e-mail destacó entre todos, como en otros tiempos el relámpago en un cielo sereno; decía así: “Hola, Referencia 12422: Te borraste muy deprisa, ‘comida hecha, amistad deshecha’, ¿no? Vuelvo a estar en mess, por si quieres charlar conmigo”. Él dio un respingo; le constaba que su cliente y el ladrón ya habían entrado en contacto con ulteriores miras, vaya, lo de costumbre, entonces, ¿qué pintaba él en todo aquello si su parte había concluido?, pero respondió: “Hola” “Que poco elocuente, después de varios días esperaba que el reencuentro fuese como mínimo, cálido... Dos buenos amigos que se tropiezan por la calle luego de algún tiempo de no verse” “Lo que obviamente no se da en nuestro caso” “¿Te refieres a la amistad o al encuentro en plena calle?” “Bueno, pues a las dos cosas” “¿Te molesta?” “¿El qué?” “Mi intromisión” “¿Por qué iba a molestarme?” “No lo sé, los hombres sois tan raros” “¿Entonces, eres una mujer?” “Te mereces el premio Sherlock Holmes” “¡Haz el favor de no burlarte!” “No era esa mi intención” “¿Cuál es?” “¿Siempre eres tan directo en tus interrogatorios?” “Yo no me dedico a los interrogatorios” “Bueno es saberlo” -¡Pregúntale que quiere! –cuchicheó excitado el anorak. -Ya pensaba hacerlo –repuso él irritado-, ¿o es que te piensas que aún no me he bajado del guindo? -¡Ah, pero, ¿es que todavía hay guindos? Tecleó, haciendo gala de lo que él suponía un refinado sentido humorístico: “¿Puedo saber a qué debo el honor de estar departiendo contigo?” Ella fue muy directa: “¿Cuándo se presentan los poemas?” “Dentro de un mes, creí que ya lo sabías, ahora se están imprimiendo, saldrá por la tele” “No, no lo sabía, al menos con tanta precisión. ¿En dónde tendrá lugar el... llamémoslo vernissage?” Él, ligeramente alarmado: “¿Es que piensas asistir?” “¿Por qué no?” “Eso no se hace, no suele hacerse, no se ha hecho nunca, vaya... “ “Tampoco antes se habían secuestrado poemas” “Sí, pero... “ “En todo hay que ser un innovador, ¿no te parece?” “En esto no, no es lo pactado” “¿Desde cuándo se atiene la gente a los pactos?” “¡Tú no harías es!” “No estés tan seguro” Él decidió usar otra estrategia. “Si lo haces puedes perder mucho; piensa en lo que has ganado hasta el momento” “¡Bah, vulgar calderilla de portamonedas!” “Lo que dices no está bien, no suena bien, es indecente” “¿Qué sabréis vosotros lo que es indecente o no? “¿Lo sabes tú?” “Sí” “¿Es que piensas ir y organizar un escándalo?” Un brevísimo silencio. “¿Me crees con tan poca clase?” “Yo no sé ya lo que creo” “Yo sólo sé que no sé nada, ¿verdad?” “¿Qué piensas hacer?” “Mirar y comer canapés, ¿No es eso lo que se hace en esta clase de fiestas?” “No debes ir” “Dame una razón lógica” “La única que hay, que no debes ir” “No me convences” “Es ilegal y lo sabes muy bien” “Me aburres” “Pues tú no cuentas chistes precisamente” “Tal vez sí los cuente aunque no ahora” “Reflexiona sobre el alcance de tus acciones” “Quizás no me importe” “¿Vas a echar por la borda una brillante carrera?” “¿Brillante, te refieres a la fosforescencia de los fuegos fatuos, lucecitas mortecinas que flotan sobre las tumbas de los cementerios, a eso llamas tú una brillante carrera?” Él contempló el monitor con desesperación y alarma crecientes. “¿Se trata de algo personal, una venganza?” “No dramatices, se trata solamente de que quiero conocer una presentación literaria, simple curiosidad, la prensa, la tele, la gente, la crítica, sobre todo la crítica, ¿no te parece emocionante?” “Lo que me parece es morboso y de muy mal gusto, ¿por qué no te quedas en tu casa ese día y lo ves por la televisión” “No tengo casa” Él se quedó mudo un instante. “¿No tienes casa?” “No, pero