Niamh no había mentido
pues los días que siguieron fueron los más dichosos de nuestras
existencias.
(Hoy, lejana ya la juventud, evoco aquella
época increíble con nostalgia y pienso en lo hermoso que es no haber
traspuesto todavía los umbrales de la edad adulta, cuando nuestro
corazón permanece puro y nuestra capacidad receptiva no conoce límites).
Todo resultaba fácil, cómodo y venturoso y
cuanto pudiéramos desear en el acto lo obteníamos. Se vivía en una
fiesta constante, cacerías incruentas, torneos, bailes. La tripulación
del Neptuno parecía estar olvidando su vida anterior e incluso Ryan
El Corsario no daba muestras de tener mejor memoria en contra de
sus propias advertencias. En cuanto a lo que a mí concierne, fuera
de mi tiempo y sin nadie más que el perro de porcelana con quien
compartir mis secretos, ya se me daba un ardite el quedarme para
siempre en aquella isla de ensueño. Y me decía:
“-Que pase pronto un año, para que, igual que
Hernan Cortés con sus naves, yo no deplore el haber quemado las
mías”.
Mas no transcurrió un año y presumo que ni
tan siquiera una semana en aquel singular calendario de fábula.
Pues si todos nos encontrábamos presos de los deleites innumerables
que la Tierra de los Jóvenes nos ofrecía a cada instante, alguien,
no humano, manteníase ojo avizor, vigilando por nosotros lo que
en un exceso de molicie, se estaba descuidando. Tratábase, y no
es difícil adivinarlo, del perro de porcelana, quien una mañana
vino a despertarme muy temprano........................................
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-¡Ya está bien, te estás convirtiendo en un
liróncillo!... ¡Despierta de una vez y escucha cuanto te he de contar!...
Me he enterado de que en dirección a poniente y apenas a vuelo de
pájaro, un pájaro de vuelo corto, se entiende, se encuentra Tire
Nam Beo, la Tierra de los Vivos, que por más que pertenece a toda
esta retahíla de islas fantásticas, tiene la particularidad de que
en ella residen aquellos que tuvieron la suerte de no morir ahogados
en el mar... ¿Sabes lo que te estoy diciendo?
Yo me estaba restregando los ojos medio dormido.
-Sï, por supuesto que te escucho.
-Venga entonces, rápido, ves a reunirte con
el capitán y repite en su oído mis palabras.
-¡Pero la condesa pereció en el naufragio!
-protesté entre dos bostezos.
El perro de porcelana me contempló con reprobación.
-¿Lo viste con tus propios ojos?... No, ¿verdad?,
entonces cállate y haz lo que te digo.
Me empecé a vestir a regañadientes.
-No se que clase de olfato te guiará en esta
nueva aventura, aunque mucho se me antoja que en la presente ocasión
te estás dejando llevar por un instinto equivocado.
-Mi instinto es oro de ley -rebatió el perro
de porcelana muy enfadado mientras me sacaba de mis habitaciones
empujándome con el hocico.
Como en aquel palacio los aposentos de Thomas
Ryan eran contiguos a los míos, pronto estuve a su lado y lo hallé
despierto y vistiéndose para ir a una cacería. Se sorprendió mucho
al verme levantado a tan tempranas horas y entonces yo procedí a
explicarle, dándolo como averiguaciones mías, todo cuanto me había
referido el perro de porcelana.
Luego de haberme prestado atención, el capitán
guardó silencio unos segundos quedando reflexivo. Al cabo expuso
-Tal vez tengas razón... Sin lugar a dudas
existe esa Tierra de los Vivos, recuerdo haber oído hablar de ella...
Y sí no encontramos a la condesa, bien podremos rescatar a alguien
que lo desee... -suspiró apesadumbrado- Se vive aquí de forma tan
placentera en esta bendita isla....
Eso mismo pensaba yo y seguro que también el
resto de la tripulación....................................................................................................................................................................................
-Empero, debo reconocer que siempre salgo derrotada, ¿qué tiene
vuestro mundo que lo hace tan apetecible?... Jamás comprenderé por
que preferís la incertidumbre, la vejez y la muerte a las venturas
sin fin que la Tierra de los Jóvenes puede ofreceros...
Tales palabras las pronunció el
hada Niamh en el umbral de la puerta, y añadió con una triste sonrisa
que presagiaba ya la despedida:
-Siempre os vais... ¡Partid pues y en buena
hora, ya que ese deseo os anima y llorad toda vuestra corta existencia
por la oportunidad que desperdiciasteis!
