| CARTA A Mrs. CLARENCE THOMSON | |||
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Querida hermana: Espero que tú, los niños y Clarence, estéis bien al recibo de la presente. De padre, madre y los otros, nuestros hermanos y sus familias, no me interesa saber nada, como a ellos tampoco les interesa saber nada de mí. Hace un mes que hablamos por teléfono y ésta es la segunda carta que te escribo desde que estoy aquí, pronto hará un año. No me gusta hablar por teléfono estando tan lejos, ya lo sabes, me pongo nerviosa, me corto, no sé que decir, pero escribirte es aún peor, es demasiado complicado, no poner las letras, eso no, escribir y contar las cosas. El viejo dice que no me apure, que él escribirá los borradores si yo se lo pido, pero no quiero. Mis cartas son mías mal escritas y todo, y luego están mis secretos. No, no te asustes, nada va mal, al contrario...Bueno, no lo sé Continúa sin haber noticias de Derek, ¿verdad? Me lo decía el corazón, siempre me lo dice el corazón. Cuando hablo contigo y antes de preguntártelo sé la respuesta que me vas a dar. Que nadie sabe nada. Si Derek y Clarence no hubieran sido amigos, y después de lo que pasó entre Derek y yo... Tú me has jurado que Clarence ya no está enfadado conmigo, eso lo dice mi hermana, pero Clarence no se pone al teléfono para hablarme, no ha perdonado a Derek, no me ha perdonado a mí. Ni siquiera cuando yo vivía con vosotros, pero entonces disimulaba. Es tan triste no saber nada, es como si Derek ya no estuviese en el mundo de los vivos, es menos que una sombra. Sólo me queda el consuelo de saber que su barco no ha naufragado. Derek estará navegando de un país a otro, como siempre. Puede que hasta haya cambiado de barco o esté en tierra firme. Él deseaba vivir en el Canadá algún día. Muchas veces bajo al puerto con la esperanza de ver su barco anclado. Una vez me presentó al cocinero, Pat O´Neill es su nombre, ya lo sabes, y si lo viera, podría preguntarle. Hay momentos en los que creo que me volveré loca sino dejo de pensar en Derek, pero si no pienso en Derek estoy muerta. En Londres era más fácil, él podía aparecer de pronto saliendo de cualquier calle... Pero nunca lo hizo después de marcharse. Aquella vez me dijiste que no pensara más en todo eso, que Derek se había ido, me había dejado, que yo no le importaba y yo te abofeteé y me fui corriendo de tu casa, iba ciega de dolor y me caí por las escaleras y aborté, ya lo sabes, perdí al hijo de Derek, y mi marido, el muy necio, consolándome en el hospital, tendremos más hijos, querida... Yo fingía dormir para no contestarle. Luego pasaron los meses y Derek seguía mudo, no estaba, como antes de que yo le conociera... Fue terrible, ya lo sabes, y lo es todavía, porque él está dentro de mí, en mi pensamiento, en mi sangre, y, de haber nacido, en nuestro hijo. No podía hacerlo con mi marido. Él se consolaba creyendo que era sólo una depresión algo larga, pero que se terminaría alguna vez, y yo no les toleraba ni a Johnnie ni a él. Llegué a aborrecer a mi propio hijo de dos años, ya lo sabes... Pensaba cuando le miraba, tu hermanito hubiese sido mejor que tú, más listo, más fuerte, más guapo... El hijo de Derek. Mi hijo. Mi único hijo. Y aquella noche que John llegó muy bebido en contra de sus costumbres, me dije, lo ha hecho para darse valor, si no no habría bebido tanto, y no quise, y él se enfureció y me gritó que si yo era su mujer tenía esa obligación, que bastante había esperado, que él quería tener un tercer hijo. Un tercer hijo... Me eché a reír en su cara. Pero ya lo sabes todo. Le dije que el aborto no era suyo y entonces él me pegó y me pegó y me pegó... No le guardo rencor, John no es malo y estaba borracho. Mejor que todo haya acabado así y que tenga él a Johnnie, serán más felices sin mí, y su madre también. Ella nunca aceptó con buenos ojos a una anglo-hindú como nuera. Y yo sin ellos, mientras aguardo a que vuelva Derek. El viejo me trata bien, pero es muy aburrido. Creo que en el fondo la bruja de su esposa tenía razón, sólo sirve para trabajar. El trabajo es su única pasión, y soñar despierto. Desde que