CARTA DE ANTONIO 

 

_____________________________Londres, Febrero, 22, 1997______

 

Exportadora vitivinÍcola española s.a.
...Street, 12.
London. ENGLAND.


            Querida amiga:

                                               En primer lugar perdona que te escriba desde la oficina en vez de hacerlo en casa como sería normal, lo advierto por lo del membrete, pero es que en casa no es tan sencillo redactar una carta como esta con Charo y los gemelos discutiendo siempre. Ya sé que cuando llamaste ayer para notificarnos la triste nueva, tanto mi esposa, y después yo, nos pusimos al teléfono quedando sorprendidos dolorosamente ante lo que nos decías y te trasmitimos nuestro más sentido pésame.

            Pobre Aleix, ¿quién iba a pensar que en un momento, sin esperarlo nadie, le fallase el corazón y pasara a mejor vida? Máxime cuando lo que padecía era una enfermedad renal. Sinceramente, no sé de qué manera expresarte la tristeza tan profunda que experimenté al saber que Aleix se había ido para siempre. Aleix con su jovialidad, su campechanía... Era mi mejor amigo, el único merecedor de ese título, de verdad, y tú lo sabes muy bien ya que no lo digo por cumplir. Recordarás que nos conocimos haciendo la mili y que simpatizamos inmediatamente. El era un chico con estudios y de excelente posición social, yo en cambio hijo de emigrantes, al que, por desgracia para ellos, sólo se le daban los idiomas en un medio poco propicio. Mi padre, obrero de la construcción, no entendía de qué me iba a servir hablar el inglés, el francés o el alemán, pero, hombre sencillo, le deslumbraba el que su hijo pudiera entender aquellos idiomas tan difíciles y hablarlos con soltura. Y yo, si quieres que te sea sincero, tampoco veía muy claro un porvenir al que ese don de lenguas no te facilitaba de inmediato un buen trabajo ya que siempre exigían algo más, aparte de tus conocimientos lingüísticos, y fue tu marido, precisamente, el que me dio ánimos cuando más necesitado estaba de ellos y el que demostró con su conducta, frente a muchos compañeros, que si bien mi status social era inferior y mi instrucción incompleta, ello no era obstáculo que impidiese nuestra amistad. Más adelante, y gracias a Aleix también pude entrar en la empresa exportadora de vinos, en cuya sucursal en Londres presto mis servicios desde hace 15 años.

            Tú dirás, bueno todo eso ya lo sé, ¿y a qué viene ahora? Pues eso viene porque a Aleix se lo debo casi todo y no pienso olvidarlo nunca. Aleix me ayudó a superar muchos complejos, me procuró trabajo, e incluso, por mediación de Aleix os conocí a vosotras, a Charo que era como una de esas maggiorate italianas, en la línea de la Pampanini, de Sandra Milo, felliniana, en una palabra, y a ti, frágil y delicada, igual que Audrey Hepburn.

            No sé si te acuerdas aún de aquella tarde. Recién habíamos terminado el servicio militar y una prima de Aleix se ofreció en presentarle a unas amigas suyas, “muy monas y muy simpáticas”. Quedamos los cinco a la entrada del cine Montecarlo y los únicos que arribasteis puntuales fuisteis Aleix y tú, Charo vino después, yo más tarde y la prima de Aleix la última. Muchas veces me he preguntado que hubiese sido de nuestras vidas si los dos primeros en encontrarse llegamos a ser tú y yo. Me caíste bien en cuanto te vi, eras igual que yo, discreta, tímida, mientras que Charo y Aleix, el reverso de la moneda, extrovertidos y parlanchines, se erigieron inmediatamente en el alma del grupo, de la prima ya ni me acuerdo. Así se inició todo. Entramos en el cine y tú y Charo os sentasteis entre Aleix y yo, arreglándoselas Charo para tenerme a su lado.

            ¿Sabes cual era la película que hacían? Es curioso, se trataba de un film de Marcello Mastroianni, un estreno, yo no lo he olvidado a pesar del tiempo transcurrido. Pero, fíjate como funciona mi memoria, sólo recuerdo que en la película salía Mastroianni, no de qué iba y ni tan siquiera el título, porque si te dijera uno seguro que me equivocaría, hemos visto tantas después y juntos los cuatro... Al salir marchamos a una de esas granjas de la calle Petrixol y de la granja se puede decir que ya salimos emparejados. Charo me acaparó a mí y Aleix te conquistó a ti para siempre.

            Disculpa la explosión sentimental, pero estos recuerdos son los únicos que me vienen ahora a la mente hablando de tu marido. Me doy cuenta de que con ellos te hago daño porque no resulta oportuno volver a aquellos tiempos en los que éramos jóvenes y todo comenzaba. Lamentablemente, no se me ocurre otra cosa, es como si, al evocar a Aleix, éste continuara aún entre nosotros. Perdóname, nunca se me han dado bien las cartas de pésame.

            ¿Qué vas ha hacer ahora, qué planes tienes? Con tu hijo siempre fuera, la casa se te va a caer encima, a ti que eres una mujer muy activa y no de las que se pasan el día mirando la televisión o cotilleando con las vecinas.

            Quiero que sepas, y lo digo de corazón, que si algo necesitas, lo que sea oye, no vaciles en pedírmelo, que la distancia no es obstáculo cuando existe la amistad. Si te deprimes, si te añoras, vente a Londres, cambia de vida. No ignoras que merced el cargo que ocupo puedo incluso meterte en la empresa, pues no olvido que antes de casarte trabajabas en una agencia de viajes, dominando el inglés estupendamente. Bien sé que me puedes objetar que no se trata de dinero, claro que no, se trata de que la soledad no te destruya como a tantas mujeres en tu misma situación. Siempre fuiste muy sensible, muy dulce y no puedo hacerme a la idea de imaginarte dando vueltas por las habitaciones del piso que durante tantos años compartisteis Aleix y tú; me duele en el alma.

            Ven a Londres, por favor. Si lo deseas será un cambio de aires durante una temporada, pero yo creo que lo necesitas, luego, Dios dirá. Mi secretaria se jubila dentro de un mes y se va a vivir a una casita que tiene en Hampshire, piénsalo, podrías ocupar su piso, es muy céntrico.

            Hazme caso, ven.

            Antes de concluir tengo que pedirte un pequeño favor. No le comentes a Charo que te he escrito, no pienso decírselo. Se enfadó bastante conmigo cuando me pescó in fraganti leyendo tu famosa carta en la que mencionabas a Marcello Mastroianni uniéndolo a los días de vuestra adolescencia. No pensé en ese momento que cometía falta alguna. Era tu letra y resultaba inusual el que Charo, tan ordenada, la dejase tirada en su cesto de labor, así que la cogí y la leí.

            ¿Por qué imaginabas que me iba a reír si lo hacía?, ¿realmente pensabas eso?, entonces es que me conoces muy poco o ya has olvidado como soy.

            Puedes escribirme a la dirección del membrete, poniendo aquello de: “A la atención...”, y no te quepa la menor duda de que me la entregarán.

                       Quedo a la espera de tus noticias, no me decepciones.

Un abrazo,

______________________________________________________Antonio

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