CARTA DE CHARO 

 

____________________________________________________Londres, Enero, 31.1997

 

            Querida amiga:

                                               ¿A que no te imaginas el notición que te voy a dar?, segurísimo que no...¡Pues que mi Toñi ha tenido el niño! Recordarás que lo esperaba para finales de Febrero y, de repente, el parto se adelantó y el niño vino con un mes de antelación. Se ve que el ginecólogo se hizo un lío por aquello de que Toñi tuvo dos abortos seguidos, ya sabes. Y lo mal que lo ha pasado la pobre en este embarazo, echada todo el santo día en la cama sin moverse, pero al final lo ha conseguido, porque a la tercera va la vencida, ¿no te parece? El bebé es monísimo, gordito como una bola de manteca, 4 kilos y 352 gramos, (cesárea, of course), ojos verdes, pelirrojo y ha sacado las manos de Antonio y mi nariz. Ya puedes suponer lo contentos que estamos con nuestro primer nieto, lo único que nos amarga la alegría es el nombrecito que el marido de Toñi, ese irlandés medio tocado del ala, ha decidido ponerle a la criatura. ¿Querrás creer que pretende llamarle Jerónimo como aquel jefe indio tan famoso sólo porque luchó contra los yankees a degüello? Breandán dice, dice tantas cosas, que el tal Jerónimo era un héroe y un ejemplo a seguir, y a mí, cuando le oigo hablar de esta manera, te lo juro, me entran escalofríos y me pongo enferma. Por otro lado, no es que tenga nada que replicar acerca del nombre, sin ir más lejos, un tío abuelo mío se llamaba Gerónimo, pero, claro, no iba haciendo el indio por ahí, ni mucho menos, en fin, que a mal tiempo buena cara, después de todo mi Toñi siempre puede llegar a divorciarse. Sí, sí, nunca me ha gustado lo del divorcio, pero, bueno, hay casos y casos. Tú me entiendes.

            Ojalá mi nieto hubiera nacido cuando hubo la racha de hijos de famosos, la niña de Banderas, la de Rosario, la de Rociíto, la de Madonna, la de la Otero, el nieto de la Dúrcal, vaya todos, ¡menuda hornada! Leí en una de esas revistas españolas a las que estoy suscrita, que un astrólogo predijo que estos niños habían nacido con muy buena estrella y que en el futuro serían ricos y famosos lo mismo que sus padres. ¡Cómo se ve que mi Toñi y Breandán no son ni lo uno ni lo otro para que a su hijo le corresponda un pedazo de la tarta! Lástima que no naciera por esas fechas, sino, quién sabe, igual también... Claro que a mí me parece que los pobres, por no tener, no tenemos ni horóscopo, ya que aún siendo del signo idéntico, siempre es al vecino a quien le toca la lotería.

            Y hablando del mundo del espectáculo, naturalmente que supe de la muerte de Marcello Mastroianni. ¿Qué pena, verdad? Aunque bien mirado, no creo que tengamos que tomárnoslo tan a pecho, después de todo ese señor vivió a lo grande, hizo películas, ganó mucho dinero, se lió con la de BONNIE AND CLYDE y con la Deneuve, estando casado, el muy picarón. En una palabra, que tuvo una vida de cine, luego, claro, se ha muerto como todo el mundo. Lo mismo que tú y yo nos moriremos algún día y a nosotras nos enterrarán y no se va a enterar nadie más aparte de los cuatro gatos que nos conocen. Es triste pero muy cierto, desengáñate. Ahora que tú, vaya fantasía que tienes, chica. Mira que pensar todo lo que me has escrito y además asociando a Mastroianni con aquella época tan horrorosa que tuvimos en la adolescencia, yo redonda como un balón y tú que parecías una escoba. A mí me llamaban, lo debes recordar, “cerdi” y “cara de cráter” porque el acné me la destrozaba, y no pocas lloreras que me costó el oírme nombrar así en boca de los chicos de la pandilla, ¡menudo hatajo de desgraciados!

            La verdad, al enterarme de que se había muerto Mastroianni, no se me pasó por la cabeza nada de lo que tú escribes, y, desde luego, si se me hubiera ocurrido algo, te aseguro que no habría tenido ni pizca que ver con aquellos años, ya ves que te hablo sin tapujos. Sólo pensé: “¡Otro del cine que se va!” Y se me borró de la memoria. Claro que yo tengo una vida muy movida, que si los embarazos de Toñi, que si los estudios de los gemelos, ¡vaya par de mantas!, que si las reuniones con los amigos de la colonia española, ¿te conté que formábamos una peña la mar de divertida?, tú, en cambio, con ese marido tuyo enfermo del riñón y la dichosa diálisis, y luego tu hijo periodista,(fue una desgracia que no pudierais tener más),que siempre está haciendo reportajes de guerra en países dónde Cristo perdió el gorro, pues que no es lo mismo, digo yo. Debes de estar más aburrida que una ostra y te da por rumiar ñoñerías, y que conste que no lo digo en plan de crítica, líbreme Dios, porque ya sabes que te aprecio como a una hermana, y desde niñas, siempre estuvimos muy unidas, pero lo veo así.

            Oye, que no quiero que pienses que soy una desalmada, ¿eh?, que el hecho de que no me haya tomado como tú la muerte de Mastroianni, no significa que no tenga mi corazoncito. Por ejemplo, cuando se mató el infeliz del Estefano, el marido de Carolina de Mónaco, me hizo mucha impresión, 29 años y muerto de aquella forma tan mema, y ahora ella con el pelo rapado y un pañuelo en la cabeza que parece que esté tiñosa, o algo por el estilo, pues me digo: Una princesa tan guapa y elegante y a lo mejor tiene un cáncer como una casa y se le cae el pelo por eso, por la quimio. Y me pongo triste de veras porque me doy cuenta de que no somos nadie.

            Ahora otra cosa y acabo corriendo porque he de hacer la cena. Vas a tener que perdonarme. Tu carta la leyó Antonio y te prometo que no lo hice a propósito. La dejé olvidada en el cesto de labor y va mi marido, el muy cotilla, y se pone a fisgonearla sin que yo me diera cuenta, y luego, cuando le descubro leyéndola con una cara muy rara, va y me suelta, antes de que yo dijese nada: “No es una mujer corriente”, y me dejó de una pieza, te lo juro, porque el que decía aquello no era el Antonio que yo conozco, y, ¿sabes que, de repente, me entraron celos? Pues sí, celos, y llegué a pensar en un arrebato: “¡A ver si en mi propia casa tengo un Camillagate, y yo sin enterarme!”

            De acuerdo, ya sé que fue una estupidez muy grande tan sólo el sospecharlo y te pido disculpas, pero salió así, como un estallido, luego me arrepentí de haberlo pensado y después lo olvidé. Si te lo cuento es porque yo soy muy sincera y no me lo puedo callar, ya me conoces, y como te quiero tenía que decírtelo, que entre nosotras nunca ha habido secretos ni malos entendidos y yo estoy muy segura de mi Antonio y también de ti, además, hace 15 años que vivimos en Inglaterra, ¿o no?

            Venga, pelillos a la mar, escríbeme pronto, dale recuerdos a tu marido y tú recibe muchos, muchos besos de ésta que lo es, tu amiga

                                                                       Charo

Sigue...

 

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