Querida amiga:
Te juro que no sé ni como tengo humor para agarrar el
boli y ponerme a escribir después de lo que me ha pasado, porque
ha sido tan horroroso que no tengo ánimos más que para llorar
y tirarme de los pelos. Hay veces que quisiera pregonarlo a
los cuatro vientos como si gritando pudiese librarme de esta
pena tan corrosiva, y en otras me gustaría ser un ratón y esconderme
bien hondo bajo tierra para que nadie supiese que existo y que
a mí me ha pasado eso, eso que le ocurre a mucha gente y que
parece costumbre cuando les sucede a los otros, pero que cuando
te toca a ti, maldita la gracia que hace.
Mira, el gilipuertas de Antonio me ha abandonado, así, como
suena, me ha abandonado y lo que es más recochineante es que
se ha ido con otra... ¿A qué no podías imaginártelo?, ni borracha,
creo, y yo, se supone, ¿no?, lo mismo.
Jamás en la vida se me hubiera ocurrido que Antonio iba
a irse de casa con una cría de 20 años... Sí, sí, lo que estás
leyendo, de 20 años el muy pervertido y además, por si eso fuera
poco, la niñita en cuestión, es, bueno, era, mi doméstica, mi
chacha, vaya, la fregona que yo tenía desde hace seis meses,
una chica de origen hindú,
nacida aquí, según se deduce. Y encima, ni siquiera es una belleza,
(no lo entenderé en mi vida, pero al menos resultaría más pasable
como delirio erótico de un cincuentón medio calvo y gordo),
la chica es más fea que picio, delgada, igual que un palo, mucha
túnica y nada que agarrar, con unas narices respetables y unos
ojos grandes y asustados que se pinta tanto que parece un mochuelo.
Lo único que tiene bonito es el cabello, negro y sedoso, brillante,
yo le había dicho en más de una ocasión que se presentase a
un casting de anuncios de champús, porque... Pero, ¿qué demonios
te estoy explicando?... ¿A mí que me importa que Sonali-Beth,
ese el nombre de la muy pájara, tenga las greñas televisivas
o no?... La perra esa está divorciada y el marido se le quedó
con el hijo, buena pieza de madre sería, ¿no te parece?, porque
de lo contrario ya veo al calzonazos de Antonio llevándose a
su nidito de amor al cachorro del otro... ¡Le hubiese estado
bien empleado, no creas, que los romances con niño se terminan
enseguida!
Es que estoy que muerdo, de veras, pensar que aquí, en mi
propia casa, delante mismo de mis narices, y yo sin darme cuenta
de nada... ¡Antes hubiera sospechado de...! ¡Es que no lo entiendo,
no lo entiendo, no lo entenderé mientras viva, si sólo se veían
por las mañanas, en la cocina, cuando Antonio desayunaba el
primero antes de irse a la oficina!... ¿Cómo pudo nacer semejante
historia entre huevos fritos, bacon, salchichas, tostadas con
mantequilla y mermelada, zumo de naranja y café?... No lo entiendo,
la verdad que no lo entiendo, porque ni tan siquiera estaban
solos, yo iba y venía continuamente, menos cuando tuve la gripe,
claro, luego entraban los gemelos en plan desguace, a beberse
un vaso de leche y salir zumbando, ese no es clima para que
nazca un idilio... Y ella que no iba como una top model que
digamos, el pelo recogido en una trenza larga, a lo chino, y
su batita hortera de fregona... Bueno, tal vez la bata era un
pelín corta ya que la había heredado de la anterior empleada
de hogar que tuve, una antillana bajita.
¿Qué pudo encontrarle Antonio, si no vale nada?... Le doy
cien mil vueltas a la cabeza y no veo lógica por ningún sitio...
Claro que las orientales, ya se sabe, sumisas y gatas maulas...
Lo que a los hombres les gusta: si amo... Y así les va a las
mujeres del Tercer Mundo, más zarandeadas que una alfombra...
Por supuesto, Sonali-Beth se encuentra con el mirlo blanco de
Antonio, ¿y a ella que le importa que no sea Kevin Costner precisamente?...