estamos en la isla no para de hablarme de esa mujer que fue el gran amor de su vida cuando él era joven. Algo ya me había contado con medias palabras las tardes que yo limpiaba en la VITIVINÍCOLA, pero yo me decía, ya lo sabes, que me hablaba de la otra para estimularme, pincharme, y no era por eso. Hablaba porque la tenía en la cabeza a todas horas, igual que yo a Derek. Pero yo me había quedado preñada de Derek y el viejo se casó y preñó sólo a la gorda de su mujer y en otros tiempos, cuando no parecía una bola de grasa todo tetas y culo. De joven estaba mejor, pero siempre fue rolliza. En su casa de Londres tenían fotos en marcos por encima de algunos muebles, y en una de ellas aparecían los cuatro, la bruja gorda y su marido y la otra y el suyo, cuando eran novios todos. Una mañana, mientras les quitaba el polvo yo, me chismorreó que la delgada de la foto era esa amiga que se había quedado viuda recientemente y añadió, suerte que no vive en tu tierra que sino la queman en la hoguera con el difunto. La gorda la odiaba y no lo podía disimular. Recuerdo que una vez hasta me habló mal del hijo de la otra diciéndome, ese, mucho periodismo, poca novia y muchos compañeros, a ver si al final, les habrá salido rana. La otra era alta y delicada y tenía unos ojos muy grandes, ella me remarcó que si no fuera por la nariz, la mía, incluso nos pareceríamos. Esa bruja intolerable tiene el don de saber molestar a la gente con sus comentarios. Un día le pregunté que por qué se escribía con ella si no le caía bien y me respondió que de esa manera la controlaba. Me quedé sin entenderla y ha sido luego cuando he comprendido. Ella estaba celosa y tenía miedo de que su marido se enredase con la amiga al quedarse ésta viuda, porque ella debía sospechar que el viejo la amaba en silencio. Él la perdió por timidez y nunca tendrá demasiadas lágrimas para lamentarlo. Es una historia antigua y extraña. He nacido en Londres pero no entiendo a los occidentales, no los entenderé nunca, porque hay más, la bruja le ha pedido el divorcio, no por venganza sino porque se va a casar con otro. ¿Cómo puede un hombre, cualquier hombre, amar a una mujer tan desagradable, mandona y parlanchina? No me lo acabo de creer y es verdad, porque, además, se trata de un buen partido, el dueño de un pub del barrio. Es injusto, la bruja gorda es una de esas mujeres que han nacido para ganar siempre. El viejo, que se emborrachó de alegría al recibir la noticia, quedándose luego profundamente dormido, lo ha dejado todo en manos de un abogado que hay aquí especializado en divorcios, y está contentísimo de verse por fin libre de ella, legalmente al menos, y continúa escribiéndose con la otra y soñando. Él es feliz de esta manera pero estoy segura de que jamás llegarán a ningún arreglo entre los dos. Él se pasa las semanas suspirando porque ella venga a Isla Mauricio de vacaciones, y me dice, ahora está muy ocupada con un negocio de imprenta que ha cogido, pero en cuanto pueda de cierto que viene y ya verás lo agradable que es y lo amable y lo dulce, y yo sonrío distraída porque sé que esa relación no es más que una fantasía, otro de los sueños del viejo, como cuando la vio casualmente en París el año pasado y vino diciendo que estaba tan joven y tan bonita, lo mismo que hace 30 años, y eso no puede ser. Siempre habla de su sonrisa, de lo maravillosa que es. A mí, en el fondo me da pena. Nos ocurre igual a los dos, yo espero a Derek y él la espera a ella y él y yo sabemos dentro de nuestros corazones, que ellos no volverán. Mi vida continúa como el primer día que llegamos. No sé por qué marché de Londres si nada ha cambiado. La diferencia es que hoy únicamente me ocupo de mi casa, nunca había tenido tantas habitaciones para mi sola, y no hay ninguna señora que me de órdenes, porque yo soy la señora ahora. Pero los días se hacen demasiado largos. ¿Sabes?, me compré un pajarito en el mercado. No canta aunque tiene un plumaje muy alegre y siempre está dando saltos. En las horas vacías, a solas, le habló de Derek y él me escucha muy atento, con la cabecita ladeada. ¿Adivinas que nombre le he puesto? Cuando