Queridísima
amiga:
Espero que al recibo de la presente te encontrarás bien de salud
porque hace mucho tiempo que no sabemos nada de ti, aparte de aquella
llamada telefónica tan horrible en la que nos contaste que el pobre
Aleix, que en paz descanse, se había muerto de golpe y por un fallo
del corazón, eso, y la nota que firmabas con tu hijo Francesc, en la
cual él nos agradecía las coronas que os enviamos por Interflora. ¿Reparaste
en las dedicatorias?, eran preciosas, ¿no?
Perder a un ser querido es muy triste, tengo la experiencia
de mis padres, ya sabes, pero ni punto de comparación un marido, con
la compañía que hacen y la de problemas que resuelven, ahora, que también
me imagino que si se te mueren cuando eres pequeño, los padres, quiero
decir, pues, vaya una faena, los niños huérfanos y todo eso. Si yo me
muriese hoy por mi Toñi no tendría que preocuparme, bueno, hasta cierto
punto, pero los gemelos, que pronto cumplirán 17 años y son un par de
comodones desordenados, vaya, no veas el panorama que se le iba a presentar
al infeliz de Antonio, tan serio, tan callado, tan responsable y tan
organizado. No sé como se las arreglaría con esas dos fieras en pleno
desarrollo, que aunque para mí sean unos críos, ellos se piensan todo
lo contrario. Dos mocosos dieciseisañeros con ínfulas de hombres de
mundo sólo porque estudian en un buen colegio, y aún tienen el cascarón
pegado al... como aquel que dice.
La verdad es que te ha caído una buena lotería encima, suerte
que Aleix se ganaba muy bien la vida con eso de ser director de banco
y, siendo prudente, te ha dejado con el riñón cubierto, (perdona por
lo del riñón, no lo he hecho intencionadamente, es lo que suele decirse.)
Si estás triste, que lo debes estar un montón, porque quedarse viuda
no creo que sea una bicoca, pues anímate mujer que es ley de vida y
los que estamos aquí debemos continuar y lo mejor posible, piensa que
ya nos llegará el turno, ya, que de eso nadie se escapa.
Me preocupa mucho tu silencio, de veras, y no quiero ni
pensar en que estés hecha una noche o amargada como un cenizo. Tú no
eres una mujer fuerte, como yo, que apechugo con todo lo que me echen.
Venirme a Londres sin conocer el idioma, dejando ahí a mis amigos, a
mis hermanos, fue todo un palo, créeme, claro que las circunstancias
empujan y una ha de endurecerse a la fuerza, que es lo que debes hacer
tú. Sal, dístraete, apúntate a excursiones, haz ganchillo que eso relaja
mucho, o ves a visitar pobres que es lo que hacen muchas señoras de
posibles, o si no inscríbete en algún club para personas mayores. Este
año cumples 49, ¿no? Pues a vivir chica, que son dos días y hay que
aprovecharlos, yo he cumplido ya los 47 y a marcha no hay quien me gane,
piensa que me he metido en el bolsillo a todas las gentes del barrio
de lo popular que soy.
“-Mistress Pérez –me han preguntado más de una vez-, ¿es
usted pariente de Carmen?”
Y yo que no, que no, y me río siempre; ¿me imaginas
de mujer fatal?
¿Sabes que me viene a la memoria en este preciso instante?,
cuando Aleix y tú os casasteis y os vinisteis a Inglaterra de viaje
de novios. ¡Cómo te envidiaba entonces! Tú sabías el inglés y le hiciste
de interprete a Aleix y nos enseñasteis las fotos y recibimos las postales,
y yo pensaba: “¡Huy, un país del extranjero, que lejos y que extraño!”,
y después, mira por donde, estoy residiendo aquí. Antonio y yo nos casamos
dos años más tarde, ¿te acuerdas?, y nos fuimos a Palma de Mallorca,
la vaca no daba para otra cosa, y anda que no llegamos a pasar hambre
ni nada en el hotel porque la comida era una porquería, mucha playa
a 15 metros, mucho lujo, mucho cubierto plateado, mucha pata de jamón
con adornos de papel rizado, mucho self service, y teníamos que irnos
a restaurantes de media capa, no estábamos sobrados de pasta precisamente,
si queríamos comer algo más decente, y luego las excursiones organizadas
por el hotel con aquellos picnic. Así los llamaban ellos, preparados
dentro de bolsas de papel encerado y que te contagiaban la anorexia
en cuanto les echabas la vista encima. Te aseguro que si me volviera
a casar no me iría a Mallorca de Luna de Miel.