Esto último no lo dijo rencorosa sino con lágrimas
en sus bellos ojos azules.
Ryan El Corsario permanecía de pie, contrito,
en medio de la estancia que la hospitalidad de Manannan le había
dispensado tanto a él como a todos nosotros, y yo por mi parte sentíame
un estúpido rematado y un ingrato por despreciar la felicidad que
se nos regalaba tan desinteresadamente. La aparición de Niamh en
mitad del diálogo que sosteníamos el capitán Ryan y yo no había
sido lo que se dice muy afortunada, aunque en cierto modo, si decidíamos
partir no podía demorarse el momento del adiós por doloroso que
fuera para ambas partes. Quise entonces murmurar una disculpa, explicarle
a Niamh los motivos altruistas que nos impelían a abandonar La Tierra
de los Jóvenes con cuanto representaba de maravilloso e incomparable,
pero no fue menester, ya que, como por ensalmo, y entre el fragor
de un trueno repentino, devanecióse la estancia, el mágico palacio
y la isla entera...
Nuevamente nos hallábamos a bordo del Neptuno,
cual si lo mucho acontecido, de un sueño se hubiese tratado, uno
más en aquel extraordinario periplo. El vigía gritó:
-¡Isla a babor!
Y yo no abrigué el mínimo atisbo de duda respecto
a que nos encontrábamos frente a La Tierra de los Vivos...................................................
...................................................................................................................................................................El
aspecto de la nueva isla seguía siendo paradisíaco como el de la
anterior aunque, no obstante, se advirtiesen sutiles diferencias
que la despojaban de aquel aire fantasmagórico de distante irrealidad..................
..............................................................................................................................La
Tierra de los Vivos, siendo hermosa, era concreta y lógica y no
se vivía en un festejo constante, pues allí las gentes trabajaban
llevando una existencia normal bien que carente de los tropiezos
y sinsabores a que nuestro mundo nos tiene acostumbrados................................................
..............................................................................................................................................................................................................
Fuimos recibidos con los brazos abiertos y
se nos trató con gran sentido de la hospitalidad. En la isla moraban
cuantos a sus costas hubiera arrojado la tempestad o una orientación
confundida. Los había de todas las edades y en muchos casos, las
familias se habían compuesto en las mismas islas, vinculándose los
lazos entre gentes de diversa condición, pueblos e incluso razas.
Todos semejaban felices y nos brindaron su colaboración dado que
entendían que si en la isla nos encontrábamos ello significaba que
no teníamos el menor deseo de abandonarla. Huelga aclarar que el
capitán Ryan puso especial empeño en desvanecer lo erróneo del supuesto,
y posteriormente también él se metió a realizar pesquisas encaminadas
a dar con el paradero de la condesa...................................
..................................................................................................................................................................
-No -respondió el tonelero a sus
indagaciones- el último naufragio no arrojó a nuestras costas a
dama alguna. Era un barco que venía del puerto de Bristol con unos
cuantos comerciantes de Manchester, aparte la tripulación, y únicamente
se pudieron salvar los mercaderes, que ahora residen tierra adentro
y se dedican al hilado de tejidos... Y con anterioridad fue un galeón
español el que embarrancó...
Intervino un hombre de mediana edad y con aspecto
de pescador:
-¡Atended, señor capitán, yo si puedo aportar
algo en esta búsqueda, por más que ignore si ello os servirá de
ayuda!... Hace aproximadamente alrededor de un año, las aguas nos
trajeron, como a Moisés, y dentro de un barril que milagrosamente
no zozobró en el mar, a un niño pequeño... La causa de que estuviera
dentro del barril la desconocemos, de igual manera como cuanto pudiera
localizar al navío en el que iba y a su familia, ya que la desventurada
criatura, a consecuencia del lance, ha perdido la voz y lo único
que hace es errar melancólico vertiendo abundantes lágrimas en cuanto
piensa que nadie le está observando... Mi esposa y yo lo hemos recogido
pero él huye de la casa y prefiere estar en la playa donde encalló
el tonel, sentado en un promontorio y cara al mar cuyo horizonte
no cesa de escrutar ansiosamente.
El perro de porcelana, que se hallaba junto
a mí escuchando atento como todos, me propinó un golpe en la mano
con su hocico.
-¡Ven conmigo! -ordenó imperioso, y yo, apartándome
con discreción del grupo, le seguí, corriendo alegremente tras él,
cuando estuvimos en terreno propicio.
(Finaliza aquí el segundo cuaderno,
dando comienzo el tercero y último, que a continuación sigue). Nicolas
Raymond & Associés, Editeurs.