Antonio, a los ojos de cualquier arrastrada de esas, debe aparecer
como un maharajá por lo menos, ellos, los hindúes, que en la
India viven dentro del tubo de una cañería y se consideran normales.
¿Quieres saber de que forma pasó todo?, te lo diré en dos
palabras, fue hace 15 días más o menos. Yo a Antonio, ya lo
venía viendo un poco raro últimamente, en especial a partir
de finales de mayo, daba la impresión de estar en babia permanentemente,
en casa, claro, porque lo que es en el trabajo supongo que funcionaría,
ya que de lo contrario... Aunque en realidad no sé hasta que
punto...
Le llegué a preguntar si es que se encontraba mal de salud,
fíjate lo preocupada que me tenía, y se sorprendió mucho al
oírme... ¡Natural, como que hacía tiempo que me estaba poniendo
los cuernos, y en el fondo hasta le debió de resultar gracioso
el que yo no sospechara nada!... ¡Mira que llego a ser mema!...
Bueno, pues hace 15 días fuimos una noche al cine, el que hay
en nuestra calle, porque se empeñó en ver una película de Mastroianni,
la última que hizo, creo, o la penúltima, que no estoy yo ahora
para acordarme, y bastante aburrida, por cierto, y a la salida
daba la impresión de que abandonaba un funeral. Yo le miraba
de reojo y me decía:
“A este le pasa algo”, y no me fallaba
el instinto, no. Pero lo que yo no me podía suponer era... A
la mañana siguiente desayunó igual que todos los días, murmuró
“Hasta luego”, y si te he visto no me acuerdo. Al cabo de un
par de horas le llamé al trabajo, porque quería que a la vuelta
me hiciese un recado, y me encuentro con la sorpresita de que
mi señor marido “no prestaba sus servicios en la empresa desde
el día anterior”. El corazón casi se me para del susto... ¿Lo
habían echado a la calle, (cosa que por otra parte no me hubiera
extrañado nada teniendo en cuenta su atontamiento de los últimos
meses)?... Repetí como una boba:
“-¿Qué ya no trabaja en la VITIVINÍCOLA?”, y me respondieron,
muy sorprendidos, como es lógico:
“-No, Charo, ¿es que Antonio no te lo había dicho?”
Colgué sin responder, y fui imbécil porque debí de haber
hecho preguntas en lugar de tomármelo a la española, o sea en
plan drama. Imaginé que Antonio estaba enfermo de algo terrible
y que no nos lo había querido revelar, y que aquella mañana,
decidido a tirarse al Támesis o al paso del metro para acabar
rápido y no atormentarnos con su agonía, se había ido para no
volver, (sin pretenderlo me vino a la memoria lo mal que lo
pasó el pobre Aleix estos últimos años)... ¡Y claro que si que
era para no volver, el muy pendón!... Me puse como loca, llamé
a los hospitales, a la policía, ¡menuda ayuda la policía!, me
dijeron que sí a las 24 horas no había dado señales de vida,
que efectuase la denuncia por desaparición, y entonces, a eso
de la tres de la tarde, el bombazo, me llama desde Dublín mi
yerno, Toñi, el niño y él están pasando unos días en casa de
los padres de Breandán, y va y me suelta el muy...
“-Charo, (así, Charo, ni señora, o mamá, como lo hace mi
hija con la suegra), Antonio se ha ido de casa. Acaba de telefonearnos
pidiendo que te lo dijésemos, que se ha ido y que no piensa
volver, que no te preocupes por el dinero, que ya lo ha dejado
todo arreglado con su abogado, te pasará una pensión a ti y
a los chicos, pero que él se larga... Que no está enfadado con
nadie y que os quiere, pero que desea vivir... Lo que me parece
estupendo, ya era hora de que eligiese la libertad... ¡Ah!,
también ha añadido que no le busquéis, que hay otra mujer en
su vida, aquella morenita callada y tan dulce, (¡dulce!), que
trabaja para vosotros, que trabajaba, vaya, Sonali-Beth... ¿No
es ese su nombre?”...
¡Menuda noticia, y además me la tenía que dar Breandán!...