Y hablando de bodas, ¿sabes que en un concurso que hacen
en la tele, la inglesa por supuesto, un africano que era camarero, luego
resultó ser un príncipe destronado, ha conseguido pareja y premio? Ya
conoces como funciona, escriben, los seleccionan salen tres chicas,
o tres chicos, depende, él o ella eligen y ya está. Tele-5 presentaba
algo por el estilo hace unos años, lo sé porque fue la amiga de una
sobrina mía y ganó también. Me ha hecho gracia que el camarero fuese
un príncipe, como la Cenicienta pero al revés, ¿no es divertido? Cuando
menos te lo piensas salta la liebre, y ¿quién sabe?, igual tú te casas
otra vez, que nunca se puede decir “de esta agua no beberé”, porque
todavía estás de buen ver, un poco delgaducha, pero...
Escucha, escucha, ¿a que no te imaginas lo que se le ocurrió
a Antonio el otro día, recién que nos enteramos de lo de tu marido?,
ni más ni menos que debías venirte a vivir aquí, como lo oyes, a Londres,
a vivir y a trabajar, porque él es muy práctico. Yo le dije que desvariaba,
que tú no necesitas empleo, Aleix lo arregló todo para que no te faltara
de nada si el pobre se moría antes, pero Antonio, tozudo, que no, que
debías distraerte trabajando... Como para él en la vida no existe otra
cosa mejor que trabajar y trabajar... Y no es que me queje pero en ocasiones
me gustaría que fuese un poco gandul, porque hasta hay week ends que
se va a la oficina a adelantar los asuntos. Yo me enfado, pero no tiene
arreglo. Bueno, a lo que iba, que Antonio opinaba que si trabajases
en la misma empresa donde está él, te ibas a distraer mucho y que ahuyentarías
las penas. ¡Mi marido es imbécil si supone que la añoranza se evapora
en una oficina y sobre todo en una tan aburrida como es la suya por
más que traten con vinos!... Igual el día menos pensado te llama por
teléfono y te explica su genial idea. Un consejo, no le hagas ni pizca
de caso. Los hombres nunca piensan igual que las mujeres y desde luego
nos entienden muy poco. ¿Te conté que por mi cumpleaños, en lugar de
regalarme un bolso de piel por el que andaba loca perdida, va y me compra
un libro de cocina en inglés? Es que lo hubiese matado, con lo que se
me atraganta a mí este dichoso idioma, y, toma, si no quieres caldo...
Oye, de invitarte a venir a Londres, ni hablar, te haces
la desentendida, ¿eh?, sería una bobada muy grande, tu lugar se encuentra
en España, en tu piso de Barcelona, y tienes un hijo que a ver cuando
se casa por fin y deja de ir por el mundo como el Correcaminos, que
en cualquier momento pueden pegarle un tiro en el Zaire o en Oriente
Medio y entonces si que te quedarías más sola que una mona, aunque,
claro, si sólo desapareciera podríamos consultar con Madame Leontyne,
una vidente muy famosa que se ha establecido aquí, me parece que es
de origen griego, y que lo sabe todo, ¡con decirte que adivinó mucho
antes de que nadie se lo imaginara que Richard Gere y Cindy Crawford
se divorciarían!
Mira, y volviendo a lo de tu hijo, que se busque una buena
chica y te convierta en abuela como ha hecho mi Toñi conmigo. De todas
formas no siempre se acierta, porque en la otra cara de la moneda se
esconde la nuera que te podría haber tocado en suerte, como a mí me
ha correspondido un yerno de tómbola. Te voy a contar algo que me runrunea
por dentro hace semanas: me ha entrado la manía de que ese cabeza hueca
de Breandán quiere irse a vivir a Irlanda con mi hija y el bebé, (de
veras, no me sale el llamarle con ese nombrecito de película de indios,
¡y está de monísimo si lo vieras, para comérselo!) Bueno, sólo de pensarlo
se me ponen los pelos de punta. Se lo conté a Antonio y me respondió
que deliraba, pero yo erre que erre, que las mujeres tenemos una intuición
de la que los hombres carecen, y presiento que el día menos pensado
mi querido yerno nos va a dar el gran disgusto, y como la novelera de
Toñi está lela por él...
En fin, chica, que la vida, la mires por donde la mires,
es un asquito.
Venga escríbeme, que me tienes preocupada. Ya, ya lo sé,
tú puedes replicarme con toda razón, ¿y por qué Charo no me llama por
teléfono si tanto sufre por mí?... La respuesta es de lo más sencilla,
si te llamo y te me pones a llorar me da algo, que últimamente y con
eso de los trastornos de la pre menopausia, me deprimo enseguida y lo
paso fatal. Me comprendes, ¿verdad?, como tú ya has pasado por lo mismo
hace tiempo.
Antes de que se me vaya de la cabeza, la otra noche dieron
por la tele RUFUFÚ, con Mastroianni y Gassman, lo que llegué a reírme.
Es una pena que hoy en día no hagan películas tan divertidas como aquellas.
Recibe un abrazo y muchos besos míos y recuerdos de mi familia.
Quiero tener pronto noticias tuyas.
Charo.