| CAPÍTULO XI | |||
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VOSOTROS Wordsworth era contemporáneo de Byron, Shelley y varios, curioseó fingiendo buscar otras cosas mientras el anorak “dormitaba” en su respaldo, y, tal vez por costumbre, de un nombre se pasó a otro indagando, le atraían los enlaces y era lo mismo que ir saltando en una carrera de obstáculos. Pronto estuvo muy lejos de la salida. -¿Qué estás buscando con tanto empeño? –quiso saber por fin el anorak y el sonido de su voz le hizo dar un respingo en la silla. -¡Pues si que estabas absorto! -¿Desde cuando es un delito? -No me hables en términos profesionales, ya sabes que no los soporto, ahora no estás trabajando. -¡Claro que estoy trabajando! De haber tenido boca, el anorak hubiera sonreído. -¿Qué crimen ha cometido ese tal Wordsworth? -Ninguno, y lo sabes muy bien. -¿Desde cuando te da a ti por la poesía? -Ha sido una casualidad. -¡Vaya con las casualidades! -Si tienes la bondad de no interrumpirme veré si encuentro lo que busco. -Vale, ya me callo. La interrupción le había despistado en su lectura y volvió a releer el texto por inercia dando con un link que ponía poesía victoriana y, por curiosidad, lo pinchó, encontrándose con dos palabras tan sólo: ARCHIVO INEXISTENTE. ¿Cómo ARCHIVO INEXISTENTE, si no existiera nadie podía mencionar lo de poesía victoriana, no era acaso esta poesía la que se produjo bajo el reinado de Victoria de Inglaterra, y a que le debía el nombre? Espoleada su curiosidad pinchó ÉPOCA VICTORIANA y luego, LA LITERATURA EN LA ÉPOCA VICTORIANA. He aquí el resultado de la pesquisa: “Todas las épocas represivas, no cabe duda que han dado origen a inmejorables obras de arte, ejemplos los tenemos en diversas culturas antiguas, como la egipcia, por mencionar una pretérita, la Edad Media, teóricamente más cercana, y después, la España de la Inquisición. Más adelante en el tiempo, al encontrarnos con la época victoriana, nombres como Dickens resaltan en la literatura inglesa con luz propia, Bram Stocker también, Willkie Collins, incluso Lewis Carroll, eso sin olvidar los atormentados mundos de las hermanas Brontë, novelas y obra poética, esta última bien que escasa. Las novelas de las Brontë son siempre biografías noveladas, sus experiencias personales volcadas al papel, con más suerte en Charlotte que pudo gozar en vida de las mieles de la popularidad gracias a Jane Eyre, ya que las otras dos hermanas prácticamente pasaron sin pena ni gloria en su momento, Emily mal vista por ser demasiado descarnada y visceral retratándose en sus personajes y Anne recibiendo también un varapalo, aunque menor, por causa de El arrendatario de Wildfell Hall, en donde refleja los estragos que causa el alcoholismo, lección muy bien aprendida por las tres a través de su hermano Branwell. Lamentablemente, los poemas de las Brontë han desaparecido igual que los de Tennyson, Thackeray, Browning y su esposa Elisabeth Barret, Matthew Arnold, Dante Gabriel Rosseti, su hermana Christina, William Morris, Swinburne, y de tantos, tantos otros, entre los que también se encuentran novelistas, como, por ejemplo, Charles Dickens con The Ivy Green. Los desastres naturales de las últimas décadas arrasaron bibliotecas, fundaciones e incluso han contribuido, al estropear las líneas electrónicas entorpeciendo satélites y demás medios de comunicación, a que esos poemas, como tantos otros y muchas novelas antiguas, se hayan perdido irremisiblemente, lo cual es una verdadera pena ya que nada los puede reemplazar, y aunque se conserven imperfectamente en el recuerdo no es lo mismo. Por ello reiteramos un aviso, ya difundido en otras ocasiones: caso de que alguien se encuentre, por un azar, con algún libro antiguo que pudiera contener novelas, relatos o bien poemas dados por destruidos, que se ponga en contacto con nosotros –aquí una dirección electrónica-, inmediatamente.” O sea que no quedaba nada, concretamente, de la poesía victoriana debido en parte a la meteorología. Bueno, ¿y qué más daba?, tampoco era cuestión que le preocupase mucho; últimamente la poesía era lo que más había llenado su vida y no podía decir que le hubiese traído mucho sosiego precisamente. ¿Y a él que le importaban las Brontë y sus tontos versos de señoritas reprimidas? Habían firmado ocultando bajo seudónimos varoniles su verdadera personalidad ya que no estaba bien visto el que las mujeres de aquella época escribieran. Remeció la cabeza divertido, ¡cómo habían cambiado los tiempos! Desde el siglo XX todo lo contrario, las mujeres escritoras eran muy apreciadas pues ya se había dejado de considerar un coto privado a la creación literaria, o del tipo que fuese, tal vez porque se había perdido tanto en los últimos años, empezando por los árboles diezmados hasta el agua, ese bien tan escaso, y convenía ser tolerante en algunos aspectos transigiendo... relativamente. Él pensó en su cliente, en que dentro de muy poco iba a presentar aquellas poesías rescatadas a un elevado precio, y acabó encogiéndose de hombros, después de todo, ¿acaso el asunto era de su incumbencia?, él ya había cobrado y allá cada cual con su conciencia. Wordsworth y su esplendor en las flores y en la hierba quedaron olvidados; nunca le había gustado caminar tras huellas falsas que acaban conduciendo a un callejón sin salida. -Qué, ¿algo interesante? –preguntó el anorak. -No, sólo tonterías. -Ya me lo parecía a mí, supongo que tu cerebro tiene que descansar con esas cosas, aunque creo que sería más educativo que hicieras crucigramas virtuales. -Tienes razón, pero que conste que estaba trabajando. -.Bueno. Aquel “bueno” equivalía a un encogimiento de hombros. Él suspiró con resignación; los tiempos que le habían tocado en suerte tampoco eran normales.
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