Mi Toñi es otra cosa, lloraba a todo trapo cuando se puso al
teléfono y me dijo entre hipos que estaba segura de que su padre
volvería a casa, que eso era una locura transitoria, una crisis
que ataca a muchos hombres en plena madurez... ¡Pobre hija mía,
me quiso consolar y acabé siendo yo quien lo hiciera!
Cuando les dí la nueva a los gemelos, me desconcertaron.
A los hombres no hay quien los comprenda, se echaron a reír
lo mismo que si les hubiera contado un chiste y exclamaron a
coro:
“-¡Tres hurras por el viejo!”...
Te aseguro que les crucé la cara a los dos, ¡pitorrearse
así de su madre!
Ahora, te digo una cosa, aquella mañana de la huida, Sonali-Beth,
con su flema británica de importación, estuvo fregando y limpiando
todo el rato tan tranquila y como le pago a horas, me cobró
sin inmutarse, sin pestañear siquiera, tan inexpresiva como
un ídolo, y después, la muy cínica, al despedirse va y me dice:
“-Hasta mañana, señora”- sabiendo perfectamente que no iba
a volver, seguro que habían quedado conchabados para fugarse
cuando ella terminase la faena.
Tal vez pienses que me porté como una necia, pero luego
de hablar con Dublín, me fui a la consulta de Madame Leontyne,
ya te la he mencionado en alguna carta, para que me leyera el
futuro. Estaba deshecha, y, ¿quién mejor que una vidente puede
calmarte? Por suerte me cogió enseguida, claro, yo entré al
borde de un ataque de nervios y me dijo que no me preocupase,
que todo se arreglaría, que a Antonio la sinvergüenza esa le
había dado un bebedizo, ¿si no de qué, vamos?, y que cuando
se le pasaran los efectos, regresaría al hogar, como debe ser,
y yo le pregunté que cuando se le pasarían, y ella me respondió
que tranquila, que todo llega a su debido tiempo... Pero no
sé, no sé, igual, si vuelve, ya no lo acepto...
Y así estamos, esperando... Mientras, me he podido enterar,
a través de Breandán, que ahora ejerce los oficios de portavoz,
cosa que le encanta, puedes creerme, de las andanzas de mi marido...
¡Pues no está, el muy granuja, en la Isla Mauricio, si esa misma,
la de la jet-set, trabajando de gerente en un hotel!... ¿A qué
parece de novela o de choteo?... ¡Gerente de un hotel!...
Y digo yo, si no es mucho preguntar, ¿qué sabrá él de
Hoteles?!... Claro que las cosas no crecen de la noche a la
mañana como las setas, mira por donde, Antonio conoció en uno
de sus viajes a no sé quién que tenía que ver con el aprovisionamiento
del hotel por lo de los vinos, ya sabes, y simpatizaron, o algo
semejante y eso les condujo a intimar y luego se ve que a las
confidencias... El resto de los detalles no los conozco ni cochina
falta que me hace, lo cierto es que, y tampoco entiendo esto
muy bien, Antonio y el dueño del hotel entraron en relación,
seguramente negociaron, como se dice hoy en día, y Antonio saltó
limpiamente de un trabajo al otro, a rey muerto rey puesto y
borrón y cuenta nueva. Al parecer se ataron los cabos, la última
vez que estuvo en París, a finales de mayo... Ya me resultó
a mí raro que en week end le enviasen a Francia. ¡Cuánta desfachatez,
Dios mío!... ¡El y su concubina en la Isla Mauricio, codeándose
con los famosos, y yo aquí rabiando igual que una condenada!
Lo único que de alguna manera me tranquiliza es que Antonio
no haya pedido el divorcio, ni lo ha sugerido, vaya. No es que
yo estuviera dispuesta a concedérselo sin lucha, faltaría más,
pero me alivia bastante la idea de que de no solicitarlo, si
acaso le da un reventón y muere en plena orgía, que a sus años
y en sus condiciones todo es posible, la otra se va a quedar
compuesta y sin maharajá de pacotilla, y ¡hala! a fregar de
nuevo que para cosa mejor no ha nacido, eso y joder en plan
kamasutra... ¡huy, perdona, que no sé lo que me digo ya y desbarro!...