no te eches a llorar, no tengo casa, una casa convencional, quiero decir, pero no vivo en la calle si eso es lo que teme tu sensible corazón” “¿Dónde vives?” “Tengo que irme; debo seguir “robando” poemas, adiós” Desapareció. -Bueno –dijo el anorak-, ahora ya sabemos como las gasta. -¿Qué insinúas? -Que sigue jugando al gato y al ratón, lo cual no deja de ser todo un simbolismo en los tiempos actuales. -¡Entre ella y tú me vais a volver loco! -¿Ella? ¿Y si también en eso te toma el pelo? -¿Cómo que “también en eso”? -Desde un principio ha estado divirtiéndose con todo el mundo, ¿no?, pues podría continuar, ¿no te parece? -Mira, entiendo que nos la juegue con el asunto de los poemas, ya que se trata de dinero, ¿pero, que objeto tiene hacerse pasar por una mujer sin serlo? -Eso puede indicarnos inteligencia. Como vosotros los humanos os encalabrináis cada vez que el sexo anda metido de por medio, se os disparan las hormonas y sois de lo más manejable entonces, pues no es raro que juegue esa baza para enredarte. -¿Y qué va a sacar en claro? -Eso lo conoce solamente X. -¿X? -Tu comunicante –explicó paciente el anorak. -Me parece que no sabes muy bien lo que te dices. -Da gracias de que soy electrónico y que mis circuitos no adolecen de los mismos defectos de fabricación que los vuestros, si no, ¡buena la habríamos hecho con tanta tontería emocional como la que arrastráis!... Porque no me niegues que te tienta tener una aventura con esa hipotética chica, tu dama desconocida... Poemitas enigmáticos que encierran una llamada de amor a ciegas, una mujer misteriosa que los ha robado y los utiliza como reclamo, y tú vas y picas como en la antigüedad lo hacían los peces en el anzuelo... ¡No desvaríes pensando que se escribieron para ti precisamente! “¡Oh, si supieras de mis anhelos, Que hacia ti se dirigen, día tras día...” -recitó el anorak burlón, con jocoso acento. -¡No desvarío y no me tienta ningún tipo de aventura con esa persona, es la suposición más ridícula que he oído jamás! –exclamó él sintiéndose en inferioridad de condiciones frente a su implacable guardián. -Tiempo al tiempo, chico... Pero, te lo advierto, luego no quiero escuchar lamentaciones, me estresan -¡Te estresan! –barbotó él, enfurecido. -Claro que me estresan; no hay nada que agote más que la tontería. Él contempló al anorak en ceñudo silencio. -¿Sabes lo que te digo? -¿Qué? –preguntó el anorak con displicencia. -Pues que ojalá hubiera nacido a principios del siglo XX cuando los descubrimientos de la ciencia parecían novelas por entregas a lo Julio Verne. -¿Por qué no mejor Ray Bradbury?, es mucho más actual, o, por lo menos, me identifico más. -Sí, a él le dio por los electrodomésticos. La ofensa fue calculada premeditadamente; el anorak no respondió durante unos segundos. En términos humanos podríamos decir que estaba rojo de ira y meditando su venganza verbal. -Yo no soy un electrodoméstico... -Vale, vale, me he pasado, lo reconozco, pero, muchacho ten un poco más de sentido del humor... que eso no dañaría tus circuitos... Tú, que presumes de perfecto, picándote por una tontería. -No me he picado –repuso hoscamente el anorak aunque ya más apaciguado. -De acuerdo, lo dejamos aquí. -Bueno. ¿Se acaricia a un anorak para congraciárnoslo?, un anorak no es un gato ni un perro, por otra lado ya extintos, ni siquiera un ratón o una rata, que estos aún resisten, pero, ¿quién va a acariciar a una rata o a un ratón cuando salen zumbando en cuanto te ven, y, hablando en serio, aparte de que lo toquen, ¿puede experimentar un anorak, algo más de lo programado?... Él estaba empezando a creer que sí, y la sola idea le dio escalofríos.
|