llega el viejo, se sirve él mismo una bebida y se sienta en la veranda a mirar la noche como si contara las estrellas una a una. Suerte que el hotel es modesto y los turistas no dan preocupaciones, además está el conserje y de haber problemas avisaría por teléfono. Todo es tranquilo, el mar, las playas blancas, los palmerales... Tú ya sabes que entre el viejo y yo no hay absolutamente nada, no, nada, ni ahora siquiera. No he olvidado lo que me advertiste al irme, que no me fiara de las garantías, que al final se metería en mi cama. Pues te equivocaste, parece que los ardores se le congelaron hace muchos años, y no me extraña. Cuando era joven era guapo, no como Derek, pero era muy guapo, lo he visto en las fotografías. Hoy el pobre no está para despertar amores. Es una buena persona y yo le aprecio, nunca exige ni manda y si me ve triste y con la mirada perdida se le llenan los ojos de lágrimas porque cree que pienso en mi hijo y le añoro. Sigue sin saber lo de Derek, no porque él no lo pueda entender, sino porque la historia es mía y lo único que me queda de aquellos días. A veces me da en imaginar que pasaría si le dijese que me voy y le dejo porque aunque él me dice a menudo que ojalá encuentre un hombre honrado y rehaga mi vida, no creo que en el momento le gustase. Se ha acostumbrado demasiado a mí. Y te escribo porque no se si ese momento ha llegado, pero nunca ni como lo pensé yo, ni como lo pensó el viejo, ni como lo pensaste tú. El otro día paseaba por el puerto y no me sorprendió encontrar peliculeros que estaban filmando por allí. Es bastante normal que vengan del cine o de televisiones extranjeras para hacer reportajes o films. Esta es una productora italiana en asociación con otras europeas y están rodando una serie basada en un best-séller del que todos hemos oído hablar, LE LLAMABAN Mr. KONRAD, que en la tele se titulará, TRÓPICO. Al protagonista en su juventud, lo interpreta un chico, un actor desconocido, al que le llaman el nuevo Mastroianni porque se le parece, según dicen, no sé. Yo caminaba y no me di cuenta hasta que se me acercó un hombre y me dijo que me habían filmado entre la gente y que si tenía la amabilidad de repetir las tomas mías porque daba muy bien en cámara. Yo pensé que se trataba de uno de esos ligones que se te acercan para ver que sacan y me quedé muy asombrada al comprobar que era verdad y que no me engañaba. Les dije que sí, no hacía nada malo, y repitieron, luego me dieron una tarjeta diciéndome que pagarían mi trabajo al final de la semana, que era cuando entregaban el salario a los extras, pero que no estaría de más que hablara con ellos antes porque me encontraban muy fotogénica y que tal vez me pudiesen dar un papel pequeñito en la teleserie. Les aseguré que no era aspirante a actriz ni estaba por allí a la espera de una oportunidad, pero a ellos no pareció importarles gran cosa. Nos vimos y me contrataron de figurante sin diálogo. Lo único que he tenido que hacer es pasearme o fingir que vendía baratijas en una tienda. Lo que me sorprende es que todos estén tan entusiasmados con una actuación que para mí no significa nada. Ellos me han dicho que me pueden alargar el papel y darme diálogo si quiero y no sé que hacer. Todavía no se lo he contado al viejo. No creo que se enfade, pero no me atrevo a decírselo. ¿Tú que harías si estuvieses en mi lugar? A veces pienso que si me hiciera famosa Derek me vería en la tele y vendría a por mí, y otras, el que quizás no le importase nada. Tengo que reflexionar, el decírselo al viejo y lo otro. La vida no deja de ser difícil siempre. Puede que todo se quede en nada, puede que no sea importante. Tal vez es mi karma, nunca llegar al final de las cosas. Ya he acabado de reunir el dinero que necesitabas para arreglarte la boca gracias a que el viejo ha aumentado la asignación que me entrega mensualmente para mis gastos personales, ya sabes que es muy generoso, y con eso y con lo que he ganado en el rodaje, creo que tendrás lo suficiente, si no, llámame a cobro revertido como siempre. Tu hermana que no te olvida, _________________________________ Sonali-Beth |