Yo quería venirme a España enseguida, pero los gemelos se
han puesto burros y han dicho que nanay del Paraguay, que ellos
son ingleses, (no sé de qué), y en Inglaterra se quedan, con
que fíjate que panorama, yo en Londres aguantando mecha y Antonio
de juerga entre palmerales, cocoteros y playas de ensueño, ¡no
te digo!... El día que le conocí debió de haberme caído un rayo
que menos mal me hubiese hecho... Toda una vida juntos para
llegar a este final tan bochornoso, convertida en el hazmerreír
del vecindario... ¡Porque mira que escaparse con una hindú!...
Eso es precisamente lo que nadie va a perdonar, ya, manía que
nos tienen aquí a los españoles por lo de Gibraltar, sólo faltaba
que a mi señor esposo le entrase la chaladura de huir con Sonali-Beth...
¡No sé si podré resistir tanta humillación!
Antonio lo tenía todo en su casa, una esposa que se desvivía
por él procurando que nada estuviese desordenado y sucio...
Ya en cuanto entraba por la puerta allí estaban sus zapatillas
para cambiarse, y, en otro orden de cosas, continuamente le
amonestaba para que no fumase tanto por lo del cáncer de pulmón
y le controlaba las tazas de café y no le permitía beber vino
más que los domingos y sólo una cerveza al día, el whisky ni
olerlo, y siempre le llenaba los bolsillos de chicle sin azúcar,
e incluso le compré un parche con una pinza para la nariz, de
esos artilugios que se venden por catálogo, y que evitan los
ronquidos nocturnos que ya sabes que dicen que no es saludable,
y... Me callo porque no quiero aburrirte, únicamente añadiré
que me tengo por una buena esposa atenta siempre a las necesidades
de Antonio y a sus menores caprichos...¡Y no veas tú lo caprichoso
que es Antonio, más que los gemelos!... Que si los pañuelos
de hilo, nada de fibras sintéticas, y después bien planchados,
que si el cuello y los puños de las camisas impecables, que
si las corbatas de seda y en colores oscuros, que si... ¡Yo
que sé! Pedía más que las monjas. No me extraña que haya escogido
a una chacha por amante, le va que ni anillo al dedo.
¿Sabes lo que te digo?, pues que los hombres son todos unos
desagradecidos, se te comen la juventud y luego ya ni se acuerdan
de quién fuiste. Carecen de la más elemental consideración como
repite una vecina mía que es profesora de literatura y que está
casada con un penco que más valdría que se hubiera muerto al
nacer... ¡De esta me hago feminista, te lo juro!... ¡El peor
ahorcado con las tripas del mejor!
A veces pienso que lo mismo vuelve al redil con una porquería
gordísima y yo le tengo que hacer de enfermera en sus últimos
momentos, igual que tú, pero por motivos muy diferentes, que
el pobre Aleix no tuvo tiempo de convertirse en un crápula como
Antonio... Aunque, nunca se puede asegurar... Las tumbas entierran
muchos secretos también, y, mira, te voy a confesar algo que
he callado siempre... El día que les conocimos, luego, al llevarme
Aleix a casa, me pidió para salir, ¿qué te parece, a que no
lo hubieras pensado en la vida?... Como ya está más que comprobado,
le dije que no, era tan guapo entonces Antonio con su aire a
lo Louis Jourdan en CARTA DE UNA DESCONOCIDA y Aleix tiraba
más a Alberto Sordi, sino en lo físico, sí en lo dicharachero.
¡Anda que sí llego a saber la faena que me iba ha hacer Antonio
en el futuro, no hubiera sido tan imbécil y atrapo a Aleix,
que otro gallo me cantara! Perdona por la sinceridad, pero es
que ahora lo veo así.
No se me ocurre que más poner en el papel. Por favor, escríbeme,
dime algo, que todo se arreglará, que soy tonta de remate, que
piense que vendrán tiempos mejores, que Antonio no se ha cansado
de mí, que simplemente le ha entrado el Alzheimer de golpe,
cualquier cosa, lo que sea, pero escríbeme, por favor.
Charo.