CARTA DE CHARO (3) 

 

_____________________________Londres, Julio, 23.1997.____

 

            Querida amiga:

                                     Te juro que no sé ni como tengo humor para agarrar el boli y ponerme a escribir después de lo que me ha pasado, porque ha sido tan horroroso que no tengo ánimos más que para llorar y tirarme de los pelos. Hay veces que quisiera pregonarlo a los cuatro vientos como si gritando pudiese librarme de esta pena tan corrosiva, y en otras me gustaría ser un ratón y esconderme bien hondo bajo tierra para que nadie supiese que existo y que a mí me ha pasado eso, eso que le ocurre a mucha gente y que parece costumbre cuando les sucede a los otros, pero que cuando te toca a ti, maldita la gracia que hace.

            Mira, el gilipuertas de Antonio me ha abandonado, así, como suena, me ha abandonado y lo que es más recochineante es que se ha ido con otra... ¿A qué no podías imaginártelo?, ni borracha, creo, y yo, se supone, ¿no?, lo mismo.

            Jamás en la vida se me hubiera ocurrido que Antonio iba a irse de casa con una cría de 20 años... Sí, sí, lo que estás leyendo, de 20 años el muy pervertido y además, por si eso fuera poco, la niñita en cuestión, es, bueno, era, mi doméstica, mi chacha, vaya, la fregona que yo tenía desde hace seis meses, una chica de origen  hindú, nacida aquí, según se deduce. Y encima, ni siquiera es una belleza, (no lo entenderé en mi vida, pero al menos resultaría más pasable como delirio erótico de un cincuentón medio calvo y gordo), la chica es más fea que picio, delgada, igual que un palo, mucha túnica y nada que agarrar, con unas narices respetables y unos ojos grandes y asustados que se pinta tanto que parece un mochuelo. Lo único que tiene bonito es el cabello, negro y sedoso, brillante, yo le había dicho en más de una ocasión que se presentase a un casting de anuncios de champús, porque... Pero, ¿qué demonios te estoy explicando?... ¿A mí que me importa que Sonali-Beth, ese el nombre de la muy pájara, tenga las greñas televisivas o no?... La perra esa está divorciada y el marido se le quedó con el hijo, buena pieza de madre sería, ¿no te parece?, porque de lo contrario ya veo al calzonazos de Antonio llevándose a su nidito de amor al cachorro del otro... ¡Le hubiese estado bien empleado, no creas, que los romances con niño se terminan enseguida!

            Es que estoy que muerdo, de veras, pensar que aquí, en mi propia casa, delante mismo de mis narices, y yo sin darme cuenta de nada... ¡Antes hubiera sospechado de...! ¡Es que no lo entiendo, no lo entiendo, no lo entenderé mientras viva, si sólo se veían por las mañanas, en la cocina, cuando Antonio desayunaba el primero antes de irse a la oficina!... ¿Cómo pudo nacer semejante historia entre huevos fritos, bacon, salchichas, tostadas con mantequilla y mermelada, zumo de naranja y café?... No lo entiendo, la verdad que no lo entiendo, porque ni tan siquiera estaban solos, yo iba y venía continuamente, menos cuando tuve la gripe, claro, luego entraban los gemelos en plan desguace, a beberse un vaso de leche y salir zumbando, ese no es clima para que nazca un idilio... Y ella que no iba como una top model que digamos, el pelo recogido en una trenza larga, a lo chino, y su batita hortera de fregona... Bueno, tal vez la bata era un pelín corta ya que la había heredado de la anterior empleada de hogar que tuve, una antillana bajita.

            ¿Qué pudo encontrarle Antonio, si no vale nada?... Le doy cien mil vueltas a la cabeza y no veo lógica por ningún sitio... Claro que las orientales, ya se sabe, sumisas y gatas maulas... Lo que a los hombres les gusta: si amo... Y así les va a las mujeres del Tercer Mundo, más zarandeadas que una alfombra... Por supuesto, Sonali-Beth se encuentra con el mirlo blanco de Antonio, ¿y a ella que le importa que no sea Kevin Costner precisamente?... Antonio, a los ojos de cualquier arrastrada de esas, debe aparecer como un maharajá por lo menos, ellos, los hindúes, que en la India viven dentro del tubo de una cañería y se consideran normales.

            ¿Quieres saber de que forma pasó todo?, te lo diré en dos palabras, fue hace 15 días más o menos. Yo a Antonio, ya lo venía viendo un poco raro últimamente, en especial a partir de finales de mayo, daba la impresión de estar en babia permanentemente, en casa, claro, porque lo que es en el trabajo supongo que funcionaría, ya que de lo contrario... Aunque en realidad no sé hasta que punto...

            Le llegué a preguntar si es que se encontraba mal de salud, fíjate lo preocupada que me tenía, y se sorprendió mucho al oírme... ¡Natural, como que hacía tiempo que me estaba poniendo los cuernos, y en el fondo hasta le debió de resultar gracioso el que yo no sospechara nada!... ¡Mira que llego a ser mema!... Bueno, pues hace 15 días fuimos una noche al cine, el que hay en nuestra calle, porque se empeñó en ver una película de Mastroianni, la última que hizo, creo, o la penúltima, que no estoy yo ahora para acordarme, y bastante aburrida, por cierto, y a la salida daba la impresión de que abandonaba un funeral. Yo le miraba de reojo y me decía:

            “A este le pasa algo”, y no me fallaba el instinto, no. Pero lo que yo no me podía suponer era... A la mañana siguiente desayunó igual que todos los días, murmuró “Hasta luego”, y si te he visto no me acuerdo. Al cabo de un par de horas le llamé al trabajo, porque quería que a la vuelta me hiciese un recado, y me encuentro con la sorpresita de que mi señor marido “no prestaba sus servicios en la empresa desde el día anterior”. El corazón casi se me para del susto... ¿Lo habían echado a la calle, (cosa que por otra parte no me hubiera extrañado nada teniendo en cuenta su atontamiento de los últimos meses)?... Repetí como una boba:

            “-¿Qué ya no trabaja en la VITIVINÍCOLA?”, y me respondieron, muy sorprendidos, como es lógico:

            “-No, Charo, ¿es que Antonio no te lo había dicho?”

            Colgué sin responder, y fui imbécil porque debí de haber hecho preguntas en lugar de tomármelo a la española, o sea en plan drama. Imaginé que Antonio estaba enfermo de algo terrible y que no nos lo había querido revelar, y que aquella mañana, decidido a tirarse al Támesis o al paso del metro para acabar rápido y no atormentarnos con su agonía, se había ido para no volver, (sin pretenderlo me vino a la memoria lo mal que lo pasó el pobre Aleix estos últimos años)... ¡Y claro que si que era para no volver, el muy pendón!... Me puse como loca, llamé a los hospitales, a la policía, ¡menuda ayuda la policía!, me dijeron que sí a las 24 horas no había dado señales de vida, que efectuase la denuncia por desaparición, y entonces, a eso de la tres de la tarde, el bombazo, me llama desde Dublín mi yerno, Toñi, el niño y él están pasando unos días en casa de los padres de Breandán, y va y me suelta el muy...

            “-Charo, (así, Charo, ni señora, o mamá, como lo hace mi hija con la suegra), Antonio se ha ido de casa. Acaba de telefonearnos pidiendo que te lo dijésemos, que se ha ido y que no piensa volver, que no te preocupes por el dinero, que ya lo ha dejado todo arreglado con su abogado, te pasará una pensión a ti y a los chicos, pero que él se larga... Que no está enfadado con nadie y que os quiere, pero que desea vivir... Lo que me parece estupendo, ya era hora de que eligiese la libertad... ¡Ah!, también ha añadido que no le busquéis, que hay otra mujer en su vida, aquella morenita callada y tan dulce, (¡dulce!), que trabaja para vosotros, que trabajaba, vaya, Sonali-Beth... ¿No es ese su nombre?”...

            ¡Menuda noticia, y además me la tenía que dar Breandán!... Mi Toñi es otra cosa, lloraba a todo trapo cuando se puso al teléfono y me dijo entre hipos que estaba segura de que su padre volvería a casa, que eso era una locura transitoria, una crisis que ataca a muchos hombres en plena madurez... ¡Pobre hija mía, me quiso consolar y acabé siendo yo quien lo hiciera!

            Cuando les dí la nueva a los gemelos, me desconcertaron. A los hombres no hay quien los comprenda, se echaron a reír lo mismo que si les hubiera contado un chiste y exclamaron a coro:

            “-¡Tres hurras por el viejo!”...

            Te aseguro que les crucé la cara a los dos, ¡pitorrearse así de su madre!

            Ahora, te digo una cosa, aquella mañana de la huida, Sonali-Beth, con su flema británica de importación, estuvo fregando y limpiando todo el rato tan tranquila y como le pago a horas, me cobró sin inmutarse, sin pestañear siquiera, tan inexpresiva como un ídolo, y después, la muy cínica, al despedirse va y me dice:

            “-Hasta mañana, señora”- sabiendo perfectamente que no iba a volver, seguro que habían quedado conchabados para fugarse cuando ella terminase la faena.

            Tal vez pienses que me porté como una necia, pero luego de hablar con Dublín, me fui a la consulta de Madame Leontyne, ya te la he mencionado en alguna carta, para que me leyera el futuro. Estaba deshecha, y, ¿quién mejor que una vidente puede calmarte? Por suerte me cogió enseguida, claro, yo entré al borde de un ataque de nervios y me dijo que no me preocupase, que todo se arreglaría, que a Antonio la sinvergüenza esa le había dado un bebedizo, ¿si no de qué, vamos?, y que cuando se le pasaran los efectos, regresaría al hogar, como debe ser, y yo le pregunté que cuando se le pasarían, y ella me respondió que tranquila, que todo llega a su debido tiempo... Pero no sé, no sé, igual, si vuelve, ya no lo acepto...

            Y así estamos, esperando... Mientras, me he podido enterar, a través de Breandán, que ahora ejerce los oficios de portavoz, cosa que le encanta, puedes creerme, de las andanzas de mi marido... ¡Pues no está, el muy granuja, en la Isla Mauricio, si esa misma, la de la jet-set, trabajando de gerente en un hotel!... ¿A qué parece de novela o de choteo?... ¡Gerente de un hotel!...  Y digo yo, si no es mucho preguntar, ¿qué sabrá él de Hoteles?!... Claro que las cosas no crecen de la noche a la mañana como las setas, mira por donde, Antonio conoció en uno de sus viajes a no sé quién que tenía que ver con el aprovisionamiento del hotel por lo de los vinos, ya sabes, y simpatizaron, o algo semejante y eso les condujo a intimar y luego se ve que a las confidencias... El resto de los detalles no los conozco ni cochina falta que me hace, lo cierto es que, y tampoco entiendo esto muy bien, Antonio y el dueño del hotel entraron en relación, seguramente negociaron, como se dice hoy en día, y Antonio saltó limpiamente de un trabajo al otro, a rey muerto rey puesto y borrón y cuenta nueva. Al parecer se ataron los cabos, la última vez que estuvo en París, a finales de mayo... Ya me resultó a mí raro que en week end le enviasen a Francia. ¡Cuánta desfachatez, Dios mío!... ¡El y su concubina en la Isla Mauricio, codeándose con los famosos, y yo aquí rabiando igual que una condenada! Lo único que de alguna manera me tranquiliza es que Antonio no haya pedido el divorcio, ni lo ha sugerido, vaya. No es que yo estuviera dispuesta a concedérselo sin lucha, faltaría más, pero me alivia bastante la idea de que de no solicitarlo, si acaso le da un reventón y muere en plena orgía, que a sus años y en sus condiciones todo es posible, la otra se va a quedar compuesta y sin maharajá de pacotilla, y ¡hala! a fregar de nuevo que para cosa mejor no ha nacido, eso y joder en plan kamasutra... ¡huy, perdona, que no sé lo que me digo ya y desbarro!...

            Yo quería venirme a España enseguida, pero los gemelos se han puesto burros y han dicho que nanay del Paraguay, que ellos son ingleses, (no sé de qué), y en Inglaterra se quedan, con que fíjate que panorama, yo en Londres aguantando mecha y Antonio de juerga entre palmerales, cocoteros y playas de ensueño, ¡no te digo!... El día que le conocí debió de haberme caído un rayo que menos mal me hubiese hecho... Toda una vida juntos para llegar a este final tan bochornoso, convertida en el hazmerreír del vecindario... ¡Porque mira que escaparse con una hindú!... Eso es precisamente lo que nadie va a perdonar, ya, manía que nos tienen aquí a los españoles por lo de Gibraltar, sólo faltaba que a mi señor esposo le entrase la chaladura de huir con Sonali-Beth... ¡No sé si podré resistir tanta humillación!

            Antonio lo tenía todo en su casa, una esposa que se desvivía por él procurando que nada estuviese desordenado y sucio... Ya en cuanto entraba por la puerta allí estaban sus zapatillas para cambiarse, y, en otro orden de cosas, continuamente le amonestaba para que no fumase tanto por lo del cáncer de pulmón y le controlaba las tazas de café y no le permitía beber vino más que los domingos y sólo una cerveza al día, el whisky ni olerlo, y siempre le llenaba los bolsillos de chicle sin azúcar, e incluso le compré un parche con una pinza para la nariz, de esos artilugios que se venden por catálogo, y que evitan los ronquidos nocturnos que ya sabes que dicen que no es saludable, y... Me callo porque no quiero aburrirte, únicamente añadiré que me tengo por una buena esposa atenta siempre a las necesidades de Antonio y a sus menores caprichos...¡Y no veas tú lo caprichoso que es Antonio, más que los gemelos!... Que si los pañuelos de hilo, nada de fibras sintéticas, y después bien planchados, que si el cuello y los puños de las camisas impecables, que si las corbatas de seda y en colores oscuros, que si... ¡Yo que sé! Pedía más que las monjas. No me extraña que haya escogido a una chacha por amante, le va que ni anillo al dedo.

            ¿Sabes lo que te digo?, pues que los hombres son todos unos desagradecidos, se te comen la juventud y luego ya ni se acuerdan de quién fuiste. Carecen de la más elemental consideración como repite una vecina mía que es profesora de literatura y que está casada con un penco que más valdría que se hubiera muerto al nacer... ¡De esta me hago feminista, te lo juro!... ¡El peor ahorcado con las tripas del mejor!

            A veces pienso que lo mismo vuelve al redil con una porquería gordísima y yo le tengo que hacer de enfermera en sus últimos momentos, igual que tú, pero por motivos muy diferentes, que el pobre Aleix no tuvo tiempo de convertirse en un crápula como Antonio... Aunque, nunca se puede asegurar... Las tumbas entierran muchos secretos también, y, mira, te voy a confesar algo que he callado siempre... El día que les conocimos, luego, al llevarme Aleix a casa, me pidió para salir, ¿qué te parece, a que no lo hubieras pensado en la vida?... Como ya está más que comprobado, le dije que no, era tan guapo entonces Antonio con su aire a lo Louis Jourdan en CARTA DE UNA DESCONOCIDA y Aleix tiraba más a Alberto Sordi, sino en lo físico, sí en lo dicharachero. ¡Anda que sí llego a saber la faena que me iba ha hacer Antonio en el futuro, no hubiera sido tan imbécil y atrapo a Aleix, que otro gallo me cantara! Perdona por la sinceridad, pero es que ahora lo veo así.

            No se me ocurre que más poner en el papel. Por favor, escríbeme, dime algo, que todo se arreglará, que soy tonta de remate, que piense que vendrán tiempos mejores, que Antonio no se ha cansado de mí, que simplemente le ha entrado el Alzheimer de golpe, cualquier cosa, lo que sea, pero escríbeme, por favor.

Charo.

Sigue...